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Cuba. Unidad, independencia, soberanía y solidaridad

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Alfonso Díaz Rey*

Viernes 15 de enero de 2021

 

«La tiranía ha sido derrocada, la alegría es inmensa y sin embargo queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizá en lo adelante todo sea más difícil».

– Fidel.

 

A partir del primer día de este enero Cuba vive y recorre el año sesenta y tres de su Revolución. No se equivocó Fidel cuando el 8 de enero de 1959, desde el Cuartel Columbia, hoy Ciudad Libertad, expresara al pueblo las palabras que sirven de epígrafe a estas líneas.

Prácticamente desde el triunfo de la Revolución el pueblo cubano ha vivido asediado, amenazado y atacado por la mayor potencia militar del planeta, el objetivo: derrocar al gobierno revolucionario y retomar el control político, económico social y cultural del país y el pueblo cubano mediante la imposición de un gobierno títere alineado a los designios de Estados Unidos.

El imperio ha echado mano de innumerables vías para alcanzar su objetivo, entre otras: financiamiento y armamento a bandas contrarrevolucionarias, terrorismo, una invasión militar, ataques químicos y biológicos, intentos de asesinato a líderes de la Revolución, aislamiento diplomático, bloqueo económico, comercial y financiero, aliento y financiamiento a contrarrevolucionarios internos y externos; últimamente su intento es a través de acciones que corresponden a lo que se conoce como golpe blando. 

Tras la caída y desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa del este, sus principales aliados y socios comerciales, el acoso se recrudeció y adquirió niveles de genocidio; la contrarrevolución creyó que había llegado la hora de la revancha: la interna, esperanzada a la de afuera, y la de Miami hizo maletas y desempolvó planes para retornar a sus antiguos privilegios y trapacerías; la primera continúa con su esperanza y la segunda tuvo que deshacer maletas, y los planes, una vez más, volvieron a empolvarse.

Superada esa etapa, el periodo especial, sin que disminuyera el acoso del imperio, y desde entonces cada vez con mayores dificultades, Cuba ha continuado desarrollándose. Para los pueblos y países subdesarrollados es un ejemplo de lo que con unidad, independencia y soberanía, pese a las condiciones a que está sujeta, se puede lograr.

Aun en las condiciones de un país acosado y bloqueado, Cuba ha compartido solidariamente con otros pueblos lo que tiene, no lo que le sobra, y en el área de la salud brinda su solidaridad a países con muchos más recursos que los de la isla caribeña. Durante la crisis sanitaria actual, el mundo entero ha sido testigo de la solidaridad cubana. 

Esa solidaridad, en tiempos de esta grave pandemia, se brinda en el contexto de una ofensiva mediática orquestada por el gobierno de Donald Trump para desacreditar a los contingentes de trabajadores cubanos de la salud que, a riesgo de sus vidas, prestan servicios en países severamente afectados por la Covid-19.

Y precisamente ese gobierno, alentado por los contrarrevolucionarios cubanos cuya mayoría radica en el estado norteamericano de Florida, ha convertido en obsesión el deseo de ver a una Cuba sumisa a los intereses del imperio yanqui, razón por la cual no ha habido una semana durante el gobierno de Trump en que no se haya dictado una medida contra la mayor de las Antillas. 

Ahora, al final de su mandato, Trump tiene la desfachatez de designar a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, precisamente después de incitar a “terroristas domésticos” a la toma del Capitolio en Washington para obstaculizar el reconocimiento a quien será su sucesor, Joe Biden, y a poco más de nueve meses del ametrallamiento a la embajada cubana en Estados Unidos, sin que hasta la fecha el gobierno norteamericano haya condenado tal hecho.  

El 1 de enero de 1959 se derrumbaron los fatalismos históricos y geográficos y la teoría de la imposibilidad de una Revolución en el área que el imperio yanqui considera de su influencia. La enorme dependencia que en aspectos políticos, económicos, tecnológicos, sociales y culturales tenía Cuba de Estados Unidos hizo pensar a los yanquis, y a mucha gente, que la Revolución sería efímera y que la «normalidad» anterior al 1 de enero de 1959 pronto retornaría. 

Se equivocaron rotundamente. Esos sesenta y dos años transcurridos muestran la inquebrantable unidad, voluntad y capacidad del pueblo cubano y su dirigencia para, no obstante el acoso imperial, defender su independencia, libertad y soberanía, y ser los únicos que decidan su presente y futuro.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Fidel Castro acompañado por Ernesto ‘Che’ Guevara (izq) y Camilo Cienfuegos (der) durante su discurso del 8 de enero de 1959 en La Habana. | Foto: La Guantanamera.






Luis López




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