SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 3 de septiembre de 2021
Como ya ha sucedido en otros países en los que después de la gestión de regímenes progresistas o de izquierda, que en alguna medida mejoraron las condiciones del pueblo, en elecciones la derecha recupera las más altas instancias de gobierno. En nuestro país no estamos exentos de ese tipo de regresiones.
Situaciones en las que sectores populares, no obstante haber sido favorecido por gobiernos de izquierda o progresistas, son cooptados por la derecha y se decantan por ésta en las urnas, suelen conducir a serios retrocesos en lo social, político, económico, ambiental y cultural para la mayoría de la población. Ejemplos tenemos de sobra en Latinoamérica.
Con independencia de las formas que utiliza la derecha para cooptar a amplios sectores de la población, formas en las que impera la mentira, existe un factor común que predomina y actúa en contra de las fuerzas progresistas y de izquierda: la ausencia, o deficiencia, de la crítica y autocrítica.
La ausencia e incapacidad de la práctica de la crítica y autocrítica al interior de gobiernos y fuerzas progresistas y de izquierda, impide el correcto conocimiento y comprensión del momento histórico que se vive, de sus fortalezas y debilidades, y conduce a análisis inadecuados que obstruyen la superación o la mejor solución de los problemas, cosa que es aprovechada por la derecha que, aunque carente de propuestas serias y creíbles, centra su propaganda en las debilidades de esos gobiernos.
La crítica seria y responsable nada tiene que ver con la descalificación o denostación de una persona, organización o situación. Es la vía por la que, colectivamente, mediante un análisis objetivo de las causas, efectos, condiciones, acciones y resultados, se intenta encontrar la mejor solución a problemas o situaciones susceptibles de mejora. De manera análoga, la autocrítica no consiste en darse «golpes de pecho» sino, mediante un análisis similar, personal o al interior de un colectivo u organización, buscar las formas correctas y adecuadas de llevar a cabo las tareas o realizar los trabajos de la mejor manera posible, de acuerdo a las circunstancias.
De esa manera la crítica y la autocrítica nos permitirán ubicar correctamente toda clase de vicios y desviaciones, para erradicarlos, lo que necesariamente conducirá al logro de sus objetivos: construir, crecer y mejorar.
En colectivos o individuos en los que prevalecen vicios como la autocomplacencia, el triunfalismo, las lisonjas y la deshonestidad, por citar algunos; o desviaciones como el oportunismo, el sectarismo y el dogmatismo, entre otras, la crítica y la autocrítica no tienen cabida, y las fallas y errores, generalmente en perjuicio de las mayorías, constituyen el pan de cada día.
Entre otras cosas, la crítica y la autocrítica son herramientas a nuestro alcance que pueden servirnos, si las utilizamos correctamente, para definir la naturaleza, objetivo y alcance de las transformaciones que requiere nuestro país, así como los procesos que deberán cubrirse para llevarlas a cabo y defenderlas.
En este contexto es preocupante la situación y actitudes en Morena, el partido político que obtuvo la mayor cantidad de votos en la pasada elección presidencial, que padece fallas y vicios de origen que atentan contra el proyecto de nación que enarboló en la campaña electoral previa a la elección mencionada.
A Morena, en aras del pragmatismo, arribaron, y se aceptaron como miembros prominentes, algunos personajes provenientes de otros partidos políticos, quienes llevaron consigo una serie de vicios y desviaciones políticas, como las que se mencionan líneas arriba, las que han generado un peligroso proceso de desvinculación de la dirección con las bases, cuyas consecuencias se hicieron evidentes en los resultados de la pasada elección intermedia, en la que la derecha sacó provecho de los desaciertos y errores de Morena.
Y la derecha, carente de un programa social, político y económico coherente, que atraiga al pueblo, se prepara, con apoyo de sus aliados internacionales, a desarrollar la propaganda basada en las debilidades de Morena, para intentar recuperar la presidencia de la república e imponer una versión más agresiva y depredadora del neoliberalismo.
Si bien es cierto que el actual gobierno federal ha realizado y emprende cambios y acciones importantes, no es menos cierto que, por la falta de apoyo e impulso masivo y organizado de los sectores populares, ello sea aún insuficiente para la transformación del país, sobre todo cuando aún están presentes personajes y organismos, herencia del neoliberalismo, que forman parte del Estado y se dedican a defender el anterior orden de cosas y a obstruir tal transformación.
Ante el peligro que significaría el avance de la derecha, aunado al deterioro de Morena, quedaría la opción de organizaciones ciudadanas paralelas, independientes que, previo a un proceso de unidad y alianzas, promuevan e impulsen las políticas y acciones requeridas para alcanzar la transformación necesaria que derive en la construcción de una patria libre, unida, soberana.
La crítica y la autocrítica podrían ayudar a ello.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Tarifas Hamouche (@fodelwdc) / Unsplash.
Comparte en Facebook
Twittéalo








