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Consecuencias del maltrato infantil

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 02/03/2017

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 2 de marzo de 2017

 

Nuestro país, México, tiene índices preocupantes en violencia física, abuso sexual y homicidios de menores de 14 años infligidos principalmente, por sus padres o progenitores.

De acuerdo al neuropsiquiatra Jorge Barudy el daño provocado por el maltrato y abuso infantil se ve reflejado en la aparición de trastornos de cuatro tipos: del apego, de la socialización, del desarrollo y de los procesos resilientes.

O sea que una víctima de maltrato infantil verá comprometida su capacidad para establecer relaciones sanas consigo mismo y con los demás; tenderá a resolver problemas interpersonales de manera violenta ante la dificultad para manejar sus impulsos; las capacidades para superar los obstáculos y dificultades propias de la vida también se verán disminuidas o ausentes. Con lo que tendremos un adulto con serias dificultades para desenvolverse sana y armoniosamente en la sociedad, con pocos recursos para enriquecer su colectivo.

Ante el abuso crónico y profundo es común que el niño recurra a estrategias de sobrevivencia consistentes en endurecer su carácter, tomar distancia afectiva de los demás, con lo que se va deshumanizando, pudiendo llegar a un punto donde le es imposible ver al prójimo como una persona, condición necesaria para violentarla.

Las entrevistas a delincuentes peligrosos, secuestradores, descuartizadores, etcétera, dejan ver un dato que tienen en común sus historias: el abuso infantil. Es decir, que detrás de cada uno de ellos se esconde un niño grave y crónicamente humillado, lastimado (lo cual no los exime de culpa).

El día que hagamos conciencia suficiente de la relación que existe entre la criminalidad y el abuso infantil empezaremos a promover, realmente, una cultura de buenos tratos que redundará en individuos capaces de amar y de participar en la construcción de un mundo humano más justo y solidario, seres capaces de vivir y convivir como ciudadanos, de construir sociedades nutricias.

Vale aclarar que todas las personas violentas fueron maltratadas en su infancia, pero no todas las que fueron maltratadas serán violentas. Lo que hará la diferencia será la posibilidad de tener en la vida por lo menos una relación de calidad con un adulto que desculpabilice al niño agredido, que valide su dolor, que ayude a darle un significado a su experiencia dolorosa y le enseñe que en este mundo existe algo que se llama amor. Los psiquiatras Alice Miller y Boris Cyrulnik lo llaman “testigo cómplice” y “tutor de resiliencia”, respectivamente.

La infancia es destino cuando lo que la vida proporciona son sólo malos tratos. Pero cuando el niño maltratado encuentra a una persona capaz de proporcionar una experiencia de amor, respeto y consideración, una semilla de vida queda sembrada. El niño puede contrastar el sufrimiento de los malos tratos con el bienestar que provocan los buenos tratos y entonces ir en busca de este tipo de relaciones y experiencias.

Dicha experiencia bien tratante puede suceder en cualquier momento de la vida: en la adolescencia, en la juventud, en la adultez…; obviamente lo deseable es que aparezca lo más pronto posible. De ahí la importancia de conducirnos con amor y respeto con todos aquellos que nos rodean, sean niños o adultos. De esta manera podremos convertirnos en testigos cómplices o tutores de resiliencia y cambiarle el destino a alguien que, sin darnos, pudiera estar conociendo hasta ahora sólo la cara desagradable de la vida: la de los malos tratos.

Los primeros años de vida son los de mayor vulnerabilidad. Es claro que el niño no puede defenderse, justo por eso debe existir un sistema de protección eficiente que lo ponga a salvo de la situación de manera inmediata y proporcione, enseguida, un conjunto de medidas para su recuperación.

Pero, ¿qué pasa cuando los niños no pueden acceder a dicho sistema? Pues pasa que su integridad queda a la deriva. Entonces las víctimas requieren una atención pronta y especializada que contribuya a la reparación del daño traumático (físico, psicológico y social) provocado por el abuso y que facilite y potencie sus capacidades resilientes.

¿Y qué sucede con la población infantil altamente excluida inserta en dinámicas de violencia familiar? Eso lo abordaré la próxima semana.

* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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