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De Hormigas y finalidades

Diálogo País / Top News / 05/08/2019

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 5 de agosto de 2019

 

¿Qué somos? Me preguntaste una semana o un año después. ¿Hormigas, abejas, cifras equivocadas en la gran sopa podrida del azar? 

Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros, héroes públicos y secretos.

– Roberto Bolaño

 

Y sí, sigo clavada en lo de la ecología. Estuve  varios meses sujeta a la selección de los materiales   de lo que tiraba en Francia, que si cartón, que si papel, que si papel usado, que si cartón azul o verde o rojo, que si plástico sucio, limpio, lavado con jabón o con cloro, y otras variedades tan divertidas como complicadas de identificar.

Y llego a casa, Tlalnepantla, Estado de México, zona conurbada de la Ciudad de México, sin servicio de reciclaje.

¿Y qué crees? Me revuelve el estómago tirar la envoltura de las barritas energéticas en la misma bolsa, hecha de material reciclado, que la caja de cartón en la que vienen. Me duele la cara al meter al mismo bote el kleenex en el que me soné y el cartoncito del papel de baño. Pero sobre todas las cosas, me duele la vida de mis hijos y nietos si el sistema para recoger y reciclar la basura en México y en el mundo no mejora. Y si seguimos comprando cosas tan absurdas como agua en botellas de plástico en lugar de hervir la de la llave o de recibir, sueño guajiro, agua potable  por el mismo ducto.

La semana pasada en el súper, iba yo aventando mis frutas y verduras, menos los jitomates porque se aplastan, directo al carrito, sin bolsa, y pensando en la cara del pollero cuando le dijera que no quería unicel con mis pechugas aplanadas light cuando se me atravesó un carrito más original que el mío. La señora que lo manejaba, María Elena -obvio le pregunté su nombre-, traía bolsitas especiales de yute para sus verduras y frutitas y su jamón y su queso dentro de un tupper cada uno ya con su etiquetita para pasar a la caja. Iba como yo hacia el señor del pollo y platicamos de plástico, de botellas de agua, de vendedores a los que les cuesta no usar bolsa de plástico -más en el supermercado-, y le expliqué cómo pido el pollo. El pobre pollero al vernos ponernos de acuerdo fue guardando sus platitos de plástico amarillo..

Me dio gusto. No soy la única de Tlalnepantla, zona conurbada de la Ciudad de México, que trata de hacer algo, aunque sea poquito, mientras se deciden a reciclar también acá los desechos. Lo digo así porque allá, en la CDMx, parece que funciona la reciclada mejor que aquí, y porque en Tlane ya prohibieron el uso de bolsas de plástico. Falta que los del súper obedezcan, verdad…

De momento funciono así para tirar lo que no me sirve: Tenemos cuatro recipientes para los desechos: cartón y papel, plásticos, vidrio y todo lo demás. El plástico y el vidrio se enjuagan, cartón y papel se desdoblan, se abren y se aplanan.

Y digo que yo funciono así porque la mitad exactita de los habitantes de la casa como que no entiende todavía qué hay que hacer. No que sea complicado, pero sencillamente no ven el interés de separar la basura, los desechos perdón, si en el camión recolector todo seguro se vuelve a mezclar. A lo cual replico que un cartón seco vale más que un cartón mojado y que el vidrio entero es menos peligroso que un vidrio estallado, y que de todas maneras no voy a dejar de hacer lo que debo hacer, leíste bien, debo, no quiero, no puedo, debo, nada más porque el sistema no esté cumpliendo.

