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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 10 de julio de 2023
De hacerlas nuestras
Hay una palabra en el Principito [1] que encuentra eco profundo en mí, pero sólo en francés
No he logrado encontrar un equivalente en español que me satisfaga por completo
¿Recuerdas al zorro de Saint-Ex?
¿Recuerdas cómo le enseña al Principito a tratar con él?
Eso de acercarse físicamente el uno al otro poco a poco hasta lograr tocarse
Lo de escoger una hora del día para encontrarse, permitiéndole entonces al corazón latir un poco más rápido al acercarse el tiempo del encuentro convenido
Lo del color del trigo que se parece al color de cabello del Principito
Todo eso y más
En francés, el zorro lo llama apprivoiser
No es amaestrar porque la relación es de iguales que se quieren
Tampoco es domesticar porque la relación es de iguales que se quieren
No hay recompensa del uno hacia el otro, los dos dan y reviven en la misma medida
Apprivoiser es LA palabra
Y oigo la voz del zorro, que no es el animal más querido del mundo, es a menudo descrito como astuto, tan astuto que linda con lo taimado, destroza gallineros y se come huevos y gallinas, se lleva borregos bebés, y resulta que esa voz persuasiva se vuelve amor, amor por un niño que viene de otro mundo
Al Principito no lo siento tan convencido como al zorro, será que el animal de cuatro patas necesita más el cariño que el de dos patas…
Y su despedida es desgarradora, porque el que se queda solo es el zorro, el que se va siempre sufre menos, tal vez por estar en movimiento o porque la decisión fue suya
Todo para decirte que apprivoiser es esencial en ciertos momentos de la vida, así como lo de que l’essentiel est invisible pour les yeux
Acabo de convivir con dos personas cuyo cerebro está tan enfermo como el mío y a quienes la enfermedad les pone tantos cuadritos enfrente como a mí.
Y estamos los tres en la parte de apprivoiser nuestra enfermedad.
Solo que en lugar de fijarnos en el color del trigo o en la hora, nos hemos fijado en el nombre.
Una de ellas tiene epilepsia, una que se llama síndrome de Janz. Y resulta que uno de sus nombres, tiene dos, se parece mucho a Janz. Y resulta también que se dio cuenta y que, entonces, de alguna manera, hizo suya su epilepsia. Apprivoiser.
El otro es un hombre joven que tiene Alzheimer, que le pregunta a su esposa si es hora de la pastilla antes de tomársela. Y su nombre, si me la jalo un poquitito, se parece al Heimer de Alzheimer. De alguna manera su enfermedad y él pueden convivir por allí, sin lastimarse, aunque a él se le olvide. Apprivoiser…
Yo tengo demencia por (o con, no me queda clara la diferencia) cuerpos de Lewy, pronunciado en inglés. Y uno de mis nombres pronunciado en francés, tengo tres, se parece mucho a Lewy.
Al principio esto me permitió crear dentro de mí a otro yo y me permitió mirarla a los ojos a cada vez que se llevaba un trozo de mi cerebro.
Hoy he decidido acercarme a ella con cuidado, poco a poco, reduciendo un poco la distancia a cada vez.
He decidido reconocer lo aterciopelado de ciertas mariposas en ella.
Y tenemos cita todos los días a las mismas y repetidas horas, y le permito a mi cuerpo temblar un poco más al oír sus pasos.
Apprivoiser
Hacer nuestras esas pU-t-As enfermedades y convivir.
Es claro el desenlace, uno de los dos, en cada pareja, se va a ir
Pero finalmente, la enfermedad es la que de repente decidió quedarse en nuestras vidas y nos pidió que la aceptáramos, ya si se queda sola cuando nos vayamos, pues será muy su bronca
Apprivoiser
Apprivoiser
Apprivoiser
Pobre zorro, la soledad que no se escoge es desgarradora
PD: Y, claro que de las personas que conozco que tuvieron que luchar contra el cáncer ninguna se llamaba Canuto o CáncerHiginio.
Mi cerebro está enfermo, no loco.
Nota:
[1] Antoine de Saint-Exupéry murió un 31 de julio, en 1944.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Ilustración: Gwenn-Aëlle Folange Téry.

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