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Antídoto contra el bullying

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 23/02/2017

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 23 de febrero de 2017

Una de las dificultades para detectar el bullying tiene que ver con el ocultamiento: generalmente ocurre en los rincones o pasillos de la escuela o del barrio, en espacios donde no existe autoridad alguna.

Su detección también suele verse obstaculizada por los propios efectos del bullying que no siempre son visibles, las estrategias utilizadas por el acosador, la presencia insuficiente en la vida de los niños y de las niñas por parte de los padres y maestros, así como con el desconocimiento de los indicadores de bullying por parte de estos.

La víctima suele estar obligada a callar por temor a mayores represalias. Razón por la cual suele vivir en soledad las consecuencias de ser objeto de burla, crítica, exclusión o agresión de cualquier tipo. Para sobrevivir recurre a métodos viables y posibles desde su rol, por ejemplo, evitar al acosador (y a sus seguidores), identificar escondites, regalarle sus pertenencias, tratar de agradarle, “hacerme su amigo para conocer sus puntos débiles” (me dijo un niño de nueve años)…

La víctima puede estar padeciendo bullying sin que ningún adulto se entere. Muchos padres sólo se enteran cuando los síntomas de la víctima se tornan descarados, intensos: pérdida de interés en el estudio, fracaso escolar, depresión, angustia, trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, trastornos emocionales, pensamientos suicidas…

De ahí la importancia de conocer los indicadores para detectar el problema con prontitud. Estos son algunos de ellos: comienzan a poner pretextos y diversos argumentos para no asistir a clases, ni participar en actividades de la escuela; repentinos cambios en asistencia y logros académicos; descenso en calidad del trabajo escolar; dificultad de concentración en el salón de clases; van al recreo tarde y regresan rápido; angustia, tensión y mucho miedo; pérdida de bienes materiales sin justificación alguna, o pedir más dinero para cubrir chantajes del agresor; moretones o agresiones evidentes en la cara y el cuerpo.

Como mencioné renglones arriba, la víctima puede terminar “hablando” con sus síntomas, pero el agresor no genera síntomas evidentes, de ahí que sus padres pueden tener mayor dificultad para detectar si en su casa tienen a un niño acosador.

Sin embargo, tal cosa no es imposible de detectar cuando se conocen algunos rasgos que suele presentar el acosador: suele ser un niño o adolescente con déficit de empatía, por lo que puede llegar a sentir placer de la incomodidad, dolor o miedo ajeno, se sienten con poder y control de los demás, es dominante y manipulador, popular y hasta envidiado por sus pares, físicamente más grande y fuerte que los demás del grupo, impulsivo, le encanta ganar en todo y odia perder a toda costa, tendencia a la violencia y a la belicosidad contra compañeros y adultos, usa medios y/o instrumentos violentos. Suele venir de una educación familiar permisiva, negligente o autoritaria, de familias cargadas de conflictos, los cuales ser resueltos por medios violentos.

La clave para la detección temprana de víctimas y victimarios está en la cercanía con ellos. Cuando los padres tienen un vínculo estrecho y cotidiano, pueden enterarse con precisión lo que su hijo está viviendo, ya sea porque este se los informa verbalmente o porque aquellos pueden observar sus conductas, actitudes, malestares o síntomas.

Lo interesante es que generalmente los niños con padres cercanos y bien tratantes son los menos candidatos al bullying (como acosador o acosado), y cuando esto llega a ocurrir, la cercanía paterna/materna, permite observarlo en su interacción cotidiana con las personas, con los animales y con las plantas (es decir, con los seres vivos en general) y de ahí inferir su proclividad hacia el acoso. O cuando comienza a ser acosado, la confianza tejida en la relación mantiene un canal abierto para la rápida denuncia; entonces estos padres pueden intervenir, pues no debemos olvidar que el desequilibrio de poder entre pares exige que una autoridad intervenga para restablecer el equilibrio.

Por todo lo anterior, el vínculo padres-hijo es el antídoto contra el bullying, un antídoto que no cuesta, y cuya construcción es altamente gozosa.

 

*Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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