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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 29 de abril de 2019
Bretaña es un lugar en el que las leyendas forman parte de la cotidianeidad.
Claro, si eres bretón y te dejas llevar por el sentir de los celtas. O si eres mexicano y sabes que lo que uno ve no es siempre lo que uno cree.
Recuerda, aquí vivió y tiene su sepulcro Merlín, el mago. No el de Disney, el verdadero, el sabio, el que sabía de dragones y de reyes.
Aquí vivieron Morgana y Viviana y su espíritu sigue vivo.
Y no nada más ellos, miles de hadas, brujos, magas y magos, duendes, -los korrigan–, gigantes y otros seres de los que nunca se sabe bien a bien si son de luz o de oscuridad.
En las historias que se cuentan aquí, las hadas no tienen nada que ver con las del cuento de la Cenicienta, son feas, envidiosas y buscan provocar muertes y dolor. Viven dentro de árboles seculares o de cuevas obscuras, húmedas y de difícil acceso. Claro, usan sus artificios para conquistar a los hombres, pero bellas, no son. Y seres de luz, pocas veces.
En la landa cercana, aquí atrasito, lavanderas nocturnas piden ayuda a gritos, y el hombre que se deja tentar, desaparece por siempre, exprimiendo con ellas sábanas blancas que jamás secarán.
Los gigantes destruyen todo al pasar y los korrigan disfrutan haciéndonos enojar, escondiendo los lentes o terminándose la leche sin avisar. Algunos se llevan nuestra memoria, son los más envidiosos.
Pocos son los que trabajan con el ser humano, como los que ayudan por la noche con costura o tallado de madera, recogen la casa o arreglan mágicamente la compu que había dejado de funcionar.
Esos seres existen pero nadie lo ha podido probar.
Son historias viejas, centenarias.
Y sí, son leyenda, cuento antiguo.
Aunque…

En mi pueblo, circula una historia que se va a convertir en leyenda, no puede ser de otra manera.
Cuentan algunos que han visto a un ser diferente de los demás pasar por las calles, a plena luz de día, en pleno siglo XXI.
Mujer, o por lo menos fémina.
Lleva un manto negro y cuando hay viento su cabello rojizo se mueve al mismo ritmo que ella.
Se ven claramente sus pies bajo la capa y fulgores azules y rojos acompañan su andar. Cada paso evoca baile antiguo y tormenta inminente a la vez.
Cuando sonríe, se encienden sus mejillas y varios han visto sus ojos cambiar de color cuando la invade la ira. Negros como el carbón del infierno, negros como la noche más oscura, negros como ciertos corazones.
Yo he hablado con ella. En algún momento me dijo su nombre.
Bla Patí.
No es bretón, lo busqué. ¿Galés? No sé, no importa.
Con ella y por ella, enfrenté una tempestad, toda la noche luchamos ella y yo contra el viento, el furor de la noche… y el miedo.
Con ella y por ella, viajé horas, buscando el sepulcro de Merlín. Juntas llenamos nuestras manos de agua helada, la de la Fuente de la Juventud del bosque de Broceliande y juntas reprobamos a los irreverentes que por ahí andaban.
Con ella y por ella, probé manjares desconocidos, inventé historias y recogí conchas gigantes entre las rocas. Mojé mis pies en gélidas aguas de sal y caminé caminos improbables.
Por ella, metí las manos a miles de telarañas, viejas, apestosas y grasosas. Cargué con ellas y liberé habitaciones y caminos. La luz se hizo camino en mí así como entre las paredes lastimadas, abandonadas.
Por ella y con ella, cargué casi media tonelada de piedras siguiendo sus pasos, imitando su fuerza, mirándola cargar su media tonelada también. Reí con ella al contemplar el resultado de nuestra labor.
Por ella, por ella, fingí alegría cuando se me desgarraban las entrañas.
Eso… eso no sirve para formar leyendas.
Lo que sí lo hace, es lo siguiente:
Ella me alimentó día y noche de risas y besos. Me dio la mano cuando la cuesta era demasiado ruda. Me siguió a todos lados aunque dudara profundamente de los caminos escogidos. Llenó mi vida de palabras de aliento, de sorpresas, de calidez. Me llevó a franquear obstáculos imprevistos, y con brío. Me obligó a despertar sonriendo y a dormirme igual.
Eso… no es suficiente para formar leyenda, lo sé.
Lo que sí lo es, es lo siguiente:
Nadie la ha visto ya. Parece que nunca hubiera paseado por las calles del pueblo, que nunca hubiera toreado al viento ni escalado las rocas de la costa. Una niña, que juraba que era un ángel sin alas, de los que viven en las iglesias, sigue creyendo en ella, la sigue buscando. La señora que sólo habla con su perro, sigue sonriendo al pensar en ella. El hombre que importuna a todos en la plaza… pues lo sigue haciendo, que esto es leyenda, no milagro.
Se ha ido, y sin embargo, flota su sonrisa por todos lados.
Eso, es leyenda.
Bretaña francesa. Abril de 2019
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
Edición de foto de portada: Euridice García Díaz.
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