SOMOSMASS99
ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 30 de septiembre de 2019
Hace unas semanas me topé en Facebook con una imagen que me gustó. No había opción para compartirla, entonces la bajé a la compu, la guardé y luego la publiqué.
Y fue borrada. Rápido. Por face.
Imagino que la persona que subió la imagen no quería que se paseara en línea. O que alguien se sintió ofendido.
Te la describo.
Fondo azul grisáceo, onda cielo antes de la tormenta y palabras en fuente Brittanic Bold, más o menos de 12 puntos, rezando lo siguiente:
“Qué dolorosa y triste es la realidad que hoy nos devora. Hemos naturalizado las desapariciones como si fueran algo tan común como los calcetines que pierdes en la lavadora”.

Frase dura, cierta, perturbadora.
Y que no necesita explicación ni grandes discursos.
Lo que me llama la atención es la relación entre la frase, la imagen y su volatilización.
Uno: ¿Qué pasa con los calcetines y la lavadora? ¿Se pierden sólo así, o también si se lavan a mano? ¿Dónde terminan, en el paraíso de los calcetines?
Dos: ¿Qué no se entiende de lo público que es internet? ¿…? ¿Dónde terminan los que publican algo “privado”, en el paraíso de los inocentes?
Tres: ¿Qué piensan los desaparecidos? ¿Están desaparecidos de ellos mismos también? ¿Dónde andan, vivos o muertos, en qué paraíso?
¿Y Uno, Dos y Tres qué tienen en común? Que son misterios.
El de los calcetines, es misterio absoluto, no depende de la voluntad divina, de la energía calcetinesca ni de algún estudio científico al que le falta poco por terminar en explosión.
El de las personas que piensan que las leyes de internet no se les aplican, es misterio relativo, depende de nosotros identificar a tales personas y decidir si nos son tóxicas, o si nos hacen reír de vez en cuando.
Y el de los desaparecidos, es misterio a voces, aunque no depende ni de ti ni de mí oírlas…
Y va entonces mi reflexión, mira que la desaparición de una imagen en face puede llevar a mucho, ja.
Para las tres partes usé la misma palabra, misterio, y afirmé que esa palabra las unía. Cierto, si nos atenemos estrictamente a sus letras. Que si nos vamos a su significado, ya viste que te demostré, porque soy una piola, que son iguales aunque diferentes.
Y pensé en lo difícil que es entendernos y en como mucho de la causa, no culpa, causa, es de las palabras.
¿Cuántas veces no nos agarramos del chongo, tengamos pelo o no, porque “No me entiendes, no fue lo que dije”? A ver, haz memoria, nomás recordando la semana pasada… Ah, ¿verdad?
Si te digo, no, si les digo “café”, ¿qué ven, qué sienten?
Desayuno Temblorina Rico Amigas Taza azul Caliente Cafetería Receso Bla bla bla.
Si les digo “café de olla”, ¿dónde andan?
Tianguis Café dulce, wácala Jarrito de barro Gabán Posada Caliente Bla bla bla.
Y nada más les propuse sentir un algo material. Imaginen si les dijera “Amor. Tristeza. Muerte. Política, Hijo, Tío…”
Hospital para mí es miedo, para ti es esperanza, ya casi llega el bebé, para otro es espera en la banqueta de urgencias y para otro más es tráfico.
Guerra en el Congo no es lo mismo que guerra en Serbia, o en Honduras.
Belleza en Nepal no es lo mismo que belleza en Suecia, o en México.
Y conste que todo mi texto está en español. Imaginen vivir en un lugar en el que nadie habla como ustedes.
Tons… ¿qué tal si hacemos como los varones, menos palabras (es más)?
Qué tal si hacemos como Arjona, aquello del verbo, no del substantivo (Arjona me gusta, afirmo en público).
¿Qué tal si hablamos menos, tecleamos menos, criticamos menos, morimos menos en vida y actuamos más?
¿Cómo me dirás? ¿Para qué?
Psss… Con sacar la basura con una sonrisa para el %$%% vecino que no entiende que su bolsa no va enfrente de tu puerta. O darle aventón al chavo que va cargando mochila y guitarra por la mañana. Ir a tocar a casa de los amigos en lugar de mandar Whats. Darle un pan al migrante del semáforo de la esquina. Rehusarse a darle mordida a cualquier autoridad.
Y luego…
No hables, calla… Calla que el silencio me reconforta, calla que no puedo seguir entre tanto barullo, calla que tus palabras me duelen, calla, que lo que necesito es tu mano, no tu discurso, calla que las palabras vuelan, y apagan la luz, calla que un corazón latiendo es lo que me mantiene en vida, calla, calla, calla.
Notas indispensables: Tons, Arjona me gusta. El café de olla no. Mis calcetines se pierden sólo cuando no los cuido yo. La gente que no quiere entender pues que se pudra. Y los desaparecidos, caray… caray… Por ellos, no calles nunca.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imagen de interiores: Qué dicen tus palabras. | Autora: Magdaléna Pastor.
Imagen de portada: El silencio nos borra. | Autora Magdaléna Pastor.
Comparte en Facebook
Twittéalo








