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Curso urgente de Política para gente decente, reseña

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SOMOSMASS99

 

Pepe Ramírez*

Miércoles 13 de julio de 2022

 

El libro Curso urgente de Política para gente decente, de Juan Carlos Monedero[1], se publicó originalmente por Editorial Planeta España, en 2013. Consta de nueve capítulos, cada uno con reflexiones de temas como democracia, partidos políticos, política y ciudadanía, el Estado, entre otros. Cierra cada capítulo, Monedero, con un ejercicio titulado Tarea para pensar la democracia en Casa. A manera de introducción al texto, dos documentos: el primero titulado El libro que quería ser una subversiva caja de herramientas y, uno más, Noticias desesperanzadoras de P, Disculpen las molestias pero la ciudad estaba abajo. A manera de colofón, cierra el libro con el documento Noticias esperanzadoras de P. Gente decente que se ha puesto en marcha. 

Juan Carlos Monedero se presenta en el texto tal cual es: un hombre que habla y escribe con enorme pasión. Nos lo deja claro en el capítulo 2 (No era verdad que fuéramos tan egoístas). Dice Monedero: “la posición emancipatoria ante la crisis de civilización no puede ser meramente racional. También reclama su contenido emocional… ¿Puede ganarse con la razón a quien está pidiendo corazón? “«se pregunta» (p. 54). Y recurre al filósofo Spinoza, de quien cita: “una emoción que acarrea consecuencias negativas sólo puede ser contrarrestada por otra emoción aún más fuerte” (p. 55). Una vez que usted se haya acercado a este libro, coincidirá conmigo, amable lector, que el texto de Monedero está permeado de principio a fin por una enorme emocionalidad. ¿Qué piensa usted de este párrafo, que bien podría ser, amén de un decálogo, un himno?: “Sed buenos. Sobre todo con vosotros mismos. Apagad la televisión, leed algo o leed más, desconfiad de quienes os quieren entretenidos y no haciéndoos preguntas. Cuestionaos si no habrá gente aprovechándose de vuestra renuncia a la política. Mirad como enemigos a los que os quieren alienados con latigazos de falsa felicidad y con proyectos sin médula. Siempre habéis estado en los momentos brillantes de la historia. Dejad que se equivoquen los que os dan por perdidos. Contadnos más cosas. Bajad a las plazas. Cantad vuestras verdades, dudad de las certezas que os repudian. La gente decente sabe cosas que al principio cuesta entender. Insistid. Sed el trueno después del relámpago” (p. 145).

Dan ganas de compartir, página a página, línea a línea, la pasionalidad discursiva de Monedero. El problema está en el espacio, en el breve espacio que permite esta modestísima publicación. La Tarea para pensar la democracia en casa IX, no tiene desperdicio: es un poema. Leo y releo. Siete páginas, no más, colmadas de palabras y frases, bien puestas, bien dichas, que nos hablan de esa necesidad de trasladar la política a las cosas que merecen la pena: lo cotidiano. Dice Monedero que las cosas que importan en la vida no son simples mercancías esperando que alguien las convierta en valor de cambio. Con justa razón lo afirma. Por lo tanto “le pedimos a la sociedad que nos deje convertir en acontecimientos las minúsculas esquinas de la cotidianeidad. Lo frívolo y lo eterno. No morirnos de hambre ni de vulgaridad. Habitar en lo que es más grande que nosotros y colaborar en su armazón siendo nosotros mismos. Un proyecto de sentido. Por tanto, colectivo” (p. 233). Y, de esa reflexión racional, pasa, por cuatro páginas delante, a reseñar el sentido de la vida: “El primer trago de cerveza. Que un niño busque tu mano cuando vas por la calle. Recomendar algo a un amigo y que le encante. La risa contagiosa. Que tu hija duerma mientras le haces cosquillas en la espalda… Comer un helado con los ojos cerrados para que el calor te cobije y el frío te reconforte… Sentarse en el balcón a contemplar la vida… Quedarte dormida oyendo llover… El amor, aunque me vuelva imbécil…” (p. 233). Uffff, decenas de frases, tiernas, amorosas, sutiles, bellas, simples, comunes, empáticas. Frases e ideas tuyas, mías, de todos. Y es que, sugiere Monedero, la política debe trasladarse, desde el entronamiento de los políticos y sus instituciones y sus jefes, a lo cotidiano, a lo que justamente nos identifica a unos con otros. “Hacer política −dice− como si nos fuera en ello la vida. Urgencias de una manera diferente de recuperar la política que nos robaron los mercaderes de la democracia…” (p. 235).

