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De decisiones e inconsciencias

Diálogo País / Top News / 21/10/2019

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 21 de octubre de 2019

 

¿Te quieres reír? ¿Con esa risa que me gusta despertar en ti, la que tiene parte de alegría, parte de burla y parte, mucha, de ironía y sarcasmo?

 

Fíjate que mientras acá nos estamos agarrando del chongo y de lo que se pueda por lo del derecho a un aborto sin peligro, en Francia están en la misma batalla pero por la PMA, procreación medicamente asistida. En Francia se aprobó el derecho a un aborto seguro en 1975. Tal vez dentro de 40 y muchos años salgan nuestras nietas a la calle por el derecho a la PMA.

No te voy a listar los argumentos en pro y en contra ni de una cosa ni de la otra.

Ya sabemos qué pensamos, por qué y nadie está dispuesto a cambiar de opinión. ¿Sí o sí?

Nada más decirte que en Francia, la onda es saber si la PMA puede ser ofrecida a quienes no tienes problemas de fertilidad –léase lesbianas, mujeres sin pareja o mujeres dándole a un hombre solo u homosexual o ambas dos situaciones juntas tener un hijo- ya que no tienen un problema médico. Un filósofo de allá dice que la medicina está para resolver problemas de salud, nada más. No mencionó los senos de plástico que se hacen algunas por look ni los pectorales, de plástico también, que se hacen otros, por look también. Debió, digo yo, haber citado a Sócrates: “Sólo sé…”

Y decirte que en México todavía estamos discutiendo de si las mujeres pueden tomar decisiones informadas sobre su cuerpo suyo de ellas, el que diosito les otorgó al nacer.

La risa de hoy sigue siendo resultado del desfase entre las batallas de cada país…

Lo que vengo a pensar contigo es  por qué tenemos hijos.

Te doy mis ideas, las masticas, tragas o escupes y vas viendo las tuyas, ¿te parece?

Primero está lo de la ley de la naturaleza, ¿no? Lo de reproducción igual a continuidad de mis genes, de mi especie y de la forma de mi nariz.

A esto no tengo mucho que agregar, es un algo mecánico, biológico que sienten unos y otros y que no se controla, no se decide. Se puede negar, ignorar o al contrario abrazar con entusiasmo, pero no es algo que yo pueda realmente comentar.  Ya cuando sea bióloga o doctora, hablamos. Aunque pienso, como Simone de Beauvoir, que biología no es destino.

Luego, lo de “Así se hace, así debe ser, mi mamá me tuvo a mí, yo quiero ser como ella, los hombres para eso estamos, para hacer chamacos,“ y otras mangas del estilo. Pues se vale. Digo las tradiciones para eso están, ¿no’, para tradicionar… y no pensar. Repito, se vale. Nomás luego no hay que quejarse, decir que necesitas dormir, que los niños no tienen zapatos o que no sabes cómo quererlos a todos por igual, porque también así debe de ser, “A todos los quiero mucho hijos míos, a todos, sin distinción, sin preferencias ni nada de esas cosas feas”.

Está lo de “Te amo, me amas, y juntos habremos de crear vida, y esa vida será tú y yo, seremos uno solo por siempre”. Falacia, reina entre todas. Cada hijito, fíjate, te hace sentir cada día como, no, no fue una unión entre tú y el ser amado sino una mezcla impecable de todos los ancestros, hasta los desconocidos, el que estuvo en la cárcel por plagio, el que podaba rosas y la que cocinaba secretos en su cabeza.  Sí, hay un poco de tu pareja, la nariz insisto, un poco de ti, el amor por el chocolate, y mucho de lo oculto en las genealogías familiares. Pero bueno amémonos todos y hagamos hijos.

Luego, hay una corriente nueva, ecologista. No tener hijos significa no producir dióxido de carbono, o mejor dicho que los hijos inexistentes no lo produzcan, claro, pero gana la idea de que “Ellos encontrarán una solución” y de que “El futuro será mejor”. Imagino que muchos pensaron así después de Hiroshima, del 68 o de cualquier otro terrible acontecimiento que quieras escoger, sí, incluso el familiar, cuando el bisabuelo murió intestado y se tuvieron que vender las tierras de arado y la vaca Rosita.

Y claro, la onda de “Pues… no sé”. Ésa no te la detallo, me da tristeza pensar que todavía hagamos cosas, importantes o no, sin saber por qué…

¿Qué más?

