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De acá y de allá

Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 06/05/2019

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 6 de mayo de 2019

 

Esta semana se festeja el día de las Madres en México y yo estoy acá y mis hijos allá.

Que no importa mucho, ese día me es relativamente indiferente, el tráfico y caos en la ciudad me agobian, el precio de las rosas me indigna y los chocolates… bueno, esos sí me gustan.

Mis hijos saben que con un abrazo tengo. Y que si es diario, tengo más.

 

Pero esta vez, igual siento algo diferente.

Porque es la primera vez que yo estoy acá y ellos allá.

 

En estos meses fuera de casa, he tenido sólo cuatro veces imperiosas ganas de regresar a México:

Una, cuando a uno de mis hijos se lo llevó un coche de corbata. Todo está bien, era un Atos y mi hijo es un gigante.

Dos, cuando hubo balacera en la cuadra y me enteré minuto por minuto por el whats de vecinos y yo le avisé a la familia ¡No salgan! Todo está bien, fue cosa de  un vecino loco.

Tres, cuando uno de mis hijos estuvo toda la noche en urgencias. Todo está bien, es el mismo gigante que el del Atos, todo lo aguanta Y no será un camarón podrido el que lo tire.

Cuatro, cursando de hecho, cuando el mismo gigante fue internado por embolia pulmonar. ¿Habrá sido el Atos? ¿O el camarón? ¿O la vida?

 

Tengo ganas, te juro, de treparme a  un avión y ya, de dejar de estar yo acá y ellos allá.

 

No lo he hecho.

Del aeropuerto me separan varias horas, autobús, tren y tiempos de espera.

Y del avión me separa la lana.

Que si fuera de “Ven, urge”, pues tarjetazo doloroso, ¿verdad? Aunque hay que pagar hospitales y doctores.

 

Salí a la calle, la que tengo enfrente, miré al cielo y respiré. Pensé que estaba de alguna manera fuera de esas historias, fuera de mi vida,  en una especie de flotación ambigua, en la que me entero de las cosas, del sufrimiento o gozo familiar, de las diversas frases ocurrentes de las mañaneras, del asesinato de un niño, chiquito, baleado, matado y rematado, y aun así no lloro. No tanto pues.

Porque acá las gaviotas siguen volando.

Y también pensé, mientras me enfilaba al mercadito, pasando al lado del mar, marea alta, en los que no pueden decidir. En los que dejaron su país y no pueden, la lana te digo, o no deben, las matanzas, ¿verdad?, el hambre, el miedo y esas cosas, no pueden pues, ni deben regresar, aunque se les atravesara una tarjeta de crédito milagrosa.

Y pensé, ya regresando del mercado, -traje fresas-, en los franceses que se están queje y queje, y eso que a ellos nadie los asesina, ni los persigue, ni les roba la lana de los impuestos. En que llegan a los hospitales y no pagan nada, aunque a veces no haya lugar, ya lo sé.

Y la verdad, qué bueno que se quejan, caray. Porque también se mueven, no andan nada más en Facebook ni twitteando memes, andan haciendo y deshaciendo. Sin corromper, dicen. Sin matar, nos consta.

Tal vez si hiciéramos lo mismo allá, en México, nuestras gaviotas, -las nuestras, no aquella-, nuestras gaviotas seguirían destacándose en el cielo, blancura deslumbrante, libertad en movimiento, volando.

Porque eso de “Todo está bien”, es una mentira. Porque allá, todo anda chueco. Porque puedes atropellar a alguien y darte a la fuga sin problemas. Porque puede haber balacera cada día en tu cuadra y a nadie le importa. Porque puedes ser una cadena de comida muy nice y servir camarones viejos, y nadie te vendrá a decir nada.

Porque se puede balear a todos en una fiesta, y ensañarse sobre un  pequeño, de un año, y no importa.

Está todo bien como el rollo ése de los tamales, ¿sabes?, “ … pues si el tamal está bien, resulta que no es-tá mal. Más si el tamal no está bien, el que lo come es-tá mal…” [1].

Tons, igual este viernes me da por regresarme.

Y probablemente no lo haga.

Por la tarjeta, el horario del autobús, el pequeño asesinado, los migrantes de acá y las gaviotas.

Porque quiero que no me importe tanto tanto.

Aunque estén todos tan allá y yo tan acá.

Bretaña Francesa. Mayo de 2019.


[1] Extracto de un poema de Celedonio Junco de la Vega.

* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Fotos de portada e interiores: Anaïck Lentz.






Luis López




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