SOMOSMASS99
Redacción / SomosMass99
Viernes 16 de agosto de 2019
Charles Bukowski, ese viejo indecente, hoy habría cumplido 99 años de edad. Nació alemán como Heinrich Karl Bukowski el 16 de agosto de 1920 y murió como Charles Bokowski y estadounidense el 9 de marzo de 1994 en San Pedro, California. Ahí vivió desde niño y aprendió de qué se trataba eso del american dream. Decía que «la civilización es una causa perdida; la política, una absurda mentira; el trabajo, un chiste cruel», y que «es increíble lo que un hombre tiene que llegar a hacer sólo para poder comer, dormir y vestirse». Del alcohol, escribió que «ese es el problema con la bebida, pensé, mientras me servía un trago. Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que pase algo». Sobre alguna mujer, que «ella era un alma más o menos buena, pero el mundo está lleno de almas más o menos buenas y mira donde estamos». En cuanto al corazón, que «ningún dolor significa el fin del sentimiento; cada una de nuestras alegrías es un trato con el demonio». Y si vamos por esos rumbos, que «cuando el amor se convierte en una orden, el odio puede convertirse en un placer».

Por eso, a propósito del amor o la falta de, nuestro viejo indecente e imprescindible nos dejó esto:
Cálidas nalgas
Este viernes por la noche.
Las muchachas mejicanas en el carnaval católico
parecen muy buenas;
sus maridos andan en los bares,
y las muchachas mejicanas lucen jóvenes,
nariz aguileña con ojos crueles y fuertes,
cálidas nalgas en apretados bluyines;
han sido agarradas de algún modo.
Sus maridos andan cansados de esos culos calientes,
y las muchachas mejicanas caminan con sus hijos,
existe una tristeza real en sus ojazos
como si recordaran noches cuando sus bien parecidos hombres-
les dijeron tantas cosas bellas,
cosas bellas que nunca escucharán de nuevo.
Y bajo la luna y en los relampagueos de las
luces del carnaval
lo veo todo, y me paro silencioso y lo lamento por ellas.
Ellas me ven observando -el viejo chivo nos está mirando,
está mirando a nuestros ojos-;
ellas se sonríen una a otra, hablan, salen juntas,
ríen, me miran por encima de sus hombros.
Camino hacia una caseta,
pongo una moneda de diez en el número once y gano un pastel
de chocolate con 13 coloreadas colombinas en la
cima.
Suficiente, por demás, para un excatólico
y un admirador de los calientes y jóvenes, y
no usados ya más,
afligidos culos de las mejicanas.
Fotos de portada e interiores: Pixabay.
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