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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 8 de abril de 2019
Ya te comenté que estoy en Bretaña y que vine a arreglar la casona familiar.
Casona porque viejita, porque grandota. Familiar, porque de familia, toda, padres, hijos, nietos, allegados y amigos.
Te hablé también de la diferencia entre allá y acá en el estatus de los albañiles por ejemplo. El hecho de que aquí el albañil de la esquina trae su camioneta de trabajo, repleta de herramienta moderna, onda sierra eléctrica, revolvedora, mezcladora, etc. Y de que vive en una casita de piedra, con ventanas de vidrio, estufa, baños y recámaras independientes.
Sigo observando a los albañiles, pero también a los pintores, carpinteros y demáses.
De momento hay en casa, unos pintores y un carpintero. Sólo son cuatro.
Digo “sólo” porque la semana pasada un día fueron siete y me sentí más invadida que de costumbre.
Pusieron por todos lados, ¡todos! no te miento, protección en el piso. Un plástico, cómo en México, pero diferente, tiene doble capa, una medio adherente al piso, y luego la de arriba, impermeable. Cubrieron muebles y lámparas con plástico más grueso que el Cristal que usamos para forrar cuadernos cada año para la escuela. Y llegaron todos en, otra vez, camionetotas.
Esta vez no son dueños de lo que traen, trabajan en empresa.
Sí, como me lees, em-pre-sa, una de carpintería y otra de remodelación, hacen de todo. Lástima que no seamos millonarios, que entonces la casona se habría vuelto familiar Y palaciega, ¡los habríamos contratado para hacerlo todo! Ahora sólo hacen lo que no sabemos hacer, como pintar un techo a tres metros encima de una escalera, poner una pared de cemento o treparse al techo a checar la chimenea.
Acaba de entrar uno de ellos, que ya se va, que mañana regresa a otra cosa. Son las diez de la mañana, el hombre, bueno, el joven, llegó a las ocho. Se llama Wilfrid, lo cual nos da gusto, es un nombre que se usa mucho en la familia, tiene ojos azules, camina con la espalda derecha y es especialista en ventanas y paredes de placo, que es algo como triplay pero de yeso. Le pedí permiso escribir un tanto de él, dice que sí.
En esas dos empresas, la de carpintería y la de remodelación, no hay todólogos, menos el patrón. Cada quién tiene su chamba. Vino uno hace quince días a cambiar parte de un piso de madera, antiguo, le calculo la edad de la casa, 149 años, y quedó espectacular el asunto. Ya nosotras le pusimos color, porque eso no lo hace él, puro especialista te digo, puro especialista
Igual los pintores, que deja te digo, son mujeres: Karine, Laurence y Mylène. También anda un chavo por ahí, pero esta semana no está.

Espera, tengo que pedir permiso para escribir de ellas, ver si puedo poner su nombre, y eso. Y para hacerlo, quiero esperar a la jefa, que anda no sé dónde. Ya luego te digo.
…
Ya sé, parece que sólo fue in instante, pero entre permisos y preguntas ¡me tardé dos días!
Fueron entrevistas muy interesantes, porque se alargaron, hablamos de lo que me trujía, pero también un poco de sus vidas personales, ya sé quién es casado, quién tiene hijos, quien vive con el novio en casa de los padres de él, -¡vive con la suegra, horror de los horrores!-, y quién quiere ser un día su propio jefe.
Me impacta aquí el sistema de estudios y su validez, su reconocimiento social pues.
Para ser pintor, se estudia. Para ser pintor de exteriores no se estudia lo mismo que para serlo de interiores, de techos o de puertas. Hay cursos diferentes para ser decorador de paredes,-tal cual-, y para ser sólo pintor de poner colores. No es lo mismo poner placo, que poner madera, que poner parches y así… Cada curso, le dicen de hecho “Capacitación” dura de uno a dos años, se hace por mes una semana de clases teóricas y tres de trabajo real en empresas reales, con inspectores que vienen a checar tu trabajo. Y no, no te ponen a lavar brochas o a desempolvar martillos. El trabajo es efectivo.
Paga la empresa tu sueldo de aprendiz, menos que el de un empleado ya con contrato fijo, pero sobre todo el gobierno te da algunas ayudas para que llegues a fin de mes.
Aquí me detengo tantito. Pensar que en México se está sugiriendo darle lana a los Ninis… y aquí te dan lana para que estudies trabajando… A ver, ¿dónde está la trampa?