Porque si razonamos así, entonces como para qué  lavar la ropa si de todas maneras el nene la va a volver a ensuciar, para qué hablar con la pareja si de todas maneras ninguno se va a pelar, para qué respetar al vecino si el vecino nos ignora, para qué patear el balón si al público en el estadio le interesa más su celular, para qué estudiar si no hay trabajo, para qué sembrar aguacate si el crimen organizado se lleva la ganancia, para qué votar si todos son iguales, para qué denunciar si nadie investiga, si a nadie se arresta, para qué hurgar en el monte, en los valles, entre árboles, piedras y hierbas, si los huesos encontrados no van a ser nunca de nadie…

Sí, medio cambié de tema. Medio, porque el fondo es el mismo: la diferencia entre las acciones de las hormigas y las de los gobiernos, a los cuáles dejaré sin parecido animal, que la lista sería larga… Muy larga.

¿Te has percatado de que, desde que cambiamos de Presidente en México, desde que todos los días hay una noticia nueva que comentar, que si dijo, hizo, sonrió, volteó los ojos, bailó o no, poco se habla de los desaparecidos en México? Vamos, se ha hablado más de doblar las manitas frente a las exigencias de Trump -mira todo lo que ha ganado el canijo en sus arrebatos-, que de Ayotzinapa, o de Kate, de Misael, de Héctor, de Alejandro, de Chui, de Luis Ángel, de Marina, de Javier, de los Hijos, Hermanos, Padres, Primos, Sobrinos, Ellos, Ellas, Nosotros.

Siguen desaparecidos. Aun con todas las fosas clandestinas encontradas, siguen desaparecidos. Aun con la tecnología del ADN que se supone tenemos en México, siguen desaparecidos. Aun con las promesas, con la Ley de Víctimas, con los discursos, con la policía que ya no es policía, con los militares que ya no son militares y con la Guardia Nacional que no sabe ni para dónde jalar, siguen desaparecidos.

Sí, medio cambié de tema. Medio, porque para los huesos secos la ropa rasgada la cartera cuarteada los zapatos disparejos la maleta vacía, seguro hay un contenedor especial: Desecho humano.

Porque si no alcanzan los SEMEFOs para los cuerpos enteros, identificados o no, ¿como por qué se pondrían huesitos en un lugar digno?

¿Para qué? ¿Para qué mandar tejidos a lo del ADN si el banco de ADN de los familiares no está completo? ¿Para qué tratar de definir si la pelvis es de hombre o de mujer, si nadie va ponerles una etiqueta con nombre luego? ¿Para qué pedir ayuda a las ONG si algunas ya vieron dónde hay negocio? ¿Para qué caminar horas diario buscando si las sillas de los gobiernos no las prestan para descansar?

Seguir exigiendo, luchando. ¿Valdrá la pena? ¿No seríamos más felices viendo series policiacas en la tele, de ésas en las que todo termina relativamente bien?

En una conversación reciente, entre muchos, siendo yo la única que no ha perdido a alguien en esta vorágine de desapariciones, una mamá comentó que ya se sabe quién es culpable de la ausencia de su hijo. Hay juicio de hecho. Y claro, se le  preguntó: “¿Qué se siente?”

No ha habido respuesta.

¿Será demasiado larga para decirla? ¿O demasiado violenta? ¿O triste? ¿O desencantada…?

¿Cambié de tema?

Pienso que no. Seguimos en el “¿Para qué?”

¿Para qué expresar mi dolor si al que debería importarle le llenaron las bolsas de lana pa’ que no mire? ¿O amenazaron a sus hijos? O le llevan otros datos… más agradables.

Separar residuos… Bah, ya lo harán los pepenadores, que de eso viven. Y mira que su organización es poderosa.

Buscar a Kate… Bah, la verdad ya ha de estar muerta. (Ojalá, pienso yo, ojalá…)

Llevar a juicio a los culpables… Bah, si los jueces no pueden con todo, no hay tiempo, no hay recursos, no hay pruebas, no hay voluntad a veces.

Decir en voz alta lo que pensamos en gritos ahogados… ¿Para qué, Hormiga, para qué?