Pido una disculpa, he dado un salto olímpico: de la introducción del libro a su colofón. Pero es que, desde mi lectura del texto es ésta, la Tarea IX, la que da sentido a toda la reflexión precedente. Es el “para qué” de las teorizaciones y aseveraciones previas. Al final, el sentido del para qué de la política es el ser humano que lo es en función de su adscripción a una colectividad. Esta aseveración (la sociedad que le da sentido al hombre, que engendra al hombre, que hace del homo un sapiens) es una premisa y una constante en el texto de Monedero. 

Está bien, regresemos al principio. ¿Lo hacemos a manera de ráfagas? (así escribe el autor: ráfagas de ideas, frases, palabras que, pareciendo muy sueltas en un principio, van adquiriendo un enorme sentido conforme avanzamos en la lectura). Va: 

En la Introducción a la introducción. El libro que quería ser una subversiva caja de herramientas. Reinventemos las palabras de la política, dice el autor:Convirtamos las palabras, con urgencia, en cubos de agua fría que caigan sobre nuestras templadas cabezas. El sistema capitalista no puede funcionar como Estado social y democrático de derecho. La democracia y el bienestar de unos van a convertirse en la dictadura y miseria de otros. La economía de mercado no necesita ir acompañada de democracia. Vayamos a la sub-versión, la versión diferente a la oficial que busque el punto de vista de los de abajo. Este libro quiere ser una caja de herramientas que deja las desvencijadas habitaciones de la academia y baja a la calle donde la gente decente camina su vida. Gente decente que es la gente honesta, la que enfrenta el totalitarismo, la que está harta, la que no quiere vivir en la derrota ni triunfar por encima de nadie. La que se llena de coraje. La que aprende a no tenerle miedo ni recelo a la política porque entiende que la política somos, sobre todo, nosotros. La gente decente que quiere vivir una vida decente” (pp. 9-12)

En Noticias desesperanzadoras de P. Disculpen las molestias, pero la ciudad estaba abajo, Juan Carlos Monedero nos habla de la crisis de la democracia y de la necesidad de la recuperación de la política. “Vivimos en un tiempo en el que la gente decente anda perpleja, y los canallas, envalentonados” (p. 13). El siglo XX estuvo marcado por la política y amenazado por la economía. Regresó la economía y se exilió la política, reducida a meras cuestiones técnicas para transformar los votos en gobiernos. Algunos dijeron que el Estado había muerto. Pero no era verdad, sólo había cambiado de manos. Pensar en términos individuales es la forma más suicida de pensar la política. Las mayorías serán el combustible de los fogones de las minorías. Hay que recuperar la política contra los que organizan el silencio y conspiran para la indiferencia. 