Ya sé, dicen que en México somos pobres y que acá es un país de lujos. Pues si en México, uno, todos pagáramos nuestros impuestos, dos, no se los volaran los diversos gobiernos, y tres, los reinvirtieran completo de manera sabia, pues andaríamos en lo de las Capacitaciones y la elegancia de Francia sería de todos, ¿sí o sí?
Y luego: la famosa empresa que te contrata cuando todavía andas de aprendiz, que se la juega para que tres semanas al mes, sigas aprendiendo con sus pinceles, sus clavos y sus secretos técnicos, recibe también una ayuda del gobierno. Por cada empleado clásico que tenga, paga algo que se llama Charges, cargas, que es lo del seguro social, lo del retiro, seguro de esto y de aquello, y son a veces 500 % más altas que para un aprendiz. Tons, sí se la juega el patrón con la colocación del andamio, -capacitación de un año para aprender a hacer eso-, pero queda tablas con la lana. Todos ganan.
De los que andan por acá, tres empezaron a los 15 años. No dejaron la escuela, de eso no hay manera de escapar. Pero empezaron sus cursos, diplomados y eso, año tras año. Una primero la hizo de Cocina, así se dice “yo ando en la cocina”, y luego se le hicieron pesados los horarios, extrañó el despertar tarde sábados y domingos, y cambió de carrera estudiando sólo un año que porque ya tenía el otro diploma. Otro supo desde el principio que le atraía el trabajo con la madera y encontró chamba en una empresa en la que empezó de interino. Lleva ahí varios años. Otra más acumuló cursos y capacitaciones, anoté 7, -la chava habla rápido y luego son carreras que desconozco-, y es ahora jefa de equipo. No gana más por serlo, pero parece que lo hace bien, dicen sus colegas que habla con calma y que sabe escuchar. Ella dice que no duda en señalar lo mal hecho o mal terminado y que es paciente. Cualidades de jefe.
Los tres que ya son empleados fijos tienen apenas una vaga consciencia de ser maestros de los aprendices. Simplemente no esconden su saber. Comparten. Lo cual no es generalizado, parece ser que hay cuates que nomás no se dejan, y sí, consideran que los aprendices andan por ahí para cargar maletas. Pero son los menos.
Deja voy por un café. Aquí amanecimos a dos grados y ya se me enfriaron los pies.
…
Ya sé, la pausa fue más larga que prevista pero aproveché para ir al baño. Digo “Aprovechar”, porque ya terminaron su día las pintoras y lo pude usar. Entre que le pintan, le rascan, le vuelven a pintar, le quitan la puerta o el coso ése para jalarle, ha sido muy complicado hacer ciertas cosas. Y lo bueno de la vida se aprovecha, como ir al baño sola, con papel, agua Y puerta.
Como broma me dijeron que podrían ir a trabajar a México, Laurence y Karine fueron las chistositas. Les describí la vida de un pintor de paredes allá. Les hablé de tráfico, casas que no lo son, baños compartidos en el edificio y eso. El seguro social y el no-retiro ni lo mencioné, ya habían cambiado de opinión. Dijeron, al día siguiente, que la verdad acá se tiene mucha suerte. Luego que cómo por qué se quejan. Y más luego, como siempre que surge el tema, dijimos que por eso, porque los franceses se quejan y se organizan, es que acá hay lo que hay en cuanto a protección social, educación y otras nimiedades.
Trato de ordenar pensamientos e ideas, pero es que lo que dijeron todos podría bastar para escribirles un libro a cada uno.
Desde la que cambió de vida de repente, Laurence, que anda por ahí de los cuarenta y algo, que trabajaba en la agricultura en la cría de puercos y decidió hará unos diez años proteger su espalda y hacer algo menos rudo. Laurence, la que está muy orgullosa de sus tres hijos, tanto de la que trabaja con la cabeza como de los que buscan su vía en una carrera en la que se usan más las manos. Laurence, de ojo azul y peinado moderno, planito acá, paradito allá, y de sonrisa tan franca. La que siente que en un trabajo de hombres, tuvo que hacerse su lugar, y demostrar que podía cargar tanto un puerco como un andamio.
