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Cuando me morí

Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 21/02/2020

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Surinam Rodríguez Olvera*

 

Cuando me morí

 

El sol sediento hizo su aparición, cubriéndonos de sus rizos bajo un calor estremecedor. Por la ocasión pensé en usar un vestido de corte cimarrón, sin saber, que iba a ser la última vez que reía con esa emoción, al ver a mi familia diciéndome adiós.

Caminé con soltura, ignorando los silbidos – “son los de siempre”-, malditos cochinos; miradas desviadas hacia mis piernas -“que horror si no son de seda”–, pensé. Mejor escuché música y me concentré en los amigos que iba a ver y las carcajadas que tendríamos, ya que íbamos a celebrar que pasamos la materia final.

De pronto, la melodía paró y junto a mí, un hombre se acercó. “¡Lo conocía!” – así que el temor no lo habría–. Eso pensé, cuando de pronto sentí un escalofrío tras de mí, una sonrisa extraña ya que era mi amigo de la misma cuadra. “Vamos acá atrás, es un momento, no tienes porque tardar, confía en mi”, yo lo seguí porque confiaba en él y en su tío.

No supe qué hacer, empezaron a enloquecer, como una jauría, como si no hubieran visto a una chica. “Qué hacen”, –les decía-, “no te haremos daño, chiquita, te nos antojas completita”.

Sentí cada uno de los golpes, laceraciones constantes y mordidas espeluznantes. Me quitaron la ropa, haciéndola pedazos, que me había comprado mi mamá con cada peso de su pan; de pronto uno se comenzó a masturbar. “¡Soy una niña, tengan piedad!”. Ellos no me escuchaban, sólo se satisfacían más que nada, y mi amigo me comenzó a penetrar. Yo grité, pero me pegaban sin escuchar. Me intenté defender, pero su fuerza bruta me logró contener. No dejaba de llorar y de pensar en esta gente en que se supone que tenía que confiar. Éramos un equipo o eso me hicieron pensar.

Mi cuerpo no aguantó tanto dolor que cayó sobre la acera derramando lágrimas y sangre, derramando confianza estable, derramando decepción de este mundo intolerante. Su tío dijo: “déjala ahí, será otra de las estadísticas de este México que sólo da risa”.

Me dejaron desangrando, pero mi amigo regresó y la emoción de ser salvada revivió, pero sólo fue a rematar lo que había empezado mal…

Soy una más de las estadísticas, soy una más que quedará en la carpeta marrón de la delegación, soy una más de las que terminó muertas por un odio que se acrecienta. Soy un feminicidio más, como Fátima, Ingrid, María, Susana y mil muertas más, desde Ciudad Juárez hasta la capital.

Yo lo digo por quien ya no tiene voz, yo lo escribo porque tengo el valor: las mujeres mexicanas hemos despertado, así que no se metan con nosotras que nos vamos a rebelar como nunca se ha presentado. Miles de madres, hermanas, hijas, amigas no se callarán más, nos levantaremos y lucharemos para que se termine este infierno de no salir porque nos van a agredir.

Se acabó, tenemos suficiente valor para demostrar que queremos igualdad.


* “Soy Surinam, psicóloga de profesión y escritora de corazón. La poesía es el amor de mi vida”.

Foto de interiores: Enlace Noticias.

Foto de portada: Alexander Krivitskiy (@krivitskiy) / Unsplash.






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