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LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Jueves 26 de abril de 2018
Imelda el dolor lo revive todos los días. Cuando al despertar se da cuenta que su hija Dalia Jazmín Orozco Martínez ya no se encuentra, se la arrancaron, se la arrebataron y hoy el sufrimiento es eterno. El pasado 13 de febrero de 2018 fue el último día que la vio, cuando salió de fin de semana a Rodeo, Durango. Su novio la había invitado a pasar el fin de semana. Iban las tres, Dalia y sus dos pequeñas.
Una llamada el 15 de febrero de 2018 realizada, por una amiga de la jovencita, le hizo saber que desde el 14 de febrero nadie sabía nada de su hija. Que seguro algo había pasado. Imelda viajó de Coahuila a Durango. Al llegar al Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), en Rodeo, Durango, que fue adonde le indicaron que debía acudir. Sus nietas la recibieron. Todo era un caos. Imelda no sabía qué era lo que realmente sucedía. Sin embargo, muy en el fondo, algo le decía que Dalia no estaba bien. “Ella no habría dejado solas a sus pequeñas, las cuidaba mucho, siempre fue una buena madre”, detalla.
Durante todo el día las preguntas se agolpaban como incisivos pequeños cristales en la mente de Imelda. “Esperaba verla entrar, pensaba que andaba por ahí seguramente. Después yo misma me recriminaba porque nunca habría dejado desamparadas a las niñas. De pronto algo me decía que no estaba bien. Sentía que me volvía loca”, expresa. Era la una de la mañana con cuarenta minutos del 16 de febrero cuando le notificaron que la habían encontrado. En ese momento la madre se trasladó a la capital del estado. A las seis de la mañana fue recibida por el Ministerio Público. Inicia el cuestionamiento:
– ¿Su hija tiene tatuajes?
– Si.
– ¿Dónde?
– Uno en el pecho en forma de flor de loto y otro en la pierna.
– Sí, es su hija. Ahorita que terminen la necropsia se la entregamos.
La madre nunca la vio para identificarla. La recomendación del Ministerio Público fue que no entrara porque había muchos cuerpos, que mejor esperara hasta que se la pudiera llevar. “Debí verla, Frida. Sólo vi unas fotos que me mostraron”.

Dalia.
Durante el traslado a Coahuila, Imelda levantó la tapa de la caja. Entonces vio el rostro de su hija todo golpeado, con marcas casi imperceptibles que eran cubiertas por el maquillaje. “Pero ahí las tenía, yo la vi”.
Dalia Jazmín fue encontrada asesinada ya entrada la noche el 15 de febrero. Su cuerpo tenía heridas por arma de fuego y fue abandonado bajo el puente cercano a la comunidad conocida como el Casco, rumbo a la carretera al municipio de Mapimí, ya en el municipio de Hidalgo, Durango. Imelda desconoce qué fue lo que sucedió, sólo sabe que su pequeña hija sufrió mucho.
La joven madre se había separado del padre de las niñas. Durante un tiempo se mantuvo sola. Pero en diciembre de 2017 conoció a Cayetano e iniciaron una relación de pareja. A Imelda no le agradaba el sujeto. Ese instinto de madre le hacía saber que no era un buen hombre para ella. En múltiples ocasiones se lo dijo. “Nunca me hizo caso, Frida. Pero no fue su culpa que me la asesinaran, que me quitaran la tranquilidad y que ahora me convierta otra vez en madre con mis nietas”.
La última vez que la vio, Dalia le aseguró que ya iba a dejar a Cayetano. Sin embargo, ese último día, iba a reunirse con él.
Hasta hace unas semanas Imelda no había recibido atención de autoridad alguna. Después de algunas llamadas, las comisiones de Atención a Víctimas de las delegaciones en Durango y Coahuila se pusieron en contacto y recientemente empezó a recibir ayuda psicológica y legal.
Pero nada se la va a regresar: “Mi hija era una buena mujer, buena madre, ser humano. No andaba buscando que la asesinaran. Y lo único que estoy buscando es justicia. Pero parece que en este país no existe”.
Todos los días me mantengo en contacto vía WhatsApp con Imelda. El dolor es inenarrable. En alguna ocasión ya entrada la noche ha tenido la necesidad de hablar por teléfono, sólo para hacerme saber todo lo que está pasando. La negación. La cabeza da vueltas, con la voz desgarrada me hace saber del miedo que siente. Destruida me hace saber una vez más: “Mi niña no era violenta, huía de quien la lastimaba, era un ángel, le gustaba ayudar a los demás, a veces creo que ese día, tal vez, Dalia lo iba a dejar, porque no le gustaba que la lastimaran”.
Al colgar el teléfono siento el dolor y el sufrimiento de Imelda. La impotencia de saber que jamás la va a volver a ver. Es la voz desgarrada de la joven madre, a quien no puedo decirle nada, las palabras faltan y son cortas ante el sufrimiento. Que pasa las noches en vela. Que se mantiene viva porque sus nietas la necesitan bien. Que camina, respira y vive porque así debe ser. Pero que una vez más, una madre fue asesinada junto con su hija. Y eso a pocos les importa. El grito otra vez se ahoga ante la indiferencia social. Ante candidatos que ahora las usan de banderas políticas para prometer que acabarán con el feminicidio. Otra vez la demagogia, y el insulto a las familias porque ninguno de esos personajes que pretenden gobernar este país conocen una noche sin una de sus hijas, un minuto, SÓLO UNO, del dolor de estas familias.
#NIUNAMÁS #NOSEASINDIFERENTE
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
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@FridaGuerrera
Las fotos de interiores se publican con el permiso de la familia.
Imagen de portada: Avenida principal del municipio de Rodeo, Durango. | Foto: Facebook Comunidad Rodeo.
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