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De cerebros chispeantes

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 22 de marzo de 2021

 

Los genios no deben morir
Son más de ochenta los que curvan tu osamenta
«Eungenio» Salvador Dalí.

Bigote rocococo
De donde acaba el genio a donde empieza el loco
Mirada deslumbrada
De donde acaba el loco a donde empieza el hada.

Dalí, de Mecano

 

Tenía toda la negra intención de hablarte de gobiernos, pandemias y demases.

Del primer aniversario del primer hombre que murió de Covid en México.

De cómo veo que el gobierno, en general y en particular, se ha acercado a la crisis médica, incluyendo todas las enfermedades graves, igual que lo ha hecho con el tema de la inseguridad: desoyendo, ignorando, negando, acusando, inventando acciones tibias y abandonando a su gente, a nosotros.

De cómo esa manera de actuar no es particular ni a un partido ni a una época: los secuestros, feminicidios, extorsiones y otros actos barbáricos son de hoy y son de ayer. Sólo que hoy nos dicen los políticos que nada de esto es por causa suya.

De cómo la violencia hacia la mujer se ha calificado de igual manera que la peligrosidad del Covid: son exagerados nuestros miedos y nuestras exigencias y siendo una “fuerza moral” se resuelve todo.

De cómo siempre todo es culpa de alguien más: de los privilegiados que no salen, de no-privilegiados que sí salen y que por eso se contagian y contagian, de las locas que quién sabe en qué andaban, de los daños colaterales que “ah, como molestan”, de los niños que se les ocurre tener cáncer, de sus papás que protestan, de la autoridad que hace de la que no hace de la que sí hizo y del que algo debió hacer.

De cómo no hallo cómo levantar la voz, cómo exigir de nuestros representantes,-caray a mí no me representa una persona que se abstiene a la hora de votar una ley-, cómo pedir que se rindan cuentas: el voto no me sirve, es un instrumento muy débil cuando los votados son puros chapulines, saltando de un partido al otro, buscando charcos enlodados, no vaya a ser que la transparencia,-del agua-, los delate. El salir a marchar a la calle hace bien, un rato, pero no sirve, no sirve, no sirve. Quién tuviera lana, mucha, para presionar a quien se deja presionar por el poder del oro, para obligarlos a hacer su trabajo, a tener medicamentos para los necesitados, a tener una fuerza del orden confiable, a reconocer la violencia como tal.

Quién supiera cómo cambiar lo distorsionado por el hambre de poder sin caer en esa misma mecánica.

Decido en cambio, -miento, ya descargué mi bilis-, decido entonces hablarte de ideas geniales, de Dalí, de Da Vinci, de Remedios Varo, de los antiguos egipcios y de  mi amigo Daniel Olivares.

Tienen todos ellos en común su genialidad, su atrevimiento a hacer las cosas de manera diferente.

Sueño a veces con tener la mente de Dalí. No con hacer lo mismo, eso ni siquiera creativo sería. No. Sueño con tener una mente en la que las ideas son nuevas, nunca jamás de los jamases imaginadas aún, y se dejan crecer y luego se expresan. Quiero decidir que soy el centro del mundo que conozco, ser genial y acicalar mi bigote.

Deseo tener la osadía de Da Vinci, investigar lo prohibido y luego dibujarlo, comentarlo, analizarlo. Aprender y no depender nada más de un poder sobrehumano para mirar al mundo.

Poseer la imaginación de Remedios Varo, ser capaz de ver lo que otros no ven, lo que ni siquiera han pensado que pueda existir y tener el valor de plasmarlo, de mostrarlo. Usar trazos y colores para decir lo indecible.

Quiero ser el egipcio al que se le ocurrió mezclar agua, arena y calor para crear vidrio: porque de dónde sale esa idea sino de la genialidad, de esa chispa que hace que el cerebro de repente brille al máximo. Quiero, profundamente, ser inventora.

Anhelo tener la idea de Daniel Olivares y cómo él transformar las palabras de la poesía en movimiento, no de manera literal, no recortando letras en un periódico para soltarlas al viento, sino usando ese impulso personal, mental, intelectual, emocional para liberar la poesía. No se dice, no se lee, se vive.

Exijo ser Mozart o Santana.

 

Quiero usar esa parte de mi cerebro que ha estado como guardada, ser genial aunque sea sólo una vez. Brillar completamente, como cielo estrellado, como gran ciudad de noche, así por dentro, sentir en mi cabeza los relámpagos tormentosos de la genialidad, ser y existir, crear, vivir y volar.

Como luciérnaga.

Y poder entonces hablar, o pintar, o escribir del primer muerto por Covid en México.

Tenía 41 años y falleció a las 16 horas con 24 minutos, el 18 de marzo del 2020.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Imagen de interiores: La luz brilla todavía. | Autora: Gwenn-Aëlle Folange Téry.

Imagen de portada: Pixabay.






Luis López




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2 Comentarios

el 22/03/2021

Eres al genio que dice las cosas que trae adentro, que se atreve a decirlo como lo siente, que nos lleva de la risa al llanto a veces en un mismo párrafo. Eres tú y eres única Gwenn!!!

el 22/03/2021

Mil gracias, querida Gwen, por el reconocimiento. Por acá también seguimos jugando, sumando el ingenio de Julio Villalva… https://www.youtube.com/channel/UCQFyoc_ZllCGXRocfxtYk1Q



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