SOMOSMASS99
Agustín Ramírez Agundis*
Miércoles 12 de mayo de 2021
Continúan las desangeladas campañas de las personas que pretenden presidir los ayuntamientos en nuestro estado. Mujeres y hombres tímidamente se atreven a visitar las comunidades y las colonias de la correspondiente cabecera municipal. Los tianguis, como lugar natural de reunión de mucha gente, están entre los sitios más socorridos por quienes ostentan una candidatura. Muchas veces el atrevimiento no va más allá del paseo en camionetas repartiendo gorras y playeras, haciendo mucho ruido con el claxon del vehículo. La gente no tiene mucho que aprender, durante un largo periodo ha asimilado que lo mejor es recibir todo lo que le ofrecen y a la mera hora votar por quien mejor le parezca. Bienvenido todo lo que tape, ya sea el tronco o la testa, así que un día ante el paso de los vehículos gritan arriba el POS y al otro arriba el PEL, o cualesquiera que sean las siglas del partido en turno.
La presencia de las candidatas y los candidatos se manifiesta en las ciudades a través de los espectaculares, las mantas y las pintas en las bardas. El nombre, el emblema del partido, una frase vaga alusiva a sus propósitos y, si la lana alcanza, una foto con el mejor look conforman la imagen con la que pretende ganar adeptos y la preferencia de la gente para el día de la elección. Desde luego, en este campo de la batalla quien tiene más saliva come más pinole, es decir, quien traiga más dinero tendrá mayor presencia. En Guanajuato, es evidente que los del partido en el gobierno engordaron bien al cochinito durante estos tres años.
Las estaciones de radio y sus respectivos conductores de programas de análisis político hacen su agosto en mayo, recibiendo el embute por debajo de la mesa. Entrevistas a destajo, siempre con preguntas a modo para que se luzcan todas y todos los que desfilen por la cabina. Para la mayoría de la gente no pasa desapercibido que todo es propaganda disfrazada.
Pero, qué relación existe entre las personas en campaña y el partido que las postuló. La más de las veces es una relación coyuntural. No es una relación profunda, basada en el arraigo de la persona en el seno del organismo partidario, surgida de una afinidad de principios y de la coincidencia en las propuestas programáticas. Lo que une al candidato o candidata con la institución es el interés mutuo de alcanzar el poder sin importar el costo que tengan que pagar, aun cuando éste sea el empeñar su escasa o abundante honorabilidad.
No es raro que la persona y el partido vayan juntos más a fuerza que de gana, pues no les quedó otra alternativa que unir sus menguados recursos materiales, organizativos y de presencia pública para pasar a toda costa por encima de los contendientes y así alcanzar metas que, en la mayoría de las ocasiones, muy poco tienen que ver con las necesidades y aspiraciones de la gente.
Hay casos en los que la persona abiertamente se avergüenza del partido y eso se manifiesta por mucho que trate de disimularlo. Tal es la situación del actual candidato del partido oficial en Celaya. Muuuchos años atrás, como militante del que era en aquel tiempo también partido oficial, aunque con diferentes siglas, colores y lema, e igualmente enarbolando una ideología totalmente opuesta a la de la organización que hoy lo postula, fue el último[1] presidente de Celaya surgido del partido tricolor (1989-1991), ése que hoy se encuentra en franca decadencia, prácticamente en peligro de extinción.
La deshonra es evidente. Imposible tapar el sol con un dedo. Allá, en la esquina inferior derecha, muy pequeñito, cuesta trabajo observar el emblema del PAN en los innumerables espectaculares y carteles con la fotografía de Javier Mendoza que se observan en las calles de la ciudad de Celaya, lo mismo en su página de Facebook. En el desairado e insípido debate del domingo 9 de mayo, de inmediato pintó la raya: “Antes que nada quiero decir que no milito en ningún partido político”[2].
Aunque sea incompleto en su redacción, llama mucho la atención el principal eslogan de campaña del incómodo candidato del Partido Acción Nacional: Rescatemos Celaya.
Según el diccionario de la Real Academia Española rescatar significa “Recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido y, por extensión, cualquier cosa que pasó a mano ajena”.
De inmediato, surgen muchas interrogantes. ¿En cuáles manos ajenas se encuentra Celaya? ¿Quién es el enemigo que ha cogido el municipio? ¿Quién, cómo, cuándo y por qué permitió que ese enemigo se apoderara del lugar donde vivimos los celayenses? ¿Qué responsabilidad tienen las últimas ocho administraciones municipales, todas ellas surgidas del PAN, en haber permitido tal captura? ¿Cómo se desarrolló ese largo proceso de casi 25 años de gobiernos panistas que desembocó en esta grave situación ante la cual hoy el candidato incómodo llama con urgencia al rescate? ¿Será el enemigo un grupo ajeno a la organización partidista? ¿Será cierta camarilla perteneciente al partido blanquiazul? ¿O, de plano el candidato anda bien perdido y trata de rescatar al municipio de las manos, brazos, piernas y todo lo que sirva para sujetar precisamente de quien lo postuló como candidato?
