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De las tres largas y cruentas revoluciones del pueblo

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SOMOSMASS99

 

Oscar Alzaga*

Miércoles 18 de septiembre de 2024

 



Las de 1810, 1854 y 1910 surgen las tres constituciones de 1824, 1857 y 1917.



 

El 4 de octubre de 2024 se cumplirán 200 años de la primera Constitución de la nación y 14 años previos de lucha revolucionaria por lograr la independencia de España. Fue una lucha por dar fin a los 3 siglos de colonia, de 1521 a 1823, y por configurar un nuevo país en el mundo, con plena libertad: México. 14 años sin tregua ni descanso, de cruentos y largos episodios de revolución que involucró a las altas clases sociales y a las populares a favor y en contra de la independencia, con muchos personajes destacados y como participante central: el pueblo, con sus principales dirigentes y héroes: a Hidalgo, Morelos, Allende, Guerrero, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Mina, Quintana Roo, Matamoros, López Rayón, Guadalupe Victoria y otras y otros revolucionarios. 

Pese a los altibajos de las luchas y a las traiciones de algunos líderes, como Iturbide y Santa Anna, en esos 14 años nunca se perdió el objetivo central de la revolución: alcanzar la independencia plena de la Nación. 

El legislativo constituyente de 1824 estableció los principales derechos de la nación: la independencia, soberanía, libertad integración federal y autodeterminación; de los ciudadanos: la igualdad, las libertades para todos, la instrucción escolar obligatoria, solo reconoció como única la religión católica, entre otros derechos. 

Sería hasta 1857 cuando se separe a la iglesia del Estado y se ponga límite a sus funciones políticas, administrativas, educativas, de jueces y verdugos: “a nombre de Dios y el Derecho Divino”, dentro del Estado. Tal fue el caso de la muerte de Hidalgo, Morelos, Allende y otros; después de juzgarlos la iglesia fueron decapitados y como escarmiento para otros fueron colgadas sus cabezas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas durante 11 años.

Un largo proceso llevó a la separación definitiva de la iglesia del Estado: la Ley Juárez (1855), que suprimió el fuero eclesiástico y el militar; siguió la Ley Lerdo (1856), sobre la desamortización de los bienes; la ley Iglesias (1857), acerca de los aranceles para el cobro de derechos y obvenciones de la iglesia, hasta llegar a la libertad de cultos en la Constitución de 1857: que provocó la guerra de 3 años.

Esos años y los posteriores fueron muy difíciles porque una reducida clase opulenta que se sentía heredera de la decadente España y de sus taras, junto con el viejo ejército y la iglesia -tres instituciones clasistas y racistas- lucharon por conservar sus privilegios y por volver la independencia y la nación un botín que querían para ellos; esas fuerzas apuntalaron a los traidores Iturbide y Santa Anna. Eran conocidos como los