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Diálogo Estado / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 18/08/2016

SOMOSMASS99

 

Roberto Gómez Palacios / SomosMass99

Jueves 18 de agosto de 2016

 

La música y en particular la música clásica es para muchos de nosotros un misterio. La poca información que se difunde en los medios no ayuda a resolverlo, en algunas ocasiones nuestras dudas se duplican, posiblemente se multiplican. Uno de los problemas de la vida moderna es que enfrentamos una contaminación sonora tan preocupante como el calentamiento global, sonidos y ruidos por todos lugares y espacios. Poco a poco hemos perdido el gusto, el placer de darle alegría a nuestro sentido del oído. Podríamos recuperarlo si por lo menos dedicáramos treinta minutos diarios a escuchar, a oír música, así como día a día nos proponemos dedicarle tiempo a la meditación o al ejercicio.

Foto:  UNAM / Cuartoscuro
Foto: UNAM / Cuartoscuro

Con la intención de ayudar a conseguir este fin platiquemos algo sobre la orquesta sinfónica y un primer personaje fabuloso: el concertinoUn personaje del que usted puede percatarse si se decide esta semana a acudir a un concierto. La Orquesta Sinfónica de México, antecesora de la actual Sinfónica Nacional, fue fundada en 1928 por Carlos Chávez. El dato es importante por todo lo que el país le debe al maestro. En ese tiempo fue un privilegio para los melómanos y una proeza de Carlos Chávez. Ahora, a mitad de 2016 no sería menos crear una orquesta sinfónica. ¿Por dónde empezaríamos? Si contamos con que únicamente tenemos a nuestro favor que nos gusta la música y que estamos buscando un paisaje sonoro adecuado para nuestros sentidos, le propongo por ésta ocasión, para la fundación de nuestra hipotética orquesta, iniciar por la búsqueda  del concertino. Si tenemos suerte y acertamos, él o ella nos ayudará a armar todo lo demás. Hasta encontrar al director.

Antes de continuar debemos de asegurarnos de contar con espíritus afines, personas valiosas, políticos y empresarios que tengan conciencia de que la mejor manera de resolver los problemas urgentes de México es atacarlos con educación, ciencia cultura. Que se encuentren convencidos de las bondades de los museos, las escuelas, los libros y los instrumentos. Una vez puestos de acuerdo, propongo que pensemos en buscar, en  encontrar un concertino, un violinista mínimo de 27 o 30 años de edad, que haya iniciado sus estudios musicales por lo mucho a los diez o doce años. Que nos platique de su entorno -con certeza viene de una familia de músicos-, de sus maestros, de sus escuelas, de sus orquestas, en las que ha tocado y en las que le gustaría tocar, de sus compositores favoritos, de los que no son muy de su agrado y de los que definitivamente le pesa tocar. De los directores, con quiénes ha trabajado, que nos dé nombres de directores, del siglo pasado y de algunos recientes. George Szell, Dimitri Mitropoulos, Fritz Reiner, Sir Thomas Beecham, Sergiu Celibidache, Jean Giardino,   hay muchos más. Y de los de finales del siglo XX solamente algunos: Simon Rattle, Michael Tilson Thomas, Susanna Mälkki,  Gustavo Dudamel. Que nos hable de los “mexicanos”, o sea de los que trabajan en México aunque  sean o no nacidos aquí: Jan Latham-Koenig, Enrique Diemecke,  Jesús Medina, Lanfranco Marcelletti, Enrique Bátiz, Armando Pesqueira, José Luis Castillo, Roberto Beltrán, José Aréan  Marco Parisotto, Scott Yoo, Enrique Barrios, Jorge Mester. También hay más. Y de los mexicanos que viven y dirigen en el extranjero: Pablo Varela, Sergio Espinosa, Héctor Cárdenas, Eduardo Díaz Muñoz, y seguramente tenemos más.

Lo que sigue es que el o la violinista tome su instrumento e interprete algo para nosotros. Tal vez algo de Bach, para no tardarnos mucho la Chacona (muy posiblemente nos entrará el gusto de oír más) y luego un fragmento de un concierto que defina al violín: Mendelssohn, Mozart, Beethoven, Tchaikowsky. Después seguiríamos con los “solos” de orquesta, que por favor toque algunos lugares de las partituras, generalmente  trozos, fracciones, partes de sinfonías donde el violín del concertino se logre fácilmente escuchar y apreciar. En este lugar no pueden faltar Beethoven, Brahms, Mahler, Shostakovich. Podríamos incluir algo de Revueltas, Redes por ejemplo, y Don Juan de Richard Strauss. Existen bastantes lugares más, no obstante con todo esto pasaríamos momentos muy agradables.

