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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
El asesinato del alcalde electo de Jerécuaro, Rogelio Sánchez Galán, a manos de unos pistoleros vuelve a confirmar que prácticamente no hay sitio ni persona en el estado que pueda sentirse libre y segura de que no la tocará de modo alguno la violencia criminal.
Sigue, así, poniéndose en evidencia la escasa coincidencia del discurso oficial con la realidad. En esta ocasión, como en todas, podría tratarse del caso de tres hombres que estuvieron en el lugar y el momento equivocados. Pero como uno de ellos es un político y alcalde electo, el asesinato tiene tintes, precisamente, políticos.
Las autoridades, lo sabemos, afirmarán que realizan ya investigaciones profesionales, con todos los recursos de inteligencia, tecnológicos y científicos a su alcance. Así, pues, toda la maquinaria del Estado para dar con los responsables y hacer justicia.
En el fondo, sin embargo, hay una descomposición política y social que cada vez es más difícil de ocultar. Lo dice a su modo el presidente estatal del PRD, Baltasar Zamudio: Rogelio Sánchez Galán “fue asesinado, junto con dos personas más, por un grupo de sicarios”. “Es el reflejo de la gravedad del problema de la violencia social y el crimen organizado predominante en Guanajuato”. “Es una realidad que las autoridades estatales se niegan a aceptar”.
No es la primera vez que queda en evidencia que el gobierno de Miguel Márquez y en particular la Secretaría de Seguridad Pública y la Procuraduría General de Justicia del Estado han fallado en el combate a la inseguridad. Ahora más que nunca puede decirse que en Guanajuato ha disminuido de forma considerable la capacidad de las autoridades para garantizar la tranquilidad de la población. Están rebasadas, tanto en el discurso como en los hechos. Tal vez se conformen con la reiteración del estribillo de que vivimos en un estado seguro. Pero podrían empezar por asumir sus responsabilidades, recapacitar y tomar conciencia de que están en posibilidad de tomar decisiones propias para beneficio de los guanajuatenses. No aquellas que les dictan desde el exterior. Porque de seguir así, sólo empeorarán las cosas.
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