A primera vista esta última interrogante es la que tiene respuesta afirmativa. El propio candidato está consciente de ello. La situación de Celaya es muy difícil tras ese prolongado periodo del PAN en la presidencia, por decir lo menos, y su futuro sumamente incierto. No hay nada del partido que lo promueve que el candidato pueda presumir y sí mucho de que avergonzarse.
Sin embargo, un análisis más profundo conduce a la conclusión de que en el fondo candidato y partido tienen en común algo más sustancial. Ambos representan fielmente el interés del grupo económico que ha definido el rumbo del municipio desde hace más de medio siglo, en el ámbito industrial, en el agropecuario, en el inmobiliario, en el de la educación privada y otros servicios, principalmente los financieros. En esa otra vertiente surge un indicio más de la sinrazón de ese eslogan Rescatemos Celaya. En varios sectores de la población se tiene la impresión de que quien tiene cogido a Celaya es ese grupo y que, por lo tanto, el rescate debe dirigirse a reorientar la acción del gobierno en función de los intereses de todos y no de unos cuantos. Está claro, el rescate que el candidato del PAN enarbola como eslogan de campaña no va por allí.
Por otra parte, es notorio que el partido posee una muy bien aceitada estructura de manipulación y control electoral en las comunidades rurales construida a lo largo de más de 25 años a través del manejo de los programas sociales y de fomento económico diseñados y administrados por el gobierno estatal precisamente con ese objetivo, es decir, el de mantener una base de apoyo por medio del clientelismo.
Una manifestación de ello se observa cuando analizamos la votación que recibió el PAN en la elección municipal de julio de 2018. En las casillas instaladas fuera de la cabecera municipal obtuvo el 42% de los votos emitidos, mientras que en las casillas de la ciudad sólo recibió 29.8%, ni siquiera una tercera parte. En los últimos procesos electorales ésta ha sido la tónica, el partido oficial se sostiene en el gobierno únicamente gracias al manejo de los programas de apoyo social.
Precisamente los resultados de la elección municipal de 2018 fueron determinantes para impulsar la unión de Mendoza Márquez con ese partido para la elección del 2021. En el 2018 lo que logró como candidato independiente fue dividir el voto opositor al partido oficial, sirviendo así como dique al creciente descontento de la población ante el cada vez peor desempeño del blanquiazul, partido que en ese año apenitas llegó al 33% de los votos, con alrededor de 20% tanto para él en su calidad de independiente como para la candidata de Morena, una maestra muy poco conocida entre la población.
Este año las expectativas eran muy diferentes. Por una parte, la intensificación del descontento entre la población celayense por el acentuado fracaso de la administración municipal en curso, tanto en el terreno de la inseguridad como en el del crecimiento económico. Por la otra, el avance del partido Morena, impulsado por la acción del gobierno federal a través de sus proyectos encaminados decididamente al bienestar de la población. Una encuesta aplicada a principios de marzo así lo manifestaba[3]; a la pregunta “si hoy fuera la elección para elegir presidente municipal ¿por qué partido votaría usted?”, el 33.7% de los encuestados respondió PAN, el 31.7% Morena y el 12.3% PRI. Es claro, en esta ocasión las condiciones habían cambiado significativamente, tornándose muy grande el riesgo de que el independiente dividiera el voto del PAN, favoreciendo a Morena.
Por su parte, Morena registró en un principio a un candidato a la presidencia municipal con arraigo en el partido y mucha presencia y un buen reconocimiento entre la población. En este escenario, Antonio Chaurand se había convertido en el contendiente a vencer, una persona en verdad con la voluntad y la capacidad de rescatar Celaya para atender los anhelos de la gente.
Así estaba la situación cuando a los dirigentes estatales de Morena se les ocurrió salir con su batea de babas. Simplemente entregaron la plaza. En un futuro próximo veremos a cambio de qué. A no pocos les regresó el alma al cuerpo. Para muchos otros la traición significó un golpe sumamente artero. Muy lamentable, la politiquería se puso por encima de la política. El verdadero rescate de Celaya tendrá que esperar. Seguramente el candidato incómodo ahora frecuentemente piensa: “tanta vergüenza para nada”.
Referencias:
[1] Hubo después otro presidente postulado por el PRI, aunque sin ser militante del partido (Leopoldo Almanza, 1995-1998)
[2] www.youtube.com/watch?v=SGD-4Mke7kc
[3] ieeg.mx/documentos/encuesta-celaya-massive-caller-080321-pdf/
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Redes sociales de Javier Mendoza Márquez.
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