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De heces y piñas pasadas

Diálogo País / Top News / 28/01/2019

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 28 de enero de 2019

 

Tenía ganas de ir al baño.

Y en lugar de ir, me senté y abrí la compu para ver si Word estaba instalado.

Porque buscar pretexto para no abrir la puerta del cuarto de lavado se me ha vuelto habito.

Del cuarto de lavado, porque lueguito de él está el cuarto de triques, y dentro de él, el baño.

El de hacer pipí y popó, no el de lavarse.

Y resulta que ninguna de esas tres piezas tiene calefacción.

Y están como a 5 grados, a veces menos.

Te explico:

Ando por mi tierra, en Bretaña, Saint Briac se llama el lugar por si quieres buscar en internet. Estoy en la casa familiar, casa enorme de granito y pizarra en el techo, muros color arena y techo color mar encabritado. La casa estuvo hasta hace poco ocupada por un inquilino que la dejó muy triste y lastimada. Entre otras cosas, el baño de adentro, el que sí goza de calefacción, no sirve, vamos, no se puede ni entrar. Huele a putrefacción, abandono y calor encerrado.

No te apures, ya tenemos cita con el plomero y eso. Fue de las primeras citas que agendamos.

Pero mientras, hay que ir al baño casi afuera. Y, te juro Juana que tengo frío… Por decirte que de noche no voy, mi vejiga la hace de globo aerostático y se hincha, se hincha, se hincha hasta casi reventar. Y no es el frío de bajarse el pantalón, ni el de sentir la corriente de aire en los pies: es el del asiento. Se me congelan las pompas hasta doler. Me río solita pensando que si fuera hombre se me congelarían los nachos, que menos mal que sólo tengo nachas. Bueno, me río cuando salgo, ¡adentro no pienso!

Y entonces, pusss… no voy.

 

Mira que cuando decidí venirme para acá, tenía en mente platicarte de mi tierra, de mis cosas aquí, del mar gris y verde, del cielo lleno de gaviotas, del viento frío y del aire salado…, y resulta que te hablo del baño.  Que no está tan mal hacerlo, estaba en mi lista, sólo que así no. Te pensaba hablar de olores, de formas, pero no de frío.

De olores, porque lo creas o no, he notado que según el lugar, los baños públicos huelen diferente.

Desde que llegas a los aeropuertos, o terminales de autobús, fíjate. Sí ya sé, luego hay tanto producto químico para limpiar que no te enteras, pero me cae que sí.

Aquí andan muy ecológicos en sus ondas de limpieza, hasta yo que todo limpio a puro vinagre me siento fuera de contexto. No sé si es por eso, pero el baño de mujeres del aeropuerto Charles de Gaulle huele hasta el pasillo. Y huele como acidón, raro. En México, el olor a baño público lo identifico más con algo dulce, onda piloncillo. Aquí me recuerda a la piña pasada, o a tianguis a medio levantar, por ahí del puesto de queso y crema.

Sí, ya te oigo reír, que si el olor de los franceses, que si no se bañan y todo el prejuicio bien anclado que hay por el mundo. Hay aquí, igual que en todos lados, gente limpia y gente no-limpia, gente sudada y gente arremangada. Aunque sí noto en mí, después de unos días, un cambio en mi olor, el de mis sobaquitos. Necesito desodorante francés, el mexicano no me sirve aquí. Será por la comida, por el salitre del agua o por el viento, pero yo, acá, huelo feo. O mejor, dicho, me desconozco, me deshuelo.

Y bueno, entonces, los olores de sanitarios… Diferentes allá y acá, y en todos lados. Por la comida, el agua o el viento, igual.

 

Luego la forma de los baños.

Esto ya es en mi pueblo, de provincia, lleno de casas y edificios viejos, viejos, -por decirte que la casa familiar es de 1870-, y los baños van a la par. Aquí en el jardín están los baños viejitos, los de “Siéntese en la maderita y atínele al hoyo. Si oye Splash, todo salió, y cayó, bien”. Esos ya no los usamos, pero allí están.

En algunos edificios oficiales, mercado, alcaldía, baños públicos en general, los escusados no existen. Tienes frente a ti un hoyo, eso sí muy elegante, de imitación mármol o de azulejo blanco, un pedestal para los pies diminuto de cada lado y pegado a la pared un tubo cromado largo y delgado. A un lado un botón, cromado también, de “Apoye usted”. El punto es instalarse en los pedestales, ya con la ropa acomodada para lo que uno venía a hacer, y… bueno, hacerlo. Hecho esto se incorpora uno, se viste y le da al botón de la pared. Sale un chorro de agua a presión, se lleva todo lo depositado, lava, limpia y deja el lugar reluciendo de limpio.

Eso en un tiempo y lugares ideales.

La realidad real es mucho menos limpia. Porque, uno, necesitas buenas rodillas y excelente equilibrio para hacer todo eso sin apoyar las manos en las paredes. Obvio se te cae la bolsa del hombro tres veces, o el suéter que te subiste hasta la barbilla quiere a fuerzas recuperar su posición original. Nunca falta tampoco el chistosito que usó su materia fecal, – ¿qué onda con eso?- para decorar las paredes, sobre las cuales no pusiste las manos ¿te acuerdas? Ya que lograste tu cometido y que pudiste enderezarte sin poner las manos, -otra vez-, en la pared, que te pudiste vestir y ya tienes tu bolsa, tu suéter, todo, le das al botón cromado. Y el agua sale con tal presión que inunda todo el piso del baño, ahoga tus zapatos y pasea tu ofrenda, y misteriosamente la de otros por todo el piso, frente a ti. Detrás de ti, y por encima del piso de azulejitos tan padres de hace rato. Y claro, pones las manos en la pared.

Y no. No hablé de como logras usar el papel de baño, ahí en cuclillas, con tu bolsa en la espalda y tu suéter tapándote los ojos. Porque obvio, ni en México ni en Francia hay papel en los baños públicos.

Y tampoco te dije, eso será otro día, que acá casi todos son como viejitos… Los jóvenes se han ido. Imagina el mismo rollo de antes, pero con bastón. ¿A ver?

Y te venía a platicar lo de los baños con siniestras intenciones.

La onda es hacerte ver que mundos no conocemos y prejuicios tenemos.

Uno: no por ser Francia es todo elegancia.

Dos: no por ser francesa, apesto. Sólo huelo diferente. En lo que respeta a mi olor corporal. Ya mi olor intelectual y emocional, tienen sus olores particulares, que igual te enloquecen rico o te enloquecen onda perro rabioso. Cuestión de enfoques.

 

Excretamos lo que comemos: aliento, sudor, heces. Igual con lo que  escuchamos, vemos, leemos.

Cuidado con lo que te llevas a la cabeza, al corazón.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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1 Comentario

el 28/01/2019

jajajaja, los baños turcos son lo peor! buen texto



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