Foto:  UNAM / Cuartoscuro
Foto: UNAM / Cuartoscuro

Si afortunadamente estuvieran presentes alguno o algunos de los políticos o empresarios o cualquiera que piense como nosotros, que no sólo de pan vive el hombre y que no podemos seguir con sólo estar pensando en la inseguridad, ellos correrían con la misma suerte: disfrutarían lo mismo que nosotros. Todos contentos, podríamos al o a la elegida pedirle que nos apoye  y que junto con el director que hayamos invitado encabecen un comité, un jurado, un cuerpo académico-artístico, como dirían las universidades. El o la concertino es indispensable para encontrar las cuerdas que necesitamos (violines, violas, chelos y contrabajos) y las maderas (oboes, flautas, clarinetes y fagotes,), los metales (trompetas, cornos, trombones y tuba,), un timbalista y percusionistas, un pianista y un arpa. ¡Tenemos orquesta!

Ahora nos vamos a preparar el concierto. Al iniciar la semana de trabajo el concertino ésta con todo en su lugar para el primer ensayo. Todos los ensayos tienen duración de tres horas y durante tres horas no debe perder la concentración. Antes de que la orquesta dé comienzo al ensayo, el foro del teatro parece una romería: los músicos, puntuales, han llegado media hora antes del inicio. Da la impresión que todo mundo habla de todos los temas, vida familiar, deportes, política, asuntos laborales y todos tocan estudios, escalas, música para su instrumento y pasajes y solos de orquesta. Es entonces que el concertino, a la hora exacta fijada para comenzar, se enfrenta a ese caos y pide (debe hacerlo con amabilidad, está  tratando con “artistas”) primero silencio, se apagan los celulares, las tablets, los iPhone e inmediatamente pide al primer oboe el “la”, para dar paso, sección por sección, a la afinación  de toda la orquesta. Ahí llega el director, que ha estado en espera de que se le informe cuándo se halla la orquesta lista. Una vez  arriba del pódium, comienza la comunicación con todos los integrantes de su instrumento, principalmente con el concertino, el líder de la orquesta, que al primer instante debe de entender al director. Inmediatamente se percata que dirige con movimientos muy amplios, exagerados, o por el contrario, apenas se puede percibir el movimiento de sus manos y de su batuta. Hay muchas clases de directores, de modo que el concertino necesita de toda su concentración. Algunos cuentan anécdotas y chistes y otros dirigen pensando que sus ideas musicales puede transmitirlas a los músicos por medio de telepatía. De tal cuenta que si las cosas no van saliendo, se dirigirá en primer lugar al concertino y él, o ella, buscará la forma de preguntarle qué quiere exactamente, le dará darle sugerencias, será una personalidad que trate de expresar el punto de vista artístico de la orquesta. Buscar representar a todos será su tarea. Con seguridad no gana un concurso de popularidad, sin embargo siempre debe mostrarse dueño de sí mismo, de su persona, con intensidad y sensibilidad. Estas cualidades las hará sentir al público el día del concierto, cuando todos los músicos estén listos en sus lugares esperando que el concertino arribe al escenario.

Al concertino lo podemos identificar cuando antes del concierto pide la afinación al primer oboe y, una vez afinada la orquesta, se sienta a la izquierda del director. Luego, desde ese lugar, cuando encabeza a los violines, a toda la cuerda, y a toda la orquesta, siempre atento a los detalles, listo por si el director o alguno de los músicos solistas se pierde, se confunde o le falta concentración.

Foto: Gabriela Pérez Montiel / Cuartoscuro
Foto: Gabriela Pérez Montiel / Cuartoscuro

Ahora bien, todo acercamiento intelectual al mundo de la música siempre será bienvenido. Debo decir, no obstante, que lo mejor consistiría en escucharla, oírla. A la música no hay que entenderla ni comprenderla, trátese de rock, pop, blues, ranchera, grupera, jazz, folk o clásica. Sean Bob Dylan, Los tigres del Norte, Lucha Reyes, Madonna o Béla Bártókpues de lo que se trata es solamente de disfrutarla.






Luis López




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