Breaking

De caminos y banderas

Diálogo Global / Diálogo País / Top News / 25/02/2019

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 25 de febrero de 2019

 

Pues no esperé el día de la bandera para subir la mía.

No es la de México, ni la de Francia. Es de Bretaña, blanca y negra con armiños negros, símbolo de la Duquesa Ana de Bretaña. Cuentan que lo escogió por ser un animalito que en invierno, al volverse blanco su pelaje, siempre anda inmaculado. Los bretones sostienen que Bretaña les fue robada por el Rey de Francia, al casarse con ella, y luego, al repudiarla, quedándose con su tierra. Lo cual confirma que en todos lados las habas se cuecen con el mismo estilo de caldito…

Yo no soy nacionalista. Ni separatista.

Al subir la bandera, no siento emoción patriótica. Ni guerrera.

Siento pertenencia.

Por eso la subo al llegar a casa, la ancestral que te he platicado.

Estoy por fin en donde pertenezco. No en un país o región, sino en casa.

Tomo entre mis manos el mismo barandal que mis abuelos para subir hacia el cuarto que sigue siendo el de mi madre. Oigo crujir los mismos escalones que oía crujir mi padre al regresar de alguna reunión tardía. Respiro el mismo aire que respiraron mis tíos, que respiran aún mis primos.

Y contemplo por la ventana las mismas rosas que han cuidado generaciones de mujeres de mi familia.

 

Caminos y costumbres de la familia, largamente recorridos, analizados, fotografiados, pintados, descritos, memorizados y olvidados. Amados y odiados.

Porque sí. Poner los pies en la misma senda que ha recorrido toda tu familia puede ser tanto alentador como inhibidor.

¿Estaré a la altura de él? ¿De ella?

¿Podré yo, tan pequeña e insignificante, lograr lo que lograron otros?

¿Tengo ganas de seguir en lo mismo? ¿Quiero recorrer los mismos espacios y usar las mismas ideas?

¿Me da miedo escoger otra ruta o me emociona?

¿Tengo tiempo de hacerlo?

¿Corro más riesgo innovando o imitando?

 

El martes pasado estuve caminando.

Y de repente, en lugar de tomar el camino de siempre para regresar a casa, me fui hacia la derecha. La izquierda no se veía mal, pero quise averiguar si había diferencia de tiempo, de escenario, de vivencia.

Y bueno, te cuento que fue el doble de tiempo ese caminito. Llegué arrastrando los pies y con fuego consumiéndome las piernas. No me he repuesto.

Pero te cuento también que iba llena de emociones vivas y apasionadas. Descubriendo casas, flores, viendo al mar desde otra playa y enderezando la espalda. Me sentí Vikinga otra vez, conquistando nuevos espacios.

Obvio que eran espacios civilizados y que sabía dónde andaba, si la vikinga ya entendió que andar camine y camine sin ton ni son no le conviene.

 

Y al caminar, cavilé.

Y al cavilar, decidí que es bueno, para mí, hoy, no seguir el camino de siempre o de otros.

Decidí que a veces, se vale intentar otras cosas. Aunque parezca que la cerca te está ganando, que no hay salida, nunca.

Recordé que otro día, hace meses, reconocí que no pasa nada si me salgo del huacal, que en mi caso sería salirme del casco de la lancha, verdad, y que no pasa nada si luego cambio de opinión.

Que no pasa nada si decido un día ser figura pública y al otro cavernícola. Si un año decido ser carpintera y a los otros diez, mejor cocinera.

Que el No pasa nada significa que ni se cae el mundo, ni me dejo de hablar.

Y aprovecho para contarte que me doy risa cuando me hablo: agarré la tonadita de los franceses de aquí de Francia y cuando abro la boca no me reconozco. Eso en francés, porque en español está peor: estoy viendo la serie de Club de cuervos en Netflix, y hasta dentro de mi cabeza hablo entonadito, ¡we…!

 

El caso es que iba caminando. Recordando que aunque no sepa ni quién soy ni para dónde voy, sí sé de dónde vengo y el trabajo que me ha costado. Y llegué a una señal de tránsito que me dijo que sí, que voy bien, para mi bien pues. Que se vale atravesar la calle una y otra vez. Y que aunque haya coches se supone que no te van a llevar de corbata.

Se vale cambiar.

No pasa nada.

Porque de repente un pedacito de tela, bandera o calcetín de bebé, te llena de fuerza.

 

P.D.: Ahora que ando por acá estoy llevando a cabo un experimento, que no es de alto calibre a nivel mundial, pero chance sí para la feminista que luego habla dentro de mi cabeza. Ya te diré cómo va.

P.P.D: Nada que ver lo sé, pero… No pasa nada, sólo me atravesé la pin… calle, we…

P.P.P.D.: En la era de las compus y de Word, ya no deberíamos de usar los P.D., ¿no? Con subir tantito en la página y agregar lo faltante, se arregla todo, ¿no?

Post todo eso: Vuelve a leerme en voz alta así como si fueras Chava o Isabel… Te reto. ¡Échale tantito We… por todos lados y verás qué bien suena!

Bretaña Francesa. Febrero de 2019.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




Entrada Anterior

Shanghái, el amor al otro lado del mundo

Siguiente Entrada

"La vida no se consulta": la lucha de Samir





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Shanghái, el amor al otro lado del mundo

SOMOSMASS99   Redacción / SomosMass99 Ciudad de México / Lunes 25 de febrero de 2019   Obra...

25/02/2019