SOMOSMASS99
Al-Dabi Olvera y Dalibi Oropeza / Másde131
San Andrés Sak’amchem, Chis. / Martes 16 de febrero de 2016
Supieron que sus nombres aparecieron en la prensa y se llevaron una alegre sorpresa. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), alzado en armas dos años antes, los convocaba como asesores en los diálogos que derivarían en uno de los procesos más democráticos en la historia del país: la redacción de los Acuerdos de San Andrés Sak’amchem de los Pobres.
En 1996, el EZLN realizó un esfuerzo reconstituyente de largo alcance con la participación de los pueblos que quisieran participar y la sociedad civil. El protocolo de los diálogos que la guerrilla zapatista entabló con el gobierno llevaba por apellido “paz con justicia y dignidad”, palabras que 15 años después inspirarían al movimiento por las víctimas de la violencia en México.

- Los acuerdos eran para «reconocer los derechos de los pueblos indígenas y, como consecuencia, los derechos colectivos”.
“No me lo esperaba, me dio mucha alegría y el día de la reunión participé desde que iniciaron hasta que el EZLN los suspendió por falta de cumplimiento del gobierno”, cuenta a Másde131 la abogada Bárbara Zamora, una de las mayores expertas en temas agrarios de México.
Francisco López Bárcenas, abogado ñuu savi, llegó después de que sus amigos le avisaron que su nombre estaba en la prensa. La discriminación le hizo negar en algún tiempo su origen, pero después de esos diálogos, el rumbo de su profesión cambió para observar la reconstitución de los pueblos.
“Los acuerdos eran justo eso, acuerdos para reconocer los derechos de los pueblos indígenas y, como consecuencia, los derechos colectivos”, explica a Másde131.
De acuerdo con el protocolo acordado, cada una de las mesas tendría varias etapas. La primera era la lluvia de ideas, la segunda etapa consistía en entrevistas de una semana en Sak’amchem, como le llaman los tsotsiles a San Andrés Larráizar. Ahí, los invitados del EZLN y el gobierno hicieron propuestas con documentos intercambiados para discutir.
Ya en esta primera mesa de Derechos y Cultura Indígena, los indígenas y la sociedad civil removieron los cimientos de una república que no reconocía sus formas de organización política, de justicia y de cultura.
Pero los acuerdos fueron traicionados: “Desde su firma, pero sobre todo después de que el gobierno federal decidió desconocerlos”, denuncia López Bárcenas.
Ernesto Zedillo presentó en 1998 una iniciativa al Congreso “contraria, distinta a los acuerdos”, asegura el abogado.
Las otras tres mesas propuestas: Democracia y Justicia, Bienestar y Desarrollo, Conciliación en Chiapas, Derechos de la Mujer en Chiapas, ya no se llevaron a cabo.
La “balcanización”, el pretexto gubernamental
La abogada Zamora explica que el principal pretexto del gobierno federal para no cumplir con los acuerdos era que el país se iba a “pulverizar” y “balcanizar” o que se crearían muchos estados dentro del propio estado nacional.
Pero aclara: “Nunca se propuso una nación o varias dentro de la nación mexicana, lo que se proponía era la autonomía de los pueblos y comunidades para que se respetaran sus formas de organización social, cultura, derecho consuetudinario, resolver sus conflictos internos”.
Sin embargo, cuando llegaba cualquier persona que no fuera originario del territorio, establecían una relación con los pueblos originarios como naciones, realizaban tratados. Después las imposiciones. Un día los acuerdos y otro día las traiciones.
La reforma constitucional de 2001 es de suma importancia para lograr la autonomía, considera el abogado Francisco López Bárcenas, porque los pueblos originarios no estaban contemplados por la Carta Magna.
Con la reforma del 2001 se eleva a rango constitucional preceptos del artículo 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que reconoce el derecho de los pueblos a su cultura, a su educación y a ser consultados en caso de que algún programa o proyecto afecte su territorio y costumbres.
Tierra y autonomía
“Hay campo fértil para lograr la autonomía de los pueblos”, opina el abogado López Bárcenas.
A pesar de que no cumplía cabalmente con las exigencias planteadas, el EZLN aceptó la propuesta de la Comisión para la Concordia y la Pacificación (Cocopa), la comisión legislativa bicameral conformada desde marzo de 1995 para el diálogo en el contexto del levantamiento zapatista.
Después elaboró en la comunidad zapatista de La Realidad un documento llamado Punto y seguido, en el que invitaban a continuar la lucha para que se cumplieran las siguientes demandas y decía: “La lucha por el reconocimiento de los derechos indígenas sigue. Su camino irá junto a otros caminos, junto a otros mexicanos que tienen las mismas banderas, las de la democracia, la libertad y la justicia, y un pensamiento, el de la liberación nacional”.
Lopez Bárcenas considera el Punto y seguido como el documento que señala lo que hizo falta en los acuerdos y resalta su importancia pues falta reformar el artículo 27 para reconocer plenamente los territorios indígenas y las autonomías.
Zamora tiene 20 años en tribunales defendiendo a las tierras de los ejidos y comunidades. Ella en particular, proponía en los acuerdos de San Andrés contrarrestar la reforma del artículo 27 promovida por Carlos Salinas de Gortari.
Su intención era regresar al espíritu del constituyente de 1917 que daba protección jurídica y blindaba tierras ejidales y comunales, pues la tierra tenía protección jurídica al ser inalienable e inembargable. No lograron llegar a este tema, pues se discutiría hasta la tercera mesa.
“Las luchas por la tierra van a seguir en toda la historia de nuestro país porque es un elemento fundamental para la supervivencia y existencia de las comunidades, y las autonomías para ejercerla”, cuenta la abogada.

