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De las incomprensiones que me habitan

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 25 de octubre de 2021

 

El hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende.

– Blaise Pascal

 

Son tantas las cosas que no entiendo…

Digo bien y recalco “cosas”. A la gente sí la entiendo, esté yo de acuerdo o no con su vivir, su sentir, sus palabras y acciones, (bueno y omisiones, por no dejar nada fuera, pero eso me hace sentir que estoy rezando y me cae que no, ahorita no).

No entiendo por ejemplo cómo funciona el teléfono. Sí, veo los cables, y sí, sé que la voz pasa por ahí, onda vibración o eco de intenciones. Pero no es lo mismo saber que entender. Entiendo mejor los celulares, comprendo, sí, que la voz vuela por los aires y es captada por un satélite que la rebota de torre en torre hasta que encuentra su hueco. Pero el funcionamiento del teléfono fijo no me cabe en la mente.

Entiendo el principio de las cámaras fotográficas, la onda de luces y de sombras, – pienso en Rembrandt de hecho a cada vez-, pero sólo cuando las fotos son impresas. Lo de verlas en pantalla me sabe a televisión, a imágenes que viajan comprimidas imagino, que por un cable tan rechiquito no caben ni la luna ni las balaceras de las noticias. Agrégale que en la tele, van las imágenes acompañadas de sonido menos entiendo. Todavía, antes, entendía  el cine en el que la luz atravesaba sombras y claros de pequeñas fotos que se iban sucediendo tan rápido que el movimiento aparecía, pero hoy, no entiendo. Sé que no el mismo sistema pero prefiero no indagar, luego me topo contra paredes imaginarias y duele.

Porque cuando no entiendo algo, se me llenan los ojos de lágrimas, me siento paralizada de la choya, me siento poseedora de un enorme cerebro embotado, en  el que lo único que circula de neurona en neurona es la frase “No entiendo, no entiendo”, así dicha dos veces seguidas, siempre. No puedo siquiera escuchar las explicaciones, siempre son peores que el no-entendimiento, me dejan postrada en la playa, viendo que todos embarcan en el navío del intelecto y yo no, soy la tonta que llora solita.

Entiendo como en las plumas la tinta se embarra en la bolita de metal y acaba saliendo sobre el papel, dibujo o palabra, entiendo como el gas sale por la estufa, entiendo las ondas del micro y el movimiento que le infligen a los átomos de la comida, del agua para el café, creando así calor, entiendo la trayectoria de la bola blanca del billar, entiendo la reacción dela bola 8, y entiendo el grito al ganar. Entiendo lo de la transformación de la energía,-nunca se me habría ocurrido, pero lo entiendo-, y lo dela expansión continua del universo, aunque definitivamente no entiendo eso de que se extiende en donde no hay nada, la nada no cabe en mi mente, no puedo con el concepto. Y eso que sí entiendo lo de contar hasta el infinito y no llegar nunca a él, tan escurridizo que es. 

Lo del tiempo que pasa sin pasar no cabe en mi cabeza, el futuro que es pasado porque el presente no existe me hace sentir igual de mal que mi frasecita de “No entiendo”, mi cerebro se dobla en tantas circunvoluciones como las que sigue esa banda que se obstinan los físicos en definir como tiempo, a mí déjenme con las fechas y las horas, invento humano para medir lo inmedible, por favor.

Y sí, entiendo la muerte. El reloj deja de hacer tic-tac y ya no se hacen engranes para su mecanismo, la flor cae y se vuelve abono, la gatita ya no maullará, aquel hombre  ya no cantará y el ciclo de la vida del Rey León me queda clarísimo. Y no, la verdad no me importa cuál concepto dela muerte esté de moda, el de la resurrección después de infiernos, purgatorios y paraísos, el de las reencarnaciones sucesivas hasta graduarse de sapiencias diversas, el de las almas viejas, el de no hay nada después de ese momento crucial, lo que quieras, va, sí lo entiendo, así como entiendo tanto invento del hombre que luego se vuelve realidad. Entiendo lo guillotinante de la muerte, entiendo la separación entre lo vivo y lo muerto, la vivo cada día en cada respiración.

No niego la muerte. No me rehúso a aceptarla, caray a veces hasta siento que vive ella en mí, lo cual no es lo mismo que lo de ir muriendo un poco cada día, ocupa un cuarto en mi mente. Hablo de la muerte diario casi, importándome poco la mía, atañéndomela de los demás, doliéndome, desgarrándome. Pero va, así es la vida. Así es.

 

Sé que no te podré tocar nunca más, porque aunque te sacara de donde estás no serías más que huesos,- con suerte, tal vez sigas en descomposición-, sé que nunca más oiré el timbre de tu voz, sé que mis brazos no se cierran más que sobre el vacío, que no es lo mismo que la nada del universo, sé que aunque te vea en sueños y me hables a la oreja de vez en cuando, sé que no es igual, y eso, lo prometo, sí  lo entiendo, lo acepto, sin cuestionamiento alguno.

 

Sólo no logro envolver mi mente alrededor de la noción del “nunca más”, del “jamás”. No puedo. Por más que lo analizo, que intento hacer gráficas, números, inhalar, exhalar, doblarme en quince, mezclar productos y sacar el microscopio, leer poesía, leer ciencia-ficción, filosofía, no puedo. Lo definitivo de la ausencia física me es ajeno, completamente.

Me es igual de incomprensible que la vida misma, con su final después de todo tan banal.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Imagen de portada: Gordon Johnson / Pixabay.






Luis López




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4 Comentarios

el 25/10/2021

Me pasa también que no entiendo, a veces me agobia, otras investigo y algo entiendo, o mucho, otras pasó la hoja porque no le veo caso, otras escribo un soneto sobre lo que para mi es, por ejemplo, la memoria o el mismo tiempo del que hablas. Creo que es mejor entender a la gente! Eso es parte de la vida y no es algo fácil! Buen texto que me lleva a la reflexión.

el 25/10/2021

Y no te desespera vivir y ver cosas que no entiendes?

el 25/10/2021

Me desespera más las cosas ante las que no puedo hacer algo, entiendo qué hay información y conocimiento que no tengo y lo asumo. Si no fuera así sufriría mucho.

el 25/10/2021

Las cosas que no puedo cambiar terminan siendome casi indiferentes.
Total, si no puedo hacer nada, si no tengo que correr, hacer, decidir, pues me olvidó un poco.



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