 

“Somos una sola familia, los desaparecidos son de tod@s nosotr@s

y no nos importa quiénes sean esos cuerpos inertes, 

deben tener una madre y una familia que los está buscando aunque 

no sean de ninguno de nosotr@s”.

– Margarita López Pérez

 

De Para qué y de Margarita

 

No es un dos en uno. No es cambio total de tema. Soy yo, conectando ecología con desaliento y luego con fuerza.

Margarita López Pérez es una mamá buscadora, así me pidió que la presentara. Le pedí permiso para usar sus fotos en la columna de hoy y empezamos a hablar. No hablamos ni del vacío ni de la tristeza ni de la desesperanza. Hablamos de la falta de respuesta de parte de los gobiernos, de los representantes de las ONG que a veces nada más llegan a sacarse la foto, de algunos miembros del gobierno a nivel subprocuraduría que cuando la pelan es para entregarle mensajes -no agradables, obvio-, de quienes cavaron esas fosas. Y claro de las amenazas que recibe cotidianamente por parte de la delincuencia organizada a cada vez que se descubre una fosa clandestina y que ella está presente.

Hablamos de lo impensable.

Impensable caminar horas por cerros ríos arenas hierbas lodos buscando a una persona de tu familia, en lugar de hacerlo para buscar dónde pescar o dónde quedarse para un día de campo. Impensable mirar cuerpos amontonados, hinchados, desnudos -la ropa se les quita porque serviría para reconocerlos-, y no vomitar. Impensable contemplar un esqueleto entero usando calcetines, grises, en posición fetal y saber que no se trata de una violación al reposo eterno como las exposiciones del Museo de Antropología sino de una violación de vida, de un asesinato.

De un asesinato poblado de silencio, de un muerto sin tumba sin epitafio sin velorio sin café negro y caliente sin flores blancas sin veladoras. Porque los que componen el crimen organizado saben que la duda que el desconocimiento que la verdadera/falsa esperanza corroen los corazones de los vivos de manera mucho más eficaz que un simple asesinato.

Impensable saber que la incompetencia doblada de codicia, y a veces de miedo, de la máquina administrativa desaparece una segunda vez a esas personas, aunque lleven alhajas, bolsas, credenciales o calcetines grises…

Cuándo hablé con Margarita, estaba en Guerrero, y andaba en búsqueda -así se dice: Andar en búsqueda-, y me contestó ya de noche. Había caminado todo el día, igual que siempre, arrastrando con ella un nuevo asesinato: el de Miguel, un reportero de Guerrero al instante, cuyo director acaba de ser asesinado también, y quien había cubierto en vivo el descubrimiento de las fosas en las que andaba ella.

Y es aquí donde todos los Para qué de antes, y todo el plástico y todo el cartón, y los pepenadores y los gobiernos y las hormigas cambian y se vuelven lo que se te pegue la hinchada gana siempre y cuando hagas algo: circulando noticias, circulando fotos de desaparecidos, levantándote para trabajar, informándote, luchando por tu familia, dejando de dar mordidas, compartiendo café y exigiendo. Exigiendo resultados. Todo con calma, todo con cuidado, que recibir amenazas como las que recibe Margarita da miedo, mucho. Y sí, viendo series o leyendo, caray, comiendo chocolate y riendo a carcajadas, que los vivos deben vivir.

Y concluyo de manera teatral:

Ni Margarita ni Luna ni Valentina ni Juanita ni Norailiana ni Epifanio ni Guadalupe ni Lucía ni Diana ni Alfonso ni Joaquín están solos. Declaro hoy en nombre de todas las hormigas que conozco y que desconozco que, detrás de ustedes, estamos de pie.

Y mira que con tanta extremidad que tienen las hormigas, sumamos un chingocientos de pies.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Foto de interiores:

(1) Gwenn-Aëlle Folange Téry.

(2) Margarita López Pérez.

Foto de portada: Margarita López Pérez.






Luis López




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1 Comentario

el 05/08/2019

Gracias



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