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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 9 de abril de 2018
Que el presidente de Perú renunció a su cargo hace unos días. Que para que no lo destituyeran. Corrupción es la palabra que más se oía seguida por la de Odebrecht, moderno barbarismo. Dicen que prefirió bajarse solito de su pedestal, un día antes del voto del Congreso de su país. El resultado de ese voto no era evidente. Una cosa es la corrupción, otra la destitución…
¿Supiste?
Que a uno de los ex presidentes de Francia lo están investigando, acusando y medio enjuiciando. Medio, porque todavía no. Que por corrupción. Por aceptar lana de Gadafi para su campaña de hace años, 50 millones de euros nada más. Se lo llevaron, al ex presidente, no al dictador, que de todas maneras a ése ya se le han de haber podrido huesos y tripas, se lo llevaron pues para interrogarlo muy de cerquitita.
¿Viste?
Que a uno de los ex presidentes de Brasil lo metieron a la cárcel, doce años y un mes. Andaba él tan feliz pidiendo votos para otro mandato y que lo paran en seco. Dicen que tal vez no pise suelo de presidio tanto tiempo, que tal vez lo salven sus abogados y sus enamorados, porque es aquél, el que viajó de país en país diciéndole a la gente cómo hacer las cosas bien. Seguro no hablaba ni de contratos ni de departamentos nuevos.
¿Oíste?
Odebrecht. Gadafi. Petrobras. Palabras extrañas, castigos insólitos.
Lana, lana, lana. Sube. Baja.

Sí, sé qué piensas. Eso es allá, no acá.
Pero vale la pena soñar ¿no?
Y luego que al gendarme que mataron el otro día en un atentado le rindieron homenaje nacional, un minuto de silencio en todo el país, banderas a media asta.
¿No te enteraste?
Es que fue en Francia, lejos de nosotros.
Un integrante del Estado Islámico, como se hacen llamar, se metió a un súper de los normalitos, en un pueblo de los normalitos, y mató a dos personas. Ya había matado a otra, ese mismo día, en otro lado. Llegaron las fuerzas del orden y un gendarme, Arnaud Beltrame, se ofreció para tomar el lugar de uno de los rehenes dentro de la tienda, la última prisionera que quedaba de hecho. Y murió.
Como dicen cuando lo dicen en las noticias, en cumplimiento de su deber.
Que no sé qué tanto podía ser su deber tomar el lugar de esa mujer. Pero lo hizo. Y gracias a él, salvó la vida esa mujer y detuvieron al asesino. En seco lo detuvieron porque ahí mismo lo mataron.
Y sí, homenaje, discursos, reportajes en todos los noticieros, a nivel nacional, sobre el teniente coronel, quién era, dónde vivía, qué pensaba. Homenaje en el Patio de Honor de un palacio de París, Les Invalides. Discurso del presidente. Gente por todos lados, llorando, dando gracias al hombre, y observando a la cuasi viuda, que el hombre se iba a casar en junio. En la misma iglesia en dónde le celebraron su misa de difunto.
¿A qué voy?
Que él es un ejemplo, de esos que para muestra bastan un botón y una mirada, de que un pueblo puede confiar en su policía. Y de que le es agradecido. Y no nada más el pueblo, las autoridades también. De que se dice su nombre, circula su foto y se le rinde honores.
De que no es estadística, como nuestros policías muertos el martes, el domingo, por la noche o de día…
De que son muchos los que no aceptan lana pa’l chesco.
Sí, te oigo otra vez, eso es allá, y nosotros estamos acá. Y sí, allá le hacen mucho ruido a los atentados. Y sí, lo que a nosotros nos toca es mucho muerto cuando hacemos ruido.
Y te digo otra vez: se vale soñar ¿no?
Porque acá tenemos jacarandas y bugambilias.
Y obispos que hacen pactos con el narco, que por lo visto sus rezos no alcanzan.
A ver si de una vez nos mandan al Papa, para que sea nacional el pacto…

* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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