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De interlocuciones liosas

Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Slider Inicio / Top News / 03/08/2020

SOMOSMASS99

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 2 de agosto de 2020

 

“Hablando se entiende la gente”

Campaña de Telmex por ahí de los años 70.

 

Y, para variar y no perder costumbres que me ayudan a pasar los días y las noches, traigo la cabeza llena de cosas, palabras sobre todo.

Obvio, palabras, pienso con ellas, no uso mucho imágenes. Es más, al pensar o al hablar veo desfilar las palabras ante mis ojos ficticios y puedo reflexionar sobre tal o cual punto de ortografía. Soy como una máquina de escribir eléctrica, no hago ruido y puedo corregir lo que pongo, antes de imprimir, es decir de tener un interlocutor.

Y también cuando pienso sola, me lleno de preámbulos, como ahorita. Tons, estás dentro de mi cabeza, ¡casi!

Lo que he venido deletreando son las palabras altas, las que usan mi voz, las que intercambio con el mareado, con amigas, con amigos, en redes sociales, y lo que hay detrás de ellas.

Y me doy cuenta de que no hay manera de entenderse.

O yo no me doy a entender, ni Méndez ni Federico tienen  la culpa.

Y luego, ya fuera de mi cabeza, hay lugares en los que todo se puede decir y otros en el que sólo se pueden compartir recetas de cocina, y eso a veces no funciona tampoco.

¿Ejemplos? Va.

En tuiter, me cae que siento que mis palabras se desploman  de un acantilado, no hay nadie para recogerlas. Y leo insultos descomunales, leo a personas que ni se conocen ni se conocerán intercambiar consideraciones sobre sus mamáses y otras alusiones familiares. El famoso tuiter me provoca nervio, las personas que insultan primero parecen creer que el tuit contra el cuál se enojan les es dirigido a ellos. Luego sienten que como pueden contestar es como si estuvieran en la sala del tuitero (¿tuiteador?) y que son íntimos y que entonces saben por qué tuitean eso que tuitearon que tanto los acongojó. Es terrible. Me doy de vez en cuando vacaciones de esa plataforma.

¿Por qué sigo yendo? Porque el interés tiene pies, me entero de noticias que no pasan en la tele, puedo leer lo que piensa tal o cual analista, y yo… Yo digo lo que pienso, faltaba más.

En face, somos menos salvajes, porque  de alguna manera nos conocemos, y nos queremos seguir conociendo. Me guardo muchas ideas políticas porque sé que hiero a los que me leen -se supone que nos leemos unos a otros, aunque lo llego a dudar- y no publico fotos de mis vecinos, de niños, de mi calle. Por aquello de que quién sabe, aunque seamos todos bien amigos. Luego confundimos a face con nuestro diario íntimo, tuiter no da para eso, con aquello de que hay que ser escueto. Vigilo lo que escribo, aunque no parezca. Es más tengo una libretita en la que escribo lo infaceable, consideraciones muy íntimas o muy agresivas. Me hace bien mi libreta, libera espacio en mi cabeza.

Y la diferencia entre casa de la suegra y casa de la mamá, sí la has sentido ¿verdad? No digas nunca de los nunca jamases que te gusta más la salsita que te hacía tu mami que sino la suegra te va a ahogar con salsas más y más raras, con tal de ganar.

O lo que se puede decir con la luz apagada.

Esto  me recuerda lo de “Puedes hablar como quieras, sólo escoge dónde, cuándo y con quién” que les he repetido in-cansablemente a los retoños de la casa.

Y aun así.

Agrégale a la reflexión que tengo en la cabeza tres idiomas, y una que otra palabra de un cuarto. Se me enredan los cables seguido y ni una de mis frases son en un solo idioma, lo cual no es genialidad, es pereza intelectual.

Y tengo multitud de lenguas, una casi para cada una de las personas con las que quiero comunicar. Porque “sopa” en casa de mamá es sinónimo de “espesura líquida” y en casa de una amiga es “ revoltijo líquido de verduras», parece ser lo mismo pero no, no es idéntico.

“Comer” en la oficina es “Apúrate”

“Leer” en la escuela es “No, miss, yo no”

“Chocolate” es para mí tableta dulce oscura en la que muerdo y para ti chance sea “Líquido espumoso para la merienda”

Esmeralda es el mar de mi tierra, pero es para ti una piedra y para una jovencita su nombre. Y eso que no pensé luego luego en Quasimodo, y entonces en Victor Hugo, regresando a Notre Dame que se quemó.

¿Cómo comunicar entonces, de a devis? ¿Cómo lograr explicar qué me duele, qué me lastima, y por qué? ¿Cómo entender al Otro?

¿Cómo no gritarle a alguien en Tuiter?

Con congruencia, paciencia. Congruencia conmigo misma, y paciencia, mucha paciencia, con mis múltiples yo mismas.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Foto de portada: valentin hintikka / Pixabay 






Luis López




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1 Comentario

el 04/08/2020

Es verdad, la comunicación es liosa, multivalente, a veces maléfica y otras, las menos, fluida. Ni qué decir la que nos bombardea en los distintos medios.



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