Oh claro, el fundar una familia. Eso es un motor de mil caballos de fuerza para  tener hijos. Ya sea porque se quiere una familia como la que uno tuvo de niño, o al revés porque se quiere hacer todo diferente. Y sí, tener familia es importante, para poderla intercambiar luego por los cuates como lo dicen todos los cartelitos de las redes sociales “Tu verdadera familia son tus amigos” y eso. Perdón, perdóname la burla pero es que…

Sí, fundar una familia es una razón poderos para tener hijos. Podríamos interrogarnos sobre el por qué fundar una familia puede ser tan importante, pero eso nos haría remontar a la edad de los cavernícolas pasando por la de los reyes y tronos que transmitir. O a la idea, siempre presente, de querer llegar a casa y decir: “Ya llegué”, y sentir enseguida calorcito en el corazón, ¿sí o sí?

Bueno, y qué tal la de “Salvemos nuestro matrimonio”, falacia, falacia, sólo sirve para producir más niños que tengan que crecer con padres separados o divorciados. Las relaciones sentimentales se trabajan, no se salvan procreando.

La de “Así lo amarro y nos casamos”. Niñas tontas, mujeres abusivas, que luego no entienden por qué se les deja de querer o se les odia, llanamente.

Y justamente el querer hijos tiene que ver a veces, no sé cuántas, con el deseo de sentir amor, ya sea porque queremos amar y queremos ser amados ( y de paso  ser glorificados, el amor de una madre. La dedicación del padre, y eso.).

Y ahí sí, tiro directo, goool. Que el amor hacia un hijo es…. (Pon la palabra de tu preferencia aquí) y el amor de un niño hacia sus padres es… (igual escoge tu palabra).

No estoy siendo buena onda al dejarte escoger palabras, ni floja. Sencillamente no encontré ninguna que dijera lo que se siente.

Una de las más fuertes es la presión: de la pareja, de mamá, de los hermanos, de la sociedad. Parece que si no tenemos hijos, no hemos vivido. A mí me gustaría tener nietos, no lo niego. Tampoco niego que no sé bien por qué… Tal vez por ver a mis hijos felices y asustados cargando tres kilitos de carne viva, tal vez por decirme que si tienen hijos, es que lo decidieron y los hace felices… Pero definitivamente, no pienso presionar a nadie. Cada quién su salud reproductiva.

¿Más ideas?

 

¿Por qué tuve yo hijos?

Porque era el paso siguiente.

Novio, vida en común, boda, hijos… ¿no?

Por lo de la biología.

Yo no pensé en nada. Sólo sentí. No a nivel tripa, ni vientre. Fue a nivel cerebro del corazón.

A veces pienso, lo he dicho muchas veces, que mi vida sería más sencilla sin ellos. Pero… ¿Sería vida? ¿Vacía, sin eso que se siente y que no logro nombrar?

Pfff… Elucubraciones mías, que pienso en lo que no es ni será.

 

Aunque a  veces pienso que los que no quieren hijos, lo digan o no, piensan más que los que sí.

¿Quién tiene la razón? Nadie.

Porque esa razón no es única en la vida, es personal, múltiple y cambiante.

Y me regreso al aborto, al derecho al aborto mejor dicho, y a la PMA.

¿Y si viviéramos nuestras vidas y dejáramos a los demás vivir las suyas…? ¿Tan complicado es?

Caray.


Notas:

  1. ¿Sí o no te apantallé con lo de Simone de Beauvoir? Fíjate que esa línea la tengo grabada desde los 13 años, cuando me volví feminista. Mi cuerpo es mío, yo decido.
  2. Me metí con la filosofía, espero que lo de “falacia” esté bien empleado. Si no, recuerda que “Sólo sé…”
  3. Sigo sin usar palabras soeces, ojalá que mi querido editor lo haya notado.

* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Imágen de interiores: Quiero que me quieran. | Autora:  Estela Guerra Garnica.

Imagen de portada: Recuerden cuánto nos amamos.| Autora: Estela Guerra Garnica.






Luis López




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2 Comentarios

el 21/10/2019

Respecto a “Aunque a veces pienso que los que no quieren hijos, lo digan o no, piensan más que los que sí”, podrías ampliar y compartir este pensamiento?

el 22/10/2019

Pienso, por un lado, que las personas que deben defender su postura son llevadas a desarrollar argumentos.
Los deben de presentar, explicar para ser entendidos.
Por otro lado, en cuánto se va en contra de la corriente, se es blanco de críticas y ataques.
En este caso en particular, la familia y los amigos pueden ser terribles. Los hombres tachan al no-papá de poco hombre y las mujeres a la no-mamá de no-realizada.
Entonces entre defenderse y argumentar, los que no desean tener hijos, analizan su posición y sus razones para poder explicarse.
Por ende piensan más. Ni mejor ni peor. Sólo más.



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