SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez
Jueves 9 de marzo de 2017
El ser humano no ha nacido para que lo rompan.
Erich Fromm
Los niños y niñas víctimas de maltrato que no tienen acceso a los sistemas de protección están más expuestos a la traumatización. La tardanza, la mala o nula protección comprometen su bienestar. Y ante dichas circunstancias, no les queda más que recurrir a mecanismos de sobrevivencia y de defensa psíquica.
Por ejemplo, ante el dolor aumentar su umbral, reprimirlo, evadirse o insensibilizarse; para no odiar o enojarse con el padre agresor, el recurso posible es la justificación o hasta la idealización; de esta manera el niño asume la culpa del daño, lo cual puede condenarlo a una vida de minusvalía, inseguridad y desconfianza, sometimiento a la autoridad, impulsividad, pobre autoconcepto, baja autoestima, depresión, etcétera.
Actualmente el sector infantil no cuenta con mecanismos eficientes y suficientes para denunciar el maltrato del que son víctimas. Su dolor se sofoca entre las paredes de la casa, de la escuela o de cualquier sitio.
Algunos logran ser atendidos sólo hasta que las consecuencias se hacen sumamente evidentes en sus cuerpos, en sus mentes o en sus conductas. Para entonces el daño provocado ha sido excesivo.
Pero la realidad es que la mayoría de los malos tratos que padecen los niños se mantiene en la sombra, teniendo desenlaces letales con una frecuencia de dos niños asesinados a manos de sus padres o cuidadores diariamente en nuestro país.
Y de este sector infantil, los que viven en condiciones de pobreza y exclusión social son los más expuestos al riesgo cuando de dinámicas de violencia familiar hablamos.
Este sector vive inserto en un círculo vicioso y peligroso al retroalimentarse a sí mismo: la violencia que ocurre en la exclusión social daña los cuerpos, los cerebros infantiles, impide el fortalecimiento y la generación de recursos resilientes que contribuyan a salir de la pobreza el día de mañana, con lo que la impulsividad, la desolación y el resentimiento predisponen a más violencia que empobrece y abona a la exclusión de la persona.
El individuo no puede salir adelante por sí mismo. Menos aún si se trata de un niño, de una niña. Por tal motivo, es el Estado quien debe poner en marcha, y orquestar con la sociedad toda, un proceso continuo de resiliencia externa, proceso que de acuerdo al neurólogo y psiquiatra, Boris Cyrulnik, está constituido por tres eslabones:
El primero es el rescate y acogida inmediata del niño herido tras la agresión. El segundo viene después, y consiste en el ofrecimiento de un entorno familiar o institucional en donde pueda realizar las representaciones del trauma. Y el tercero se coloca cuando la sociedad propone a este niño la posibilidad de socializarse.
Desafortunadamente en nuestro país dichos eslabones no se consiguen de manera suficiente ni eficiente. Los presupuestos y recursos humanos y materiales para la protección son pocos para el tamaño del problema, no existen alternativas familiares ni institucionales suficientes, tampoco la posibilidad de que los que sí tienen una alternativa de protección institucional, en los albergues, socialicen con la comunidad, pues muchos de ellos pasan su vida encerrados.
Hoy conocemos los pilares principales de la resiliencia, pero falta construir las políticas públicas para su promoción, lo mismo que para la prevención del maltrato infantil y su atención oportuna.
Los organismos nacionales e internacionales aportan amplias recomendaciones al respecto, sólo es cuestión de implementarlas y coordinarlas con eficiencia, para lo cual la responsabilidad, la voluntad, la especialización, la sensibilidad (no sensiblería), el respeto hacia los niños y sus derechos, son elementos fundamentales.
Las niñas y los niños no han nacido para que los rompan. Aún así muchos están siendo fracturados. Y aun así muchos sobreviven y salen adelante. Pero no todos. Pero no siempre de la mejor manera. Y del futuro de los que viven la violencia en medio de la pobreza y la exclusión pocas veces nos enteramos; urge visibilizar a este sector infantil. Urge reconocer la dimensión del problema… Urge promover el buen trato.
Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay.
Comparte en Facebook
Twittéalo








