Martha Camacho / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / Domingo 28 de junio de 2015
“Porque México no es igual sin ellos”, por eso este 26 de junio un puñado de mujeres y hombres libres realizaron una simbólica manifestación en el Jardín de la Unión para conmemorar los nueve meses de la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa.

- Los manifestantes mantuvieron desplegada esta manta en el jardín de la Unión.
Una ligera llovizna acompaña el acto, el viento mueve los 43 corazones que penden de los árboles del jardín, cada uno de ellos con un mensaje que encierra la rabia por lo ocurrido la noche del 26 de septiembre de 2014, pero también llevan un mensaje de solidaridad y dolor compartido con las madres y padres de los normalistas: “Para no olvidar”.

- Los rostros de los normalistas que no olvidamos.
La maestra Guadalupe Meza, incansable activista y una de las organizadoras de la manifestación platica que los dibujos son obra de niños y jóvenes que participaron en los mitotes culturales por Ayotzinapa celebrados en esta ciudad para recaudar fondos para las familias de los normalistas.

- Entre los árboles, mensajes desde la indignación, desde el dolor.
En el trajín de la húmeda tarde confluyen en el Jardín de la Unión jóvenes, turistas, capitalinos que vuelven del trabajo, pocos se detienen a observar los coloridos corazones, si acaso los rozan con sus cabezas: “43 latidos por Ayotzinapa. ¿Dónde están?”, se lee en uno de los dibujos. Esa es la pregunta que hacemos al Estado miles de mexicanos, con un reclamo que persiste: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

- 43 corazones para no olvidar.
El ensordecer ruido de la música electrónica que proviene de un costado del Teatro Juárez contamina el ambiente, la noche asoma lentamente. En el recorrido por la inusual exposición también nos encontramos con mensajes en el piso del histórico sitio: “Los 43 comparados con el cosmos podrían parecer una insignificancia, pero si los ponemos en una mesa parecen del tamaño de una galaxia”. Simple y contundente reflexión, sí, nos duelen porque son nuestros y los queremos de vuelta.



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