En Panfleto desde el país de los perplejos. Razones para no entender nada o entenderlo todo (capítulo 1), Juan Carlos Monedero reflexiona sobre la crisis de la democracia y del capitalismo de nuestros tiempos con ideas como: “vivimos un tiempo opaco, el pueblo apenas es hoy una disfunción administrativa que decide muy poco. Vivimos en un mundo donde todos nos compramos y nos vendemos. Donde el sueño neoliberal −que cada cual se vea como la “empresa” de sí mismo− ha cuajado. Las piezas de este rompecabezas se juntan solamente en las elecciones, pero es un embudo con maneras arrogantes: en un extremo, toda la sociedad; en la parte estrecha, los elegidos. Hemos hecho del embudo toda una metafísica política llamada democracia. La democracia se ha vaciado de contenido, se reduce al voto. Confundimos la democracia con el espectáculo de la democracia. Vota y no te metas en política, es la consigna” (pp. 21-25). El momento de crisis actual se caracteriza por una pérdida de los “marcadores de certeza”: las leyes, la familia, el trabajo. Y ante ello pueden surgir nuevas formas de aprehender la realidad, nuevas perspectivas, tornar posible lo imposible. Una intención colectiva así, inhibe a los egoístas y empodera a los que cooperan y se llama Política. Pasar así de “una orquesta que escoge su partitura, que sabe que de las notas de la lógica capitalista sólo puede salir el ruido ensordecedor del todos contra todos”, a una “orquesta que echa los frenos de emergencia, empieza a afinar los instrumentos y empieza una nueva melodía” (p. 36).

En el capítulo 2 “No era verdad que fuéramos tan egoístas”, Monedero se da a la reflexión del hombre como ser social. Existen dos extremos en el ser humano: una parte nuestra que lucha por la supervivencia, a costa de todo y de todos, y una parte cooperante, que lleva la impronta genética de su condición de animal social. Hay dos grandes referencias respecto del cómo enfrentar lo inevitable: la muerte. Por un lado el miedo, por el otro la esperanza. Y la esperanza es una construcción que requiere lenguaje y capacidad para imaginar el futuro. Es un diálogo que necesita a los otros. El conservadurismo se vincula de manera más clara con el miedo. El progresismo, con la esperanza. Resume el capítulo así: “Tenemos la tendencia a la cooperación… pero hay marcos sociales que fomentan el depredador que también nos habita; el modelo neoliberal, sin ir más lejos, que convierte la sociedad en un campo de batalla de todos contra todos”(p. 68). 

Interesantísimo el capítulo 3, Las palabras tienen dueño o de los indios que bautizaron un cochino. Capítulo dedicado al lenguaje, a la recuperación del vocabulario. Ése que el neoliberalismo nos arrebató. El poder intenta denominar las cosas para apropiarse de ellas (piénsese en la invasión a nuestras tierras por parte del español y de cómo justificó la barbarie a partir de “bautizar” las cosas, animales y personas). “El que define, coloniza” (pag. 79). Hoy, una lista interminable de términos nos hablan del robo del diccionario que se ha realizado desde el poder: se dice ajuste de plantilla y no despido; minijob en lugar de trabajo de medio tiempo o por horas; alivio fiscal en lugar de exención y/o reducción de impuestos; tasa negativa de crecimiento en lugar de recesión; en lugar de guerra, misión humanitaria. No cualquiera puede construir realidades con los nombres. El sida, pone el autor como ejemplo, era una enfermedad de drogadictos, prostitutas, homosexuales y negros. Hasta que organizaciones de enfermos comenzaron a llamar a las cosas por su nombre. Pero, ¿quién nos ha arrebatado el diccionario? Think tanks, medios de comunicación, estudios cinematográficos, la industria del ocio en general, partidos políticos, iglesias, profesores, fundaciones, grupos de expertos, falsos periodistas, los reality shows. “Conquistas, llevas el lenguaje, procuras que no se les vaya el santo al cielo, les haces entonar con recurrencia su «mea» culpa y logras finalmente que los conquistados digan a todo «amén». Sanseacabó (p. 87). Por ello hay que recuperar el diccionario robado, ir a los orígenes de las palabras, dar nombre a cosas y fenómenos (el imperialismo es imperialismo y sanseacabó). Un buen programa de trabajo político debe contener la reapropiación del lenguaje… “para que digamos democracia y, como en los designios de un genio de la lámpara, se haga la democracia (p. 89)”. 

