SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 9 de septiembre de 2016
El pasado miércoles presentó su renuncia el ministro de Hacienda y la causa de esa decisión no fue la pésima marcha de las finanzas públicas y de la economía del país como consecuencia de una política hacendaria errónea. Pareciera que la ola de críticas al ahora exministro, por su participación en la promoción de la visita del candidato republicano de Estados Unidos a Enrique Peña Nieto, fue aprovechada para sustituirlo.
Y las finanzas públicas no se corregirán por la sustitución de Luis Videgaray Caso, por la sencilla razón que su relevo, José Antonio Meade Kuribreña, fue ministro de Hacienda durante el último tercio de la pasada administración, la que entregó en todos los órdenes pésimos resultados para el país y, a fin de cuentas, lo que no funciona es un sistema que en su afán de salvarlo y justificarlo los neoliberales tercamente se aferran a él e insisten en imponer a toda costa su modelo y proyecto de país; así que el nuevo ministro de Hacienda continuará con la sarta de promesas y mentiras que desde hace casi tres décadas y media utilizan ante auditorios a modo para presentarnos un futuro que cada día se aleja más para la inmensa mayoría de nuestro pueblo.
En ese caso quienes debieran irse, no por renuncia sino por destitución popular, son quienes pertenecen al actual sistema político y quienes detentan el poder económico, que son los que sostienen y promueven la reproducción de las condiciones que permiten la permanencia del injusto sistema económico, político y social que todavía padecemos.
Parecería un sueño. Pero a través de la historia nuestro pueblo ha sido capaz de salir de problemas y situaciones mucho peores; quizá lo que nos ha faltado es asumir como pueblo la conducción del país y, mediante el pleno ejercicio de nuestra soberanía, ser los responsables de la construcción de un futuro diferente al que nos lleva la clase en el poder, futuro que dicha clase ha sido y es históricamente incapaz de forjar.
Y, de manera muy concreta y a modo de ejemplo:
- ¿Qué ha sucedido con los salarios reales? ¿Acaso se han incrementado?
- El empleo se ha precarizado y se ha retrocedido en materia de conquistas laborales.
- Los servicios sociales están en franco retroceso en cantidad y calidad.
- Los bienes y riquezas de la nación se han entregado al gran capital, que en no pocos casos esa entrega se refleja en devastación de la naturaleza y el medioambiente en su concepto más amplio.
- La deuda externa alcanza los 177 mil millones de dólares y la interna casi 5.5 billones de pesos, condición que vulnera la soberanía nacional al someter decisiones importantes para el país a los intereses del capital financiero transnacional.
- Lacras como la corrupción y la impunidad continúan creciendo, de la mano con la inseguridad, la violencia y la injusticia.
Lo anterior podría condensarse en una constante violación de los derechos humanos más elementales de nuestro pueblo por parte de quienes detentan el poder económico y político, que son también quienes se benefician con el actual estado de cosas.
Y cambiar ese estado de cosas no es fácil, pero tampoco es imposible. Quizá una forma de iniciar este cambio sea tan simple, y a la vez tan complicada, como la comunicación con la gente más cercana: amistades, compañeros y compañeras de aula, de trabajo, de equipos deportivos o juegos, de vecinos de una misma calle o sector donde vivamos, etc., con quienes intentemos conocer los problemas que nos son comunes, les busquemos y propongamos soluciones; ello nos llevará necesariamente a organizarnos en torno a nuestros intereses. Sería el inicio de una toma de conciencia que hará menos difícil la tarea. Sería el primer paso para encontrar el camino que nos conduzca a un futuro mejor que el que nos espera si nos mantenemos apáticos y divididos.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato
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