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De la desaparición de Rubens

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 24 de julio de 2023

 

Acabo de pasar por uno de los días que más nervio me provocan

Año con año regresa

Termina el tiempo de calor extremo, ése mismo que no aguanto, el que provoca que no me queden los zapatos y que padezca la menopausia por enésima vez

Y entonces, puedo usar pantalones otra vez, sin asfixiarme

Y claro, lo anerviosante del asunto es el ver si me quedan, me cierran, me dejan respirar y si se me ven bien

Y me pudre tener que pasar por esto

 

¿Por qué me importa tanto el haber o no subido de peso?

¿Por qué me importa más la forma de mi cuerpo por fuera que por dentro?

¿Por qué el ir a ver a mi médico me mortifica tanto, por qué le tengo aversión a su báscula ultramoderna que mide grasa, líquidos y ánimos?

Ya nos sabemos el oprobio social dirigido a los “pinches gordos obesos traguen menos”. Nos sabemos la presión ejercida por padres y tíos, “Mete la panza, No enseñes tus rodillas, están llenas de bolas, Bajaste de peso, bravo, No comas ni esto ni aquello pero trágate el pastel que hice yo con mis propias manos si no me ofenderá hasta el final de nuestros días juntos”.

Lo hemos hablado ya mil veces y yo nomás no logro despegar del piso viscoso construido por tantas voces y vivencias.

Me sé de manera muy personal los “¿Cómo puedes salir con eso?, No te imagino con diez kilos más, qué horror, Habla con ella, a mí no me hace caso, Mira la hija de mi amiga está a dieta, te va a ir pasando su ropa, a ti sí te va a quedar, No puedes salir en traje de baño, ponte un pareo, Señora ¿cómo hace para que su hija esté tan gordita?, yo no logro subir de peso” y otras nimiedades…

Hace como 30 años me hice una liposucción en la que casi dejo el cuerpo tirado, con todo y grasa excedente. No lo volveré a hacer. Ya nada de dietas mágicas, píldoras de productos naturales, comer sólo sopa de col durante tres semanas o ir al gimnasio como si mi vida dependiera de ello.

Ya crecí.

Llevo años en un peso que me viene bien, aunque a mi doc le gustaría bajarlo más, pero es que él está medio obsesionado con esto de los kilos.

Ya no me trago las palabras de otros como si fueran mi alimento diario. Ya no escucho a muchos. Ya no.

 

¿Entonces, por qué tanto nervio? ¿Por qué odiar las básculas si sólo son objetos?

Creo que porque se me enseñó a pensar así. Y no, no acuso a mi familia, están en la misma vorágine que todos nosotros.

Yo acuso, diría Zola, yo acuso a los comerciantes y productores de ropa, de revistas, comerciales y demáses. Nos enseñaron que la flacura, extrema, era la felicidad. Rubens, ¿¿¿dónde estás??? ¡Mira lo que le han hecho a tus modelos tan ricas de ver!

¿Por? ¿Para?

Pues pa’ vender más, claro. Y no porque usen más tela en la ropa, al revés. Pero nosotros compramos tallas diferentes cada año,-pa’rriba, abajo, pa’rriba-, o de plano nos vamos con la finta de que tomar jugo de la fruta misteriosa descubierta en una isla perdida de la antártica, vamos a bajar de peso sin limitar nuestra ingesta.[1] Y compramos y compramos, sin pensar que en  el antártico no hay ni frutas ni jugos ni milagros.

Quieres el coche  rojo de la revista porque lo va manejando un tipo de playera sexy, delgado, musculoso y de sonrisa despampanante. Con un coche así, seguro se te blanquea la sonrisa y te vuelve a crecer el diente que perdiste en una oscura batalla de la vida.

Quieres la falda de tablones de lino de la delicada y esbelta modelo. Con ella, seguro te voltean a ver los demás con admiración. Y seguro, claro, que si te metes a la cama sola es porque quieres no porque no hay con quién.