Luego la chavita, Mylène, adoptada, de carita asiática, pero de palabras bien francesas, quién también cambió de rumbo, nomás que más joven que Laurence, ella fue la que salió de la cocina y se entregó a los colores. La que vive con la suegra, recuerdas, y que se siente a gusto con el ambiente familiar que se da entre sus colegas. Mylène, la que trae música en su cel, bien moderna ella, y cabello color rojizo, lentes redondos y grandes, están de moda, y que sonríe con timidez cuando le hablo.
Está Leo, que no está esta semana y no pude entrevistar. Anda en lo mismo, 16 años, escuela una semana y trabajo tres. Y tiene, caray, una voz de terciopelo rudo, sabes, onda charro mareador. Me habría gustado preguntarle cómo se siente él, sólo frente a tres mujeres.
Luego Wilfrid, el de la carpinteríe, que ya te dije que tiene ojos azules y una espalda muy recta. Escogió su carrera porque no le gusta hacer lo mismo diario y la escogió a los 16, porque la escuela le aburría profundamente. Quien ve por su futuro y entonces escoge sus formaciones en relación a sus metas. A él no le impacta que haya mujeres en su ramo, le parece normal. Aunque sí ha notado que de un tiempo para acá son más numerosas.
Y Karine, chaparrita de ojos azules, mejillas rojas, sonrisa traviesa a la par de la mirada. Fuerte. (De hecho lo son todos, se les nota el carácter, en la manera de ser, de hablar, de mirar.)
A Karine no le fue bien de aprendiz, chocó contra gente machista, chavitos porque no eran hombres todavía, que le daban de golpes y le echaban grasa en el cabello. Un día, se le echó encima a uno, le clavó las garras, literal, y todos entendieron que para trabajar en su ramo tan rudo, ¿verdad?, se usan manos y cabeza, no penes y vulvas.
Karine es la de las 7 capacitaciones, y me dice que escogió ser ruda porque en Francia a todos los meten en cajitas, con etiquetitas, y que eso a ella no se le da. Estar fuera de las cajas es lo suyo, y me dice, orgullosa, y con razón caray, “Yo, soy una warrior”. Usando la palabra en inglés, será que suena más scarry y más powerfull.
Y bueno hubo pausa, la de la noche, la de dormir, la de ir al baño, ja, libertad, libertad, y de desayunar rico. Sé que a ti se te pasan muy rápido mis pausas, aunque duren horas, ha de ser por el cambio de horario, digo yo.
Quiero terminar hoy de escribir, para tener el acuerdo de los descritos, y parece que hoy terminan su chamba en la casa. Tons sin pausas será.
Para variar, te mareo con mis frases de laberinto, ahí te va un resumen:
Aquí, ser pintor de brocha gorda se aprende, igual que en México. Pero en la escuela, y con diplomas.
Aquí, cuenta tu sapiencia, tu vivacidad, tu capacidad para trabajar para calcular tu sueldo, igual que en México. Pero aquí es por ley, hay tablas.
Aquí el patrón da dinero para comer, si la obra está a más de 7 km de la base. Nueve euros. Parece mucho en pesos, multiplica por 22. Pero una comida corrida completa, sin bebida sale como en 11,50 euros. El caso es que sí pueden comer rico, sentados en un bar o restaurancito, y el otro caso es que esto es por ley, no porque el patrón sea buena onda. Nomás cierra los ojos y ve a los albañiles afuerita de la obra cerca de tu casa, sentados en la banqueta, comiendo 3 taquitos y refresco… ¿Cuáles nueve euros verdad?
Aquí, hay buenos y malos trabajadores, igual que en México. Y no hay “pero”, es igual.
Aquí, los trabajadores tienen su casa, su jardincito, su coche. Paredes limpias, ventanas de vidrio, cocina, baños dentro de la casa, seguro médico, retiro, seguro social, derechos. Bueno, una de las pintoras hasta BM trae. Viejito, dice, pero BM.
Aquí, el ser pintor, albañil, plomero, obrero y eso, son trabajos en los que se gana bien, no mucho pero bien. Se respeta a esas personas, no trata uno de bajar el precio de su chamba, no trata uno de timarlos, porque todos leen, escriben y tienen educación, de la de escuela pues, además de la de casa.
Aquí, también hay machismo. Sólo que en lugar de golpearte, violarte y matarte, te echan grasa en el pelo o no te dan chamba.
Lo cual es igual de malo y feo que lo otro, no te me pierdas. Es el principio de una cuesta abajo.
Bretaña francesa. Abril de 2019.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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