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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 26 de enero de 2018
«Desaparezca el hambre y no el hombre»
– Fidel Castro (discurso en Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo, 1992)
Con la aparición de las armas nucleares, a finales de la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo del armamento químico y, posteriormente, el biológico, la humanidad tomó conciencia de la importancia de preservar la paz, como una forma de asegurar la existencia de la especie humana.
Así, durante algún tiempo, en diferentes países los movimientos de importantes sectores de la población contra el armamentismo nuclear, químico, bacteriológico y convencional adquirieron, a la par de la lucha contra la pobreza, máxima relevancia en los esfuerzos por preservar la paz en una época en la que las contradicciones entre el socialismo y el capitalismo se encontraban en su momento más crítico.
Sin embargo, un fenómeno, anterior a la aparición del socialismo y sus contradicciones con el sistema capitalista, que no se atendió adecuadamente e incluso se soslayó en aras de un supuesto desarrollo, la industrialización, que asociada a formas de vida caracterizadas por la dilapidación de recursos, acumulaban una serie de impactos adversos al medioambiente, y de modo específico a la naturaleza, cuyos efectos se convirtieron desde hace mucho tiempo en un peligro para la especie humana y, en términos generales, para otras formas de vida.
Además de la contaminación del aire, agua, suelo, subsuelo y los efectos sobre la salud de los seres vivos, uno de esos efectos, el aumento de la temperatura de la atmósfera y los océanos, resultado de la emisión de «gases de efecto invernadero», tiene como consecuencias: alteraciones al clima, elevación del nivel del mar, acidificación de los océanos, incremento de eventos meteorológicos extremos, entre otros, que actualmente representan el mayor peligro para la humanidad y la vida, sin distingos de ideologías ni grado de desarrollo. Ese peligro es el «cambio climático».
En 1972, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en junio de ese año, se aprobó una declaración en la que se apunta:
- […] Hoy en día, la capacidad del hombre de transformar lo que le rodea, utilizada con discernimiento, puede llevar a todos los pueblos los beneficios del desarrollo y ofrecerles la oportunidad de ennoblecer su existencia. Aplicado errónea o imprudentemente, el mismo poder puede causar daños incalculables al ser humano y a su medio ambiente […].
- Hemos llegado a un momento de la historia en que debemos orientar nuestros actos en todo el mundo atendiendo con mayor solicitud a las consecuencias que puedan tener para el medio ambiente […].
En 1979 se celebró la primera Conferencia Mundial sobre el Clima; nueve años más tarde, en 1988, se estableció el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático, Grupo que en 1990, en la segunda Conferencia Mundial sobre el Clima, en Suiza, publicó su primer informe de evaluación y se planteó la necesidad de establecer un tratado mundial sobre el cambio climático; también, ese mismo año, inician las negociaciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas para crear una convención marco sobre ese problema.
En 1992, durante la Cumbre de la Tierra celebrada en Rio de Janeiro, se crea la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que en su artículo 2 establece:
«El objetivo último de la presente Convención y de todo instrumento jurídico conexo que adopte la Conferencia de las Partes, es lograr, de conformidad con las disposiciones pertinentes de la Convención, la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático. Ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible».
Fue en esa Cumbre de la Tierra donde Fidel, en una breve e histórica intervención hiciera un llamado a la conciencia de la humanidad en torno a este problema que pone en peligro nuestra existencia como especie. Terminaba diciendo:
«Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo».
El órgano supremo de la CMNUCC es la Conferencia de las Partes (COP). Pues bien, después de 23 reuniones de la COP, que se supone son al más alto nivel, los avances en la atención a este grave problema son insuficientes para cumplir el objetivo trazado en la Cumbre de Río. Los obstáculos principales aún son los que Fidel apuntaba en el cierre de su histórica intervención: el egoísmo, el hegemonismo, la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño.
En un mundo en el que se privilegian los intereses económicos por sobre la vida misma será prácticamente imposible encontrar solución a los problemas y peligros asociados al cambio climático, debido principalmente a que quienes impulsan las principales propuestas son los representantes de los países que albergan a las más poderosas corporaciones industriales y financieras (al capital hegemónico a nivel mundial), cuyos intereses están por encima de los de la humanidad. Cuando advierten alguna oposición a sus proyectos, simplemente se retiran o incumplen los acuerdos.
Por lo anterior, la lucha por la defensa de la naturaleza y de nuestro planeta adquiere en estos momentos la máxima importancia. La paz y la eliminación de la pobreza no se conseguirán en medio de la destrucción de nuestro hábitat y de nuestra especie junto con muchas otras que serán afectadas.
La solución está en las manos de los pueblos y su unidad en torno a una lucha por la supervivencia, lucha que empieza por tomar conciencia de la necesidad de cambios drásticos en aspectos económicos, políticos y sociales en nuestros países, asociados con la recuperación de valores de una cultura de respeto hacia la naturaleza y hacia nosotros mismos; en esos aspectos tenemos mucho que aprender de nuestros pueblos originarios.
Si no somos capaces de lograr esos cambios, podríamos arribar a un momento en el que no habrá retorno alguno a condiciones anteriores y tendríamos que pagar las consecuencias de esa incapacidad.

Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro.
P.D. Se cumplen hoy 40 meses de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Y como desde el primer día, el gobierno y el grupo dominante, para que continúen la impunidad y la injusticia, siguen apostando al olvido.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Pixabay.
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