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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 21 de marzo de 2022
Con toda la actitud, que nada los detenga,
solo son herramientas para fortalecerse.
Caminar es progresar.
– Aury Fuentes.
Empiezo un periodo de mi vida con cabeza nueva. Una que lleva más de año y medio esperando a respirar el mismo aire que yo.
No que haya cambiado de manera de ver la vida, o de cerebro por un trasplante secreto o de piel por mil inyecciones de botox. Tampoco por aprender otro idioma, ni por tomarme un Martini,- sí, el whisky ha sido reemplazado-, cada día.
Parece ser nada más un cambio físico pero es como eso de la escritura, bueno del grafismo, en el que te dicen que la forma de tus letras, de la barrita de la T muestra tu personalidad, y que al mismo tiempo, si cambias tú, por decisión y en consciencia esa misma forma de la barra, cambias tu carácter. Cambio la piel de mi cráneo para cambiarlo por dentro, para cambiar yo por dentro.
Hice eso que ya he hecho muchas veces, pero con otras partes de mi cuerpo; manos, brazos, cuello, nuca, espalda muy baja, pantorrillas. Fui sola a la caverna en dónde se hacen esos cambios lo cual es un logro mayor para mí, la de la agorafobia; el cambio es bárbaro, tomando apoyo e impulso en mis orígenes iguales de bárbaros, no es uno vikingo o celta nomás porque se pone trencitas en la cabeza y toma hidromel. Ser Vikingo se nace, ser Celta se hereda. Y se bebe en el cráneo del enemigo caído porque uno lo venció, no porque compró una falsa copa en un verdadero puesto de falsos adornos vikingos.
Me tatué. Otra vez. Tatuaje número 27. O sea ésa no es la novedá, mi comandante.
El acontecimiento es que fue sobre el cráneo, detrás de la oreja derecha, tonsura a navaja limpia y aguja de tatuador semejando cuchilladas, cortas, sí, por lo menos cada línea era breve, pero cuchilladas, onda rebanemos manzanas. No es el tatuaje que más me haya dolido, ése fue uno de unos pajaritos bien lindos en la muñeca, éste que quiere ser fiero y salvaje en el cráneo nomás escocía en cada línea.[1]
Y fue una loba. Con rasgos celtas, vikingos. Hocico y ojo, sólo uno porque va de perfil, bien abiertos. Pelaje con bucles, pero se ve que el viento los alborota cuando la loba se deja. Negra y azul. Dibujada, como casi todos mis tatuajes, por mi hijo mayor.
¿Porque negra y azul? Negro porque engloba todos los colores y azul por estar detrás de la oreja, cerca del chakra de la comunicación, no se te olvide escuchar si quieres hablar. Y con la mezcla de color logra acercarse al chakra de la intelectualidad, del cerebro, de la intuición y telepatía, que se ha estado como apagando con tanta gotita para la ansiedad y las pesadillas.
¿Por qué en el cráneo? ¿Por qué rasurar mi cabello cano, rubio, a veces rosa o azul?
Porque mi cerebro es el que está desapareciendo, le ofrezco fuerza y ejemplo, me lo regalo a mí. Porque sí, he tenido que renunciar a ciertas cosas, no escribo tanto como antes, ni hablo bien, leo poco, lento, lento, lento. Me caigo sin estar esquiando, me mareo sin levantarme demasiado rápido, rompo frascos sólo por agarrarlos y mis trazos con pincel no son tan nítidos como solían serlo.
¿Y por qué una loba? Porque quiero encarnar la victoria aunque no me monte Odín, quiero ser fuente de energía lunar, bruja y mujer. Loba celta, mirada vikinga.
Pero sobre todo porque había renunciado a lo que todavía puedo hacer por no hacer el ridículo, por no despertar conmiseración en los demás: hablar o leer en público, en directo. Que porque cuando dices flor en lugar de temblor, la gente como que ya no te entiende. Que porque cuando tienes ganas de saltar mostrando el cielo azul o una jacaranda sin que los vocablos logren emerger de tu boca, los que no te saben se alejan tantito, no vaya a ser yo una perra, una loba, rabiosa.
Y una persona, una de esas amistades de face, amiga por poeta interpuesto, poeta raptado por el puto covid y la falta de atención correcta, el mismo que me enseño la palabra nimiedad, la palabra oquedad, amiga por José N. Méndez pues, me dijo palabras anodinas, nimiedades querido José.
Claro que no me acuerdo bien, pero es una onda de película sobre la mujer con cáncer que lucha hasta la última quimio, como mi sobrina, o sobre el cuate que sube al Everest, onda mi hijo aprendiendo a caminar afanosamente con las muletas canadienses, o sobre la chava que decidió llevar toda la carga emocional en su corazón henchido porque su mamá ya no puede, así como mi hija lo ha estado haciendo meses y años, o sobre el joven tan diferente de su familia que nomás no se halla pero sigue sosteniendo los desplantes de los demás, así como mi otro hijo sufre protegido detrás de su silencio áspero o como el mareado, cargando más de doce familias sobre el lomo, onda todos los proveedores de familias en el mundo, de los que no alcanzaron película.
Es una onda de si no puedes estar de pie, habla sentada, y si no sale la palabra adecuada, que salga otra, a todos nos viene valiendo madres, pero de esas madres cariñosas que acunan y esperan con paciencia.
Sé ejemplo, de valor y de desplome si es necesario. Apóyate en todos los que te tienden la mano para ponerte de pie cuando nomás no se puede. Y ríe, ríe hasta llorar cuando dices que se antoja tomarte un James Bond y sí, que se entienda que lo que quieres es un Martini.
Mi loba soy yo, yo soy ella, y aunque luego nos olvidemos la una de la otra, andamos juntas, nos cuidamos, protegemos y mordemos cuando nos tengamos que mover.
Nota:
[1] También tiene que ver la mano del tatuador, hay unos que la tienen bien pesada. En este caso, el Trazos se lució.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Dibujo de portada: HOHEIM, Hendrik Lentz Folange.
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