Y como no te alcanza ni para el coche ni para la falda, decides comer más sano, compras verduras que no te gustan, a precios que te escandalizan.[2] Te resuelves a hacer ejercicio, aunque para eso se necesiten tenises especiales, de los que rebotan en el asfalto, y una playera con estampitas fluorescentes, pa´que no te atropelle el hombre del coche aquél, que va distraído con la chica de la falda de lino. Y sales a correr en la contaminación y bajo el sol y la lluvia, corres, corres, corres, porque tu felicidad depende de ello, porque quieres el coche, quieres la falda, la sonrisa, el brillo en los ojos y el “cuerpazo”.

Y claro te da pulmonía o gastritis. Y entonces llegas a  casa después de ver al doc, con ascos por los medicamentos recetados, y te enteras de que tal o cual pildorita te los va a quitar, pero sólo si la tomas con helado de ése tan caro que tiene nombre como sueco pero que en realidad es gringo. Y vas y lo compras, porque, sí, te quieres sentir bien, y ya salir a ser como los del comercial.

Y llega la quincena y ves que ni te compraste ni te comprarás el coche, bien por la ecología, ni la falda de tablones, bien porque tu clóset está lleno de ropa que no te pones, bien por la ecología y por los chinos esclavos en fábricas de ropa de pacotilla, que los tenises  especiales sacan ampollas, será porque no te compraste los originales, y que vas a tener que vender tus trapitos o tu repisa de madera en el grupo de Face de cosas usadas para seguir comprando el helado para las píldoras que nadie te recetó. Abres tu compu, tu cel inteligente, y te agreden comerciales de todo, Come de esto No comas de aquello Corre descalzo Sube tus pies  a la pared  Mira quién corre en el maratón, trae la playera de estampitas y tú no, El chocolate importado está de oferta, mejor compra nanches, que de toda maneras dónde vives no hay, Se venden faldas de lino con tablones hasta agotar existencias, y lloras en tu cama, sentada, sentado, viendo como no puedes con todo y como se te están terminando las dichosas pildoritas.

 

“¿Cómo puedes salir con eso? 

No te imagino con diez kilos más, qué horror 

Habla con ella, a mí no me hace caso 

Mira, la hija de mi amiga está a dieta, te va a ir pasando su ropa, a ti sí te va a quedar 

No puedes salir en traje de baño, ponte un pareo 

Señora, ¿cómo hace para que su hija esté tan gordita? Yo no logro subir de peso”.

 

Y encima, llega el día en el que te vas a poner  uno de tus  pantalones, sólo tienes dos, no necesitas más, ecología, ecología, no has caído en la brujería de los comerciales, -tal vez también porque probarte ropa en una tienda te sea insoportable-, aunque tengas 27 blusas bordadas, porque son hermosas y le compras directo a quien las borda y porque hay que ayudarnos entre nosotros, no, no ayudemos a las maquilas de Tijuana ni a las de Taipéi. Ayudemos a los que valen la pena, eso dicen los memes de las redes sociales no al consumo sí a las píldoras mágicas no a las telas sintéticas sí a las sábanas de seda sí no no sí. Sé tú mismo, sí así como lo es el que maneja el coche del comercial y así como lo es la mujer de falda… de lino y  con tablones. Sé tú mismo, cómprate una personalidad. Sé tú mismo, búscate, sólo tardarás toda la vida en conocerte, corre, corre, corre.

Y mientras me subo el pantalón, oigo dentro de mí y alrededor, en el mundo entero, hasta la luna palidece, un antiguo clamor: “¿Cómo puedes salir con eso?”

Tons me pasa lo que al submarino de los millonarios aquellos, pobres, pero se la buscaron, igual que los que tragan fuego en las esquinas, ¡o sea a quién se le ocurre jugar con su vida!

Sí. Tons, implosionas.

Nota: el pantalón me queda perfectamente, le tengo que avisar a mi doc.


Notas:

[1] Ingesta: sustantivo bien especializado que usan los doctores para hablar de lo que tragamos.

[2] ¿Ya vieron el precio de los jitomates?


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Imagen de portada: Reconciliación (fragmento). | Obra: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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2 Comentarios

el 24/07/2023

Nos envuelven sin que se sienta hasta que los mandamos a la goma y no nos dejamos.
Todo lo que dices nos pasa y nos deja de pasar una y mil veces.
Cuándo aprenderemos?

el 24/07/2023

Nos hemos vuelto moldeables



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