- “Las luchas por la tierra van a seguir en toda la historia de nuestro país porque es un elemento fundamental para la supervivencia y existencia de las comunidades».
La autonomía, de acuerdo con la exposición en ese año 2001 de Dolores Sarabia, integrante de la OSC Serapaz, se refiere al “derecho de los pueblos para seleccionar sus valores, medios y fines, de acuerdo al orden jurídico, pero también de acuerdo a su cultura, su modo de vida e interés”. Los pueblos indígenas constituyen identidades y comunidades socioculturales específicas y diferentes, prácticas de por sí de las propias comunidades.
Nuestros acuerdos
La abogada Zamora cuenta que gracias a la lucha del EZLN y a la sociedad civil que participó de este ejercicio se abrieron posibilidades de lucha para la defensa de los indígenas. Algunos aspectos quedaron en la Carta Magna y fueron elevados a ley suprema en el artículo segundo.
La SCJN, por ejemplo, hizo un Protocolo de Actuación para que los juzgados tomaran en cuenta cuestiones culturales y lingüísticas, aunque aclara: “En la realidad pocas veces se cumple, pero como ya está en la constitución, como abogados tenemos posibilidad de reclamarlo y hacer que se cumpla”.
Zamora cuenta que, en realidad, los pueblos indígenas ejercen su autonomía de hecho; a diario practican sus formas de organización, de justicia y su espiritualidad; sin embargo, la diferencia es que con los acuerdos el Estado mexicano reconocería legalmente la existencia de estas otras formas de organización.
Sobre el ejercicio, a 20 años, cuenta que uno de los aspectos más importantes de los acuerdos de San Andrés fue su legitimidad, a diferencia de otras leyes, como las reformas estructurales, que pueden ser aprobadas y publicadas, pero no tienen legitimidad ante la sociedad: “Los sentíamos como nuestros, tenían un poco de cada uno, y nos identificamos, nos reconocemos en estos acuerdos, lo que expresamos era su contenido”.

- Igual que Zedillo, el gobierno de Vicente Fox aprobó una reforma constitucional sin cumplir los acuerdos de San Andrés.
Algunas cosas prevalecen y son claras, asegura el abogado ñuu savi: “Como el reconocimiento de pueblos, comunidades, recursos naturales, atribuciones políticas, aunque son pobres, son importantes para quienes deciden transitar por la vía jurídica, como Cherán… Ese pueblo autónomo no podría existir sin esa reforma (a constitucional de 2001), los Cucapá, San Miguel del Progreso en Guerrero y de esto -a lo largo de estos 20 años- hubo una actitud reiterada de los tres poderes de alejarse”.
Acteal y la segunda traición
Casi dos años después de que el gobierno de Zedillo desconociera los diálogos de San Andrés, un grupo paramilitar asesinó a 45 integrantes de la organización de Las Abejas de Acteal, municipio de Chenalhó.
El cambio de partido en el poder no significó mucho para el EZLN. Ya como presidente electo, el panista Vicente Fox declaró que podía resolver el tema de Chiapas en quince minutos.
El EZLN convocó a la Marcha del Color de la Tierra en marzo de 2001, llenó el Zócalo y participaría en el Congreso de la Unión. El gobierno de Fox, junto con todos los partidos políticos, incluido el PRD, respondió igual que el gobierno de Ernesto Zedillo y aprobó una reforma constitucional sin cumplir con los acuerdos de San Andrés.
Como respuesta, el EZLN decidió cumplir con los acuerdos en su propio territorio, y comenzó a trabajar su autonomía para dar surgimiento a los caracoles zapatistas.

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