En el capítulo 4, ¿Qué es política?, ¿Qué es democracia? se profundiza en el tema de la política desde muchos ángulos. La política es una ciencia, dice Monedero, más también un asunto colectivo y una actividad que a todos nos afecta y que, por lo tanto, requiere de un compromiso de todos. La esencia de la política es el conflicto; así, politizar algo es hacer consciente el conflicto, el cual es inevitable entre los intereses de los individuos y grupos. Dedica parte del capítulo a hablar de temas inherentes a la política y democracia: la despolitización, el problema de la representatividad, “vota y no te metas en política” (p. 111), la conversión de los ciudadanos en clientes de los “políticos”; de democracia y partidos políticos, de la política como un ámbito técnico propio de los políticos. En fin, capítulo dedicado a revisar las ideologías, a las derechas y a las izquierdas… y al centro (y sus contradicciones). Es un capítulo amplio, bastante ilustrativo. Hay que darle su tiempo, leerlo párrafo a párrafo. 

En el capítulo 5, La cartelización de los partidos políticos y la profesionalización de los movimientos sociales, se vislumbran respuestas a la pregunta de “Qué hay que hacer”, más también a “Quién lo va a hacer”. Y es aquí donde Monedero le entra a la discusión de los partidos políticos (y los políticos). ¿Son los partidos organizaciones profesionales? ¿Cómo buscan los políticos profesionales su sobrevivencia? ¿Cómo influye la vida parlamentaria en el desdibujamiento de las ideologías partidarias? ¿Por qué se da cada vez más esa brecha entre partidos políticos y sociedad civil? Al hablar de la cartelización de los partidos, Monedero identifica algunas causas: diseminación de recursos públicos hacia los partidos, profesionalización del ejercicio de la política, creciente importancia de los medios de comunicación en el desarrollo de campañas electorales (restando importancia a la actividad del militante), entre otros. La cartelización de los partidos implica, necesariamente, una disminución de su carga ideológica identitaria. 

Menciona también la importancia de las redes sociales en la actualidad, cuáles son las principales críticas a los partidos políticos y cierra el capítulo con un tema central, los movimientos sociales como guardianes del genoma democrático y la caracterización de éstos. 

En el capítulo 6, El Estado que tanto puede: antes te mataba, ahora no te deja vivir…, define al Estado “…es movimiento histórico congelado en estructura” (p. 163), reflexiona sobre los mecanismos de adhesión y obediencia al Estado, a qué intereses responde, a quién escucha (para entender la complejidad del mismo) y de la importancia de una sociedad vigilante (para no vaciar la democracia), ya que un Estado que escapa al control de la sociedad, termina teniendo comportamientos privados “de manera que en el reparto de papeles los políticos se encargan de la cosa pública y la ciudadanía se dedica al consumo y al entretenimiento, al pan y circo, aunque con cantidades decrecientes de pan y un circo de ínfima calidad” (p. 173). 

Abreviemos. En el capítulo 7, Vivir en sociedad: Robinson Crusoe y la ciudad que llevamos dentro”, el analista español reflexiona acerca de la necesidad del colectivo para sobrevivir y de cuáles son los elementos articuladores de la sociedad: la economía (subsistencia material), la estructura política, el sistema normativo y la base cultural. La reflexión en torno al Robinson Crusoe de Defoe, tiene que ver con la tesis del capitalismo en cuanto a la magnificación del individualismo. 

En el capítulo 8, Democracias de tan baja intensidad, toca el tema de cómo los Estados Nacionales eran funcionales para el capitalismo keynesiano, pero ya no lo fueron para el capitalismo salvaje neoliberal, el cual requirió de la construcción de un Estado Transnacional. Éste debilitaría a los Estados Nacionales, los reduciría a su mínima expresión y despojaría de toda carga ideológica a los partidos políticos, convertiría a los parlamentos en órganos expertos y técnicos y no en órganos ideológicos, los periodistas deberían dejar de hacer periodismo de denuncia (los medios los adquirirían grandes conglomerados empresariales), los ciudadanos deberían desconfiar de los gobiernos, se privatizaría la educación superior (no más ciudadanos críticos), se moderaría la participación de los trabajadores en las empresas, se tendría un control administrativo, ideológico y hasta militar de la democracia. Termina el capítulo abundando en la tesis del “fascismo social”, una nueva forma de fascismo que no requiere de sacrificar a la democracia para promover el capitalismo. La ciudadanía, nos dice, ha asumido los fascismos sociales sin cuestionamientos mayores: el fascismo del apartheid, el fascismo del Estado paralelo, el fascismo paraestatal, el territorial, el populista, el de la inseguridad y el fascismo financiero. “Las democracias de baja intensidad son regímenes formalmente democráticos pero socialmente fascistas” (p. 201), dice tajantemente Monedero al cerrar el capítulo. 

Por último, en el capítulo No sabemos lo que queremos pero sabemos lo que no queremos: el mosaico de nuestra democracia, el autor abre diciendo “en tiempos de crisis económica, la compatibilidad entre el capitalismo y la democracia regresa como interrogante” (p. 207). Aquí desarrolla quizá la tesis central del libro: “las nuevas formas de democracia deben incorporar el valor menos utilizado de lo político durante la segunda mitad del siglo XX y que, a su vez, es el que más información porta: la ciudadanía crítica organizada en la pluralidad de movimientos sociales en busca de la organización política perdida o nunca hallada” (p. 211). Y abre la reflexión al papel de los movimientos sociales en los nuevos tiempos, al activismo desde esos movimientos a diferencia de la militancia partidaria, al quehacer necesario de los movimientos de los indignados con sus tres impulsos emancipadores: reforma, revolución y rebeldía. Es tiempo de apelar precisamente a la gente decente, termina Monedero. 

Una mirada crítica a la parte concluyente del texto da lugar al debate: ¿desde la centralidad que da Monedero a los movimientos sociales, dónde quedan los partidos políticos? ¿Qué tan poderosa puede ser la protesta social como para generar una representatividad seria en los parlamentos y cámaras? ¿Los movimientos sociales −ecologistas, feministas, pacifistas− impactan más allá de las leyes, en cambios estructurales, del modelo? ¿Los movimientos tienen como fin en sí mismos el de establecer vasos comunicantes con los partidos formales, fundamento de los sistemas políticos en prácticamente todo el mundo? ¿Se modificarán las funciones propias de los partidos políticos? ¿Los movimientos sociales, finalmente, se encuentran en un proceso de construcción de sus propios fines, de visualización de sus utopías, de reinvención de la política? Temas todos para reflexionar. El momento mexicano necesita de este debate. 

Es el texto de Monedero muy recomendable para entender los nuevos tiempos. Un manual que guía la acción política, que rompe dogmas partidarios y estrecheces de visiones del mundo. Sin duda, un libro de cabecera para el interesado en la teorización de la política, pero más para quien intenta contribuir a la transformación de la realidad. Sí, desde el dolor que siente aquel que es “gente decente”. 

P.D. No deje de revisar las tareas para pensar la democracia en casa. Nueve en total. Una por capítulo. Ciertamente son tareas retadoras.


Referencia:

[1] Juan Carlos Monedero es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Realizó estudios de doctorado en Alemania y trabajó −¿trabaja?− en el Departamento de Gobierno, Políticas Públicas y Sociedad Civil Global del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. Ha sido profesor invitado en numerosas universidades de América Latina y Europa. Entusiasta y apasionado colaborador en numerosos espacios de radio y televisión. 

La edición consultada para elaborar la presente reseña corresponde a la segunda reimpresión en México, de enero de 2020, de Ediciones Culturales Paidós.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

[email protected]

Imagen de portada: Juan Carlos Monedero. | Foto: Bendito Coraje.






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