SOMOSMASS99
ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 22 de julio de 2019
Hoy toca ensalada.
Tantito de todo y aderezo para unir el asunto.
Platos chicos y bocas grandes.
Empiezo por la salida de unos amigos de México. Se fueron a Canadá, a trabajar. A él lo invitaron: es un investigador reconocido en algo así como biología o química, no me preguntes, y le ofrecieron buen sueldo, casa, seguro y calidad de vida. Ella, la esposa, se va sin nada, más que la casita y la hijita, siendo que en México es jefa de un laboratorio de investigación genética. Los dos, en México, trabajaban en dependencias del gobierno. Él temía por su plaza, con tanta austeridad ¿verdad? Y ella… A ella le confirmaron que no habría recorte de presupuesto, pero que lo que le habían dado para el primer año del sexenio le tenía que durar seis. No su sueldo: el presupuesto para que el laboratorio funcione. Entonces, se van, se van, se fueron.
Ellos serían algo así como la lechuga partida en trozos, con las manos, que con cuchillo agarra sabor a metal.
Luego, las aventuras de una amiga en la clínica familiar que le corresponde, urgencias. Platica su historia, que sólo fue de una tarde-noche, como si hubiera descendido a los infiernos, con sus círculos y todo. Y tiene razón, porque no hay dónde sentarse, en un lugar en el que nadie puede estar de pie, porque hay que esperar, en un lugar en el que hay miedo y dolor, y porque no hay quien atienda, en un lugar hecho para eso, para atender. Escribe, ya en el tercer círculo del infierno: Primera valoración. Ausencia de Dios. Tres puertas cerradas. Los pacientes, muy pacientes, esperamos. Hay cambio de turno. El dolor va en ascenso. De vez en cuando, un médico sale y llama a alguien. El dolor es bastante severo. Espero misericordia y hablo con un médico. Sin cambiar expresión y de manera despectiva me hace dirigirme al área de «Choque», agregando: «a ver si la quieren atender ahí, de lo contrario, espere su turno». Salió de la sala de urgencias 24 horas después, sin respuesta, sin ayuda. Claro, fue con un médico particular, quien sí la ayudó. Pagó claro. Pero en el ISSTE también paga, y tú también, nomás checa tu boleta de sueldo.
Ella sería algo así como unos cuadritos de queso azul fuerte, por aquello del infierno. Azul, no pasado, que salió a tiempo de la “sala de urgencias”, no se murió allá, como lo hizo mi amiga del alma hace unos años.
Le pondremos nueces al revoltijo. Por aquello de que me gusta andar de insurrecta y de que serán muchas nueces y poco ruido.
Silencio a las noticias, en la tele, la radio, Face y demases. Otra de mis amigas hace eso y vive mejor. Tal vez tenga razón, o mejor dicho, la tiene. No podemos hacer nada por las niñas que viven en casas de lámina y son embestidas en su sueño por una bala perdida. Por las mismas niñas que van de hospital en hospital para que les salven el ojo. Que igual empezaron por el quinto círculo del infierno del queso azul, nomás que en el IMSS. No podemos hacer nada contra los desplantes y chistecillos de quienes gobiernan y no quieren responder preguntas incomodas, nada contra las trombas de agua que anegan parajes y sepultan pueblos enteros. Si con el ruido de nuestra propia vida tenemos, nos sobra y quisiéramos regalar. Aunque ella no se enteró que rescataron a unos veinte esclavos en Chihuahua y que entre ellos había 4 personas listadas como desaparecidas, y que entonces la esperanza llena corazones en todo México, tal vez la nena no esté muerta, tal vez el esposo regrese, tal vez el padre…
Lechuga, queso, nueces… ¿Qué más? ¿Aceitunas griegas o jitomates deshidratados bajo el sol de toscana? ¿Trufas rebanadas? ¿O arenque ahumado? Digo, por lo de las ensaladas popof, que así se le decía hace años a las mezcolanzas elegantes, o con ganas de serlo. Si esto de Fifí no es más que un resurgimiento…
Ahora que si le pongo mejor tantito atún de lata, limón y sal… Caray, ¡esta ensalada Chaira se antoja! Hasta se me hizo agua la boca.
Te dejo agregar el ingrediente que quieras, nomás te aviso que el aderezo está de lujo:
Igual, amigos hablando, contestando, pensando y masticando, metafóricamente, que la ensalada no está lista.
¿Por qué, si ya tenemos tantísimos años, seguimos dándonos de palos con los mismos azadones? ¿Por qué, si ya reconocemos nuestras fallas, las que nosotros consideramos así, si ya sabemos nuestras cualidades, si ya hemos recorrido el mismo camino tantas veces, por qué chihuahuas volvemos a caer en lo mismo?
¿Qué la vida, ésta de hoy, sólo es repetición?
¿Pura ensalada diario?? Con el mismo aderezo ramero?
Notarás que no usé ni una palabra soez. El aderezo va sin pimienta, qué triste…
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de portada: Pixabay.
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