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Lavaca
Jueves 2 de agosto de 2018
“Queremos que este 1º de agosto sea el punto de partida para la unidad en defensa de los derechos humanos por encima de cualquier diferencia partidaria”, dijo Sergio Maldonado frente a una Plaza de Mayo colmada a un año de la desaparición de su hermano Santiago. Una transversalidad de partidos políticos, movimientos y organismos de derechos humanos abrazó a la familia en el pedido de Verdad y Justicia. El cruce con el debate por el aborto y la sentencia de Daniel Solano. Qué significa este aniversario con la causa impune. Apuntes y testimonios para pensar la democracia en la calle. Nuestra crónica y reportaje fotográfico.
Los aplausos de una Plaza de Mayo colmada abrazan a Sergio Maldonado que, otra vez de pie frente a una multitud, recuerda que hace un año desaparecía su hermano Santiago. “Sin la perseverancia y la exigencia de los familiares en la calle, ninguna causa puede llegar a la verdad”, dice de frente a banderas y pañuelos verdes que potenciarán su discurso. “Queremos que este 1º de agosto sea el punto de partida para la unidad en defensa de los derechos humanos, por encima de cualquier diferencia partidaria”, sintetizó.

La respuesta es una ovación cerrada que demuestra que la condena social hacia el Estado argentino luego de la desaparición y muerte del joven de 28 años no cesó tras la aparición del cuerpo el 17 de octubre, sino que penetró en la sociedad bajo un reclamo de Verdad y Justicia que no se expresa sólo en palabras, sino en cuerpos en la calle.

Y eso, Sergio, también lo expresa: “Debemos soltar a Santiago, como ese ser libre que era. Debemos entender que Santiago no es sólo de nuestra familia. Santiago trascendió y atravesó corazones de todas y todos aquellos que lo sienten propio. Santiago, vos sos al único al que le voy a jurar lealtad y compromiso de lucha, hasta ver que los responsables sean juzgados. Mientras tanto tratá de descansar como puedas y como te dejen. Te respeto. Te quiero mucho. Y si este gobierno es indiferente, nosotros decimos: “Santiago es solidaridad”.
Abajo, en la plaza, miles de personas sintieron a Santiago como propio.
Una vez más.

La generación verde
A la Plaza ingresan banderas de La Poderosa, MST, PTS, Patria Grande, Poder Popular, Correpi, La Cámpora, MTR, Corriente Federal de los Trabajadores, Frente Milago Sala. Etcétera. No paran de llegar. Por Diagonal Sur. Por Rivadavia. Por Diagonal Norte. Por todos lados.
La Plaza se inunda de banderas de todos los colores y de jóvenes con pañuelos verdes color aborto legal, que no sólo comentan en la calle por el debate en el Senado que se vendrá el 8 de agosto sino, también, por los siete policías condenados a prisión perpetua por el homicidio de Daniel Solano, otro joven desaparecido en democracia. Sobre Hipólito Yrigoyen, y mientras empieza a sonar Las Manos de Filippi, hablan Karen (15), Carla (19) y María Ángeles (15). “Las nuevas generaciones toman muy en serio lo que pasó con Santiago. Sabemos que el Estado es responsable. Y que no puede pasar en democracia. Pero ahora vemos por primera vez todo lo que pasa con los militares. Ya sabemos que eso terminó mal”.

Por Rivadavia, Azul lleva en la mano una hamburguesa vegana y, en el cuello, el pañuelo verde. Lo espera a Octavio, que se perdió unos pasos más atrás entre las banderas de partidos y movimientos que no dejan de llenar la Plaza. Tienen 18 años. Dicen que vinieron porque es importante recordar. Porque hay que conmemorar a Santiago. Porque hay que salir. Y Azul encuentra las palabras justas: “Santiago representa lo que el Estado es capaz de hacer sobre las personas que luchan por sus derechos”.

La conciencia y la unidad
Verónica -49 años, psicóloga- y Diana -68 años, jubilada- caminan juntas por Diagonal sur. Verónica tiene una receta para los males de época: “La única forma de salir de esto es unirnos. Lo de Santiago fue el Estado, que tiene que hacerse cargo. Los culpables tienen que caer. Santiago no fue el primero, pero por él el pueblo tomó conciencia”.
Diana: “No creí que en nuestro país pudiera volver a pasar algo así. Y si no salimos a decir nada, si no nos mostramos y exigimos Justicia somos un pueblo vencido”.
Verónica aclara: “Veníamos de una recuperación de derechos, y hay nueva generaciones que pensaban que eso era natural. No, fue una conquista que llevó mucho tiempo, desde la vuelta de la democracia. A mi papá lo mató la Triple A en el ´74, en democracia. Tenemos que contextualizar siempre dónde estamos. E historizar, para no olvidar, y así poder seguir realmente diciendo Nunca Más”.

Lecciones de democracia en la calle
Sofía, Mailén y Rocío llegan a la Plaza cuando suenan los primeros acordes de la banda Los Espíritus sobre el escenario. Las tres llevan el pañuelo verde en la mochila. “Vine por es un escándalo que las fuerzas de seguridad por las que tiene que responder el Estado hayan actuado con ese nivel de violencia y hayan terminado con la vida de un pibe que militaba”, dice Rocío, 27 años, empleada admnistrativa. “Un año sin respuestas”, cierra.
Mailén, 27 años, docente de primaria, subraya que tienen casi la misma edad que Santiago. “Siento que nos podría haber pasado a cualquiera de nosotras. Siento que la impunidad judicial está muy presente. Siento que no puede ser que haya aparecido en el río y nadie haya dado respuestas. Es muy grave. Sabemos que son muchos los pibes que mueren en los barrios pobres, en las provincias. Y siento, también, que no podemos permitir que esto siga pasando porque se nos están riendo en la cara”.

Sofía, de 24, estudiante de trabajo social, menciona a los medios. “Es terrible cómo se protegió a la Gendarmería. Cómo ocultaron pruebas de todo. Cómo tratan a la víctima como victimaria, tal como hace el Estado. Y por eso estamos acá, para que se den cuenta que no nos relajamos. Que Santiago nos importa. Y que queremos justicia”.

– Desde sus pañuelos verdes que llegan de Congreso y a una semana de la masiva movilización contra los militares en seguridad interior, ¿cómo llega este año?
Rocío: Estamos en un momento complicado con lo que tiene que ver libertad de derechos. Hay una clara resistencia del Gobierno nacional sobre todo lo que tenga que ver con libertades individuales y en decidir de una manera distinta a los funcionarios de turno. Por eso es importante, más que nunca, salir a la calle. Encontrarse con gente que opina como uno, milites o no, pero para poder expresarte. No tener miedo. Pelear por lo que a uno le parece justo. Y el lugar para hacerlo es la calle. Si lo pensamos desde lo que está pasando en el Congreso, con los argumentos bochornosos que escuchamos todos los días, decimos: “Ya que tenemos estos mamarrachos como representantes, por lo menos vengamos nosotres y plantémonos. Digamos que esto es importante. Que nos importa. Que es para nuestra generación y, también, para la que viene”.

Mailén: La historia de nuestro país nos demuestra que la única forma de lograr cambios es saliendo a la calle y estar todos juntos y juntas. Si lo pensamos desde el feminismo, hoy estamos más juntas y organizadas que nunca, y dejamos un sello claro: nuestro lugar es acá, en la calle, y no tenemos que resignarnos por más que el Gobierno nos ponga trabas económicas, sociales y políticas. Nos están atacando de todos lados, pero nosotros somos más. Y tenemos que estar todos juntos, ahora más que nunca.
Sofía: Ya no nos callamos más. Decían: “Algo habrá hecho”. Lo volvimos a escuchar con Maldonado. Pero estamos unidos. Vamos a pelear. Ahora no nos calla nadie.







Fotos de portada e interiores: Nacho Yuchark / Lavaca.
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