SOMOSMASS99
Esther Sanginés García*
Miércoles 8 de abril de 2020
El poderoso Moctezuma segundo, huey Tlatoani de Tenochtitlan y gran señor de los pueblos tributarios, ante quien nobles mexicas escogidos barrían “el suelo por donde había de pisar y le ponían mantas porque no pisase la tierra”[1], aquél al que no se podía mirar de frente, fue hecho prisionero en su propio palacio. ¿Cómo pudo suceder? Dejó pasar a quienes habían perpetrado la matanza de Cholula, los alojó, los recibió como embajadores de un gran Señor. ¿Pudo haber hecho otra cosa? No parece probable, llegaban con un gran ejército de indios aliados que odiaban a los mexica; los tlaxcaltecas habían vivido años de bloqueo y vejaciones, los totonacos no sólo pagaban el tributo que significaba parte de su trabajo, también soportaban a los guerreros y recaudadores que con prepotencia llegaban a arrebatarles lo que tanto esfuerzo les costaba obtener. Eran tiempos de inmensas desigualdades tanto en Europa como en Mesoamérica. ¿Podremos algún día acabar con las enormes diferencias sociales entre los seres humanos y las grandes injusticias?
El misterio de Moctezuma sigue vivo y cuando las causas de un hecho no están claras se reconstruyen las probabilidades una y otra vez, para tratar de comprender no sólo nuestro pasado, también el presente; en estos intentos tenemos tres posibles explicaciones: la más difundida es la versión inventada por Hernán Cortés en sus Cartas de Relación, ampliada por la de Bernal Díaz del Castillo que, en su muy fantasiosa Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, repitió, muchos años después de sucedidos, diálogos en los que nunca estuvo presente; ese relato fue “confirmado” por descendientes de Moctezuma, quienes, según algunos historiadores actuales, inventaron el mito de la entrega voluntaria de Tenochtitlan a Cortés, para argumentar sus derechos a gobernar en lo que quedaba de los pueblos indios alrededor de lo que fueron Tenochtitlan y Tlaltelolco. En el siglo XX esa versión la hizo suya el Maestro Miguel León Portilla:
Motecuhzoma y sus consejeros entraron en duda. Por una parte parecía que Quetzalcoatl había regresado. Pero, por otra, no había certeza de ello. En el corazón de Motecuhzoma nació entonces la angustia. Por eso envió mensajeros que suplicaron a los forasteros se marcharan a su lugar de origen[2].
Una segunda interpretación la presenta Jaime Montel, quien nos recuerda la función complementaria de los pochteca (comerciantes) como espías e informantes y proporciona argumentos suficientes para demostrar que Moctezuma no consideraba dioses a los españoles y que su táctica consistió en tratar de mantenerlos alejados con las formas de diplomacia conocidas en Mesoamérica, mientras organizaba la resistencia; esas formas conocidas eran el envío de regalos y embajadas, que funcionaron al revés, pues exacerbaron la codicia de Cortés[3] y su deseo de protagonizar la conquista y evangelización de América, introduciendo en ella sus devociones particulares, compartidas por los sacerdotes que lo acompañaban.
La tercer alternativa la proporciona Ross Hassig, quien después de estudiar las posibilidades alrededor de la invasión argumenta que Moctezuma tomó la decisión de no atacar a los europeos en 1519 porque los estaba estudiando, quería aprender de ellos “antes de emprender una guerra directa y porque necesitaba asegurarse de su control sobre los pueblos vasallos al este del imperio que se había desestabilizado por la invasión”[4].
Siguiendo este hilo Matthew Restall va más allá:
Como un gato que se divierte con un ratón, el emperador observó por meses a los conquistadores, poniéndolos a prueba, jugando con ellos. Estaba fascinado con esta castilla tlaca, estos caxtiltecas (‘gente de castilla’). Su meta no era ni destruirlos ni alejarlos, sino confundirlos, debilitarlos y llevarlos hacia él: para así poder coleccionarlos. Moctezuma no tenía miedo de los españoles, los estaba cazando.
En el corto plazo la estrategia funcionó. El emperador se apoderó pacíficamente de estas personas extrañas y los alojó en los edificios adyacentes al complejo de la colección real del zoológico[5].
Los argumentos que presenta Restall son muy interesantes. Sin embargo, quedan preguntas, ¿Cuáles fueron las intenciones de Moctezuma? Imposible saberlo, pero es mucho más creíble que haya sido una persona sabia y valiente, como hijo de su tiempo y su espacio, también, un déspota, tal como lo era Carlos Primero de España y Quinto de Alemania. La estructura del poder, la idea de que los gobernantes eran una especie de casta divina pertenecía a la época, allende el mar y acá, los campesinos, artesanos, llamados en Tenochtitlan macehuales, sufrían la explotación del trabajo y las malas condiciones de vida, impuestas por un emperador o tlatoani, una clase de nobles gobernantes, sacerdotes que justificaban el orden existente y ejércitos que cuidaban sus intereses.
En su camino al altiplano, los invasores fueron atacados en diversos lugares, en Tlaxcala estuvieron a punto de ser derrotados, sin embargo, ante el riesgo de que las huestes europeas y totonacas comandadas por Cortés pudieran aliarse con los mexicas, el consejo de los cuatro altépetls decidió pactar, negociando las condiciones. Cómo símbolo de la alianza se levantaron cruces en Tlaxcala, igual se había hecho en Cempoala, en Jalacingo (Veracruz), después en Cholula.
En Tenochtitlan, los invasores actuaron con cautela; a pesar de su interés por adueñarse de la ciudad, cuyo primer paso era la conversión del Tlatoani y establecer un culto cristiano público, Moctezuma resistió “…a todos estos discursos, a todos los sermones del padre Olmedo, a la charla del paje Orteguilla, con todo y afecto que les había cobrado. No deja de seguir yendo al templo y hace sus sacrificios humanos como antes”[6]. Con la tolerancia que se practicaba en Mesoamérica accedió a que Cortés instalara una capilla en su propio albergue y erigiera afuera una cruz, alrededor de la cual se ofició misa hasta que se acabó el vino de consagrar, después de eso siguieron rezando y cantando el Ave María, varias veces al día.
Los invasores que habían realizado alianzas con muchos pueblos tributarios fueron haciéndose de información y poder, sobre todo les interesaban los lugares donde había oro; sintiéndose seguro y tal vez para mostrar su gran poder, Moctezuma fue exhibiendo sus dominios:
Estando Cortes e otros capitanes con el gran Montezuma teniendole palacio, entre otras platicas que le decia con nuestras lenguas, dona Marina y Jeronimo de Aguilar e Orteguilla, le pregunto que a que parte eran las minas e en que rios e como y de que manera cogian el oro que le traian en granos, porque queria enviar a vello dos de nuestros soldados, grandes mineros. Y el Montezuma dijo que de tres partes, y que de donde mas oro le solian traer, que era de una provincia que se dice Zacatula, que es a la banda del sur… E que ahora al presente que se lo traen de otra provincia que se dice Tustepeque, cerca de adonde desembarcamos, que es en la banda del norte, e que lo cogen de dos rios, e que cerca de aquella provincia hay otras buenas minas en parte que no son sus subjetas, que se dicen los chinantecas y zapotecas, y que no le obedecen; y que si quiere enviar sus soldados, que el dara principales que vayan con ellos[7] (en todos los casos de citas textuales se respeta la ortografía original).
Cortés le dio las gracias y mandó al capitán Gonzalo de Umbría a Zacatula; a Francisco Pizarro (que después invadiría el Perú) a Tuxtepec, con soldados, principales y guerreros tenochcas, que fueron mostrando y abriendo caminos. Además le dio en “un pano de henequén, pintados y señalados todos los rios” desde Pánuco hasta Tabasco, el río Coatzacoalcos estaba marcado como profundo y allá fue un grupo bajó el mando de Diego de Ordaz, con indios guerreros y principales mexicas. Moctezuma les advirtió que hasta Coatzacoalcos no llegaba su Señorío “Y que antes de llegar aquella provincia, toparia con sus guarniciones de gente de guerra que tenia en la frontera, y que si los hobiese menester, que los llevase consigo…”[8]
Así, poco a poco, los capitanes europeos fueron obteniendo información y consolidando alianzas. Mientras, Moctezuma empezaba a tener diferencias con los aliados, principalmente con Cuitlahuac (hermano de Moctezuma y Tlatoani de Iztapalapa) y Cacama (el tlatoani de Texcoco), que querían acabar con los invasores. ¿Qué estaba pensando Moctezuma? Tal vez agrandar sus dominios usando a los europeos, de ser así la narración sobre su captura es un cuento, quizá se fue voluntariamente para garantizar que no matarían a los capitanes de Cortés en el camino. A estas alturas, imposible saberlo. De manera imperceptible Moctezuma se fue aislando y los europeos fortaleciéndose. Lo que viene después tal vez sea una fantasía, pero como lo cuenta Bernal Díaz, se los cuento. Un día, poco después de que descubrieran el tesoro en el palacio de Axayacatl, cuatro capitanes y doce soldados apartaron a Cortés de la iglesia para que:
…mirase la red y garlito donde estabamos y la gran fortaleza de aquella cibdad, y mirase las puentes y calzadas y las palabras y avisos que por todos los pueblos por donde hemos venido nos han dado, que habia aconsejado el Huichilobos a Montezuma que nos dejase entrar en su cibdad e que alli nos matarian. Y que mirase que los corazones de los hombres que son muy mudables, en especial en los indios, y que no tuviese confianza de la buena voluntad y amor que Montezuma nos muestra, porque de una hora a otra hora la mudaria, cuando se le antojase darnos guerra, que, con quitarnos la comida o el agua, o alzar cualquiera puente, que no nos podriamos valer… Y pues es cosa de ponderar todo esto que le deciamos, que luego sin mas dilacion prendiesemos al Montezuma, si queriamos asegurar nuestras vidas, y que no se aguardase para otro dia…[9]
Cuando fraguaban esa traición, sus aliados tlaxcaltecas llegaron con el mensaje de que habían matado a Juan de Escalante, a quien Cortés dejó como alguacil mayor de la Villa Rica de la Veracruz, junto con él a seis soldados y a muchos indios totonacos que llevó en su compañía, además, en Cempoala estaban tan alterados que ya no querían abastecer a la guarnición que quedó en la Villa.
Para comprender ese ataque mexica es necesario tener presente que, cuando los señores de Cempoala, Quiahuistlan y 30 pueblos más se aliaron con Cortés, dejaron de pagar el tributo en alimentos y bienes que daban a Tenochtitlan; esa situación no podía tolerarse por mucho tiempo, la contribución de los totonacos era muy importante para el bienestar del pueblo mexica, así que la confrontación era inevitable, es muy probable que todavía en pleno uso de sus poderes Moctezuma ordenara a algunos de sus mejores guerreros, comandados por el valiente Cuauhpopoca (águila que humea), a que recolectaran el tributo.
En nombre de los mexica, Cuauhpopoca ordenó a los 30 pueblos totonacas que pagaran el tributo semestral que se había pactado, de otra manera sus altepetls serían destruidos por sus guerreros; los totonacos que se sentían protegidos por Escalante, se negaron en franca rebeldía. Cuauhpopoca no toleró la rebelión y comenzó a asolar los altepetls, no se andaban con cuentos, la destrucción fue brutal.
Muy asustados, los totonacos se quejaron con Escalante acusando a los mexicas de robar sus provisiones y destruir sus tierras; el Capitán español, que había recibido órdenes precisas de Cortés de proteger a los aliados, menospreciando la capacidad bélica de los guerreros mexicas, les envió mensajeros para que dejaran de robar y de causar desolación en aquellos pueblos, ya que así lo habían acordado con Moctezuma y que si persistieran en sus latrocinios les haría la guerra, además de exigirles que se retiraran, les reclamó una indemnización en oro. Cuauhpopoca no sólo se negó, sino que contestó “que en el campo los hallaría”.
Escalante convocó de inmediato a todos los pueblos amigos de la Sierra para que llegaran con sus armas; con los 40 soldados sanos que tenía y dos mil indios totonacos atacó las guarniciones comandadas por Cuauhpopoca, los guerreros mexicas atacaron al contingente con furor, enfrentándolo en Almería, muy cerca de Nautla. Escalante pronto se dio cuenta que estaba en desventaja, mal herido y con su contingente devastado, ordenó la retirada, los totonacos huyeron en desbandada. El leonés Juan de Argüello fue capturado por los mexicas y decapitado. Antes de retirarse Escalante prendió fuego al pueblo de Almería, quemando las casas (con toda la población civil, tan despiadados los mexica como los europeos), allí descansó un poco para tratar de recuperarse de sus heridas. Volvió a la Villa Rica y a los tres días murió.
Para Cuauhpopoca, aquella batalla representó más que una victoria, pues logró capturar vivo a uno de los soldados españoles de apellido Argüello, quien fue decapitado por el capitán mexica. Para enmarcar aún más su hazaña, Cuauhpopoca envío un comité a Tenochtitlan con la cabeza de Argüello para que fuera mostrada a Moctezuma y éste pudiera ver que aquellos eran tan vulnerables como cualquier hombre[10].
Pero Moctezuma ya no estaba en condiciones de premiar a ningún guerrero, antes de que los emisarios de Cuauhpopoca llegaran con Moctezuma, aliados Tlaxcaltecas avisaron a Cortés a quién todo se le acomodaba, o lo acomodaba Bernal al escribirlo, pues las casualidades surgían como por encanto para justificar la prisión de Moctezuma que habían acordado el día anterior. Así que a la mañana siguiente, avisó Cortés al emperador que iría a verlo con cinco capitanes, sin comentarle que estaban armados, entre ellos iba Bernal, faltaba más, y empezaron las recriminaciones:
Senor Montezuma, maravillado de vos estoy, que, siendo tan valeroso principe y haberse dado por nuestro amigo, mandar a vuestros capitanes que teniades en la costa cerca de Tuzapan que tomasen armas contra mis espanoles, y tener atrevimiento de robar los pueblos que estan en guarda y mamparo de nuestro rey y senor, y demandalles indios e indias para sacrificar, y matar un espanol, hermano mio, y un caballo[11].
Según Bernal, allí mismo reclamó Cortés la supuesta emboscada de Cholula,y le ordenó que calladito y sin alborotar se fuera con ellos a su aposento, que allí sería servido, que de otra manera en ese momento sus capitanes le matarían. Moctezuma alegó que jamás había mandado a sus capitanes que atacaran a los españoles, se comprometió a llamarlos para castigarlos. En cuanto a ir preso, que no era su voluntad salir, discutieron cerca de media hora, hasta que Juan Velázquez a voz en cuello gritó: «Que hace vuestra merced ya con tantas palabras? !O le llevamos preso o dadle hemos de estocadas![12]
Y salió Moctezuma de su palacio como el gran Señor que había sido, diciendo que Huitzilopochtli le había hablado para aconsejarle que estuviera en los aposentos en que estaban hospedados los españoles, y en sus “ricas andas” le llevaron preso. Moctezuma supo que había perdido. Los guerreros que mataron a Escalante, fueron requeridos por los españoles para ser juzgados. Moctezuma autorizó a Cortés para que coordinara la detención y arresto de Cuauhpopoca, sobre ello nos dice López de Gómara.
Veinte días andados después que Moctezuma fue preso, volvieron aquellos sus criados que habían ido con su mandado y sello, y trajeron a Cualpopoca y aun hijo suyo, y otras quince principales personas, que, según hallaron por pesquisa, eran culpados y participantes en consejo y muerte de los españoles. Entro Cualpopoca como gran señor que era, y en unas ricas andas que traían a hombros criados y vasallos suyos; y luego que habló a Moctezuma, fue entregado a Cortés con el hijo y los quince caballeros. Él los apartó y examino estando con prisiones, y ellos confesaron que habían muero los españoles en batalla. Preguntado Cualpopoca si era vasallo de Moctezuma, respondió:
“¿Pues hay otro señor de quien poderlo ser?” […] Cortés le dijo: “Muy mayor es el rey de los españoles que vos matasteis sobre seguro y a traición; y aquí lo pagaréis”[13].
Hay contradicciones entre las distintas versiones, así que presento una visión de los hechos, siguiendo básicamente a Bernal Díaz. Parece ser que el objetivo de Cortés era saber si los ataques habían sido ordenados por Moctezuma, pero cautivos lo negaron. Cortés ordenó colocar diecisiete postes para los sentenciados, y ordenó quemarlos vivos a fuego lento. En medio de su sufrimiento, Cuauhpopoca confesó que el ataque había sido ordenado por Moctezuma, tal vez en venganza contra éste, por haber traicionado al único que se atrevió a enfrentar y derrotar a los españoles. A partir de aquí, Moctezuma quedó a merced de Cortés.
Bernal Díaz asegura que los guerreros confesaron haber sido enviados por Moctezuma para hacer la guerra y cobrar tributo y si algunos “teules” se oponían también a ellos había que hacer la guerra. Cortés hizo saber a Moctezuma la confesión de los guerreros, y el castigo que merecían de acuerdo con las leyes de España, “la persona que manda matar a otros, sin culpa o con culpa, que muera por ello”, pero, en su disimulo, con voz zalamera le comentó que por el cariño que tenía al emperador, lo perdonaría, no así a los jefes guerreros que fueron condenados a muerte y quemados en la hoguera, mientras morían, puso grilletes a Moctezuma.
Los europeos que condenaban los sacrificios humanos que se hacían en Mesoamérica con la idea de mantener vivo el universo, no retrocedían ante la tortura y el asesinato en la hoguera para mostrar su poder.
Así murieron Cuauhpopoca, su hijo y quince principales más. Así fue hecho prisionero Moctezuma, así la historia nos enseña que al final, los déspotas, son tigres de papel.
El castigo se supo en todas las provincias. Cortés mando como teniente para cuidar la Villa Rica al soldado Alonso de Grado, “muy entendido y de buena plática y presencia y músico y gran escribano”, que había sido partidario de Velázquez y contrario a Cortés: “He aqui, senor Alonso de Grado, vuestros deseos cumplidos, que ireis agora a la Villa Rica, como lo deseabades, y entendereis en la fortaleza; y mira no vais a ninguna entrada, como hizo Juan de Escalante, y os maten».
Alonso de Grado suplicó por la vara de alguacil mayor como la tenía Escalante, pero en su doble juego Cortés le contestó que la había dado ya a Gonzalo de Sandoval. Al llegar a Veracruz, Alonso de Grado, que se había mareado con el poco poder que le confirieron, quiso hacerse servir por los vecinos, solicitaba joyas de los pueblos e indias hermosas y conspiraba contra Cortés para entregar la tierra y posesiones a quién llegara en nombre de Velázquez. Así que casi de inmediato fue sustituido por Gonzalo de Sandoval, que mandó a de Grado preso a México.
[1] Bernal Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, Cap. LXXXVIII, edición de Guillermo Seres, en su versión electrónica, anoto los capítulos en lugar de las páginas para que puedan consultarse de manera fácil y rápida. www.rae.es/sites/default/files/Aparato_de_variantes_Historia_verdadera_de_la_conquista_de_la_Nueva_Espana.pdf
[2] León Portilla Miguel, El reverso de la conquista, Relaciones aztecas, mayas e incas, Editorial Joaquín Mortiz, México, 7ª edición, 1980, p. 20
[3] Montel Jaime, La conquista de México Tenochtitlan, Planeta, México, 2001
[4] Hassig Ross, Mexico and the Spanish Conquest, 2da edición, Norma, University of Oklahoma, press, 2006, p. 93, citado por Mathew Restall, ver nota 5.
[5] Matthew Restall, Cuando Moctezuma conoció a Cortés. La verdad del encuentro que cambió la historia, Editorial Arte y Cultura, Madrid, 2019, p.178
[6] Reproduzco la síntesis que Robert Ricard hace de Bernal Diaz. Ricard Robert, La conquista espiritual de México, Fondo de Cultura Económica, 5ª reimpresión, México, 2000, p. 80
[7] Bernal Díaz, capítulo CII
[8] Bernal Díaz, capítulo CII
[9] Bernal Díaz, capitulo XCIII
[10]Quién fue Cuauhpopoca, el primer soldado mexica que derrotó a los españoles. https://matadornetwork.com/es/quien-fue-cuauhpopoca-el-primer-soldado-mexica-que-derroto-los-españoles
[11] Bernal Díaz, capítulo XCV
[12] Bernal Díaz, capítulo XCV
[13] López de Gómara Francisco, Historia de la Conquista de México, Biblioteca Ayacucho, Caracas, capítulo LXXXVII, p, 139-140
Imagen de portada: Sacrificio de españoles por mexicas. Óleo sobre tela (1898). | Autor: Adrian Unzueta. | Foto: Leonardo Hernandez / Munal.
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