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¿Cuánto aprendieron?

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SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 23 de julio de 2020

 

El ciclo escolar terminó y con él viene el balance. Rodrigo Sánchez Villa en su columna del 6 de mayo pasado, en SDPnoticias.com, hizo una conclusión lapidaria: “El fracaso de la educación en línea: todos hacen, nadie aprende”. El columnista reconoce que las partes interesadas hicieron lo posible por salvar este año y que no hubo mala intención de nadie, sin embargo, el aprendizaje no fue el mejor. 

Sí, el esfuerzo fue grande. Internet, televisión, radio, se utilizaron todos los recursos disponibles, de eso no cabe duda. Hubo aprendizajes múltiples para todos los actores: docentes, alumnado, padres y madres. Pero fueron aprendizajes relacionados con el manejo de la tecnología, con el diseño curricular. La pregunta es si en estos meses de pandemia se lograron de manera satisfactoria los aprendizajes del currículum.

Si escuchamos a las niñas, niños y adolescentes, nos daremos cuenta que para muchos de ellos la sensación fue de mucho estrés y poco aprendizaje. Por momentos la metralla de contenidos (para quienes tuvieron acceso a Internet), la didáctica no efectiva (o la falta de ella), las dificultades con el acceso a la tecnología…, fueron avasallantes no sólo para el alumnado, sino también para sus padres, sobre todo para las madres de niñas y niños pequeños, que prácticamente tuvieron que estar a su lado, haciendo con ellos, y, en ocasiones por ellos, las tareas que sus retoños no lograban comprender o ejecutar.

Las más altas autoridades en materia de educación pública han informado a través de los medios de comunicación los alcances y la cobertura lograda a través de la vía remota. Pero aún no comparten con la misma precisión y claridad las limitaciones que tuvo este tipo de educación. 

Es claro que la primera condición para crear un sistema de educación remoto que sea funcional, es reconocer los alcances al mismo tiempo que las limitaciones observadas hasta ahora. Y, en este proceso de evaluación de la estrategia, será fundamental una variable que al día de hoy no ha sido considerada: la opinión del propio alumnado, pues quien mejor que las niñas, niños y adolescentes usuarios del sistema para saber qué sirvió y qué no, que fue útil y que no, qué facilitó y qué obstaculizó el aprendizaje en estos meses de emergencia.

Es verdad que existieron honrosas excepciones, escuelas y docentes que tuvieron el tino y la sensibilidad para adaptar la educación a la realidad impuesta con la pandemia, caracterizada por la incertidumbre, el estrés, el miedo al contagio y a la enfermedad, la muerte, la pérdida de empleo y un largo etcétera.

Analistas de la educación coinciden con la percepción del columnista Sánchez Villa, es decir, que el alcance fue limitado, debido a múltiples razones y causas ya conocidas, donde todos los actores están implicados –docentes, alumnado, padres, madres–. Por ejemplo, factores asociados al acceso a la tecnología, a Internet y hasta la alimentación y la vivienda, en ciertos sectores ha sido y siguen siendo el desafío cotidiano que consume toda la atención, motivación y energía familiar, urgencias que no dejan cabeza para los aprendizajes formales. No debemos olvidar que somos un país con índices de pobreza muy alto. 

Se hizo lo mejor posible para cerrar el ciclo escolar y el resultado fue diferencial: mejor para quienes tuvieron más recursos, creatividad, motivación, etcétera y peor para quienes menos tuvieron, dejando, de paso, evidencia de las enormes desigualdades, otra vez. 

El discurso de algunas autoridades educativas de alto nivel suele rayar en lo triunfalista. Y así será difícil que estas tomen las decisiones que proporcionen el tiempo, el recurso, la capacitación y condiciones necesarias para que el sistema educativo en general, y el personal docente en particular, puedan responder a esta nueva realidad. 

La pandemia aún está lejos de terminar. Estamos ante la oportunidad de mejorar con voluntad y creatividad este sistema escolar que hace años requiere ser modernizado. Subrayo la palabra “sistema” porque se trata de un asunto estructural, donde muchas y muchos docentes hacen tremenda labor, pero en condiciones laborales que no son las más óptimas para la importancia de su rol en la sociedad. Por ahí hay que comenzar.


* Psicólogo / [email protected] 

Foto de portada: Annie Spratt (@anniespratt) / Unsplash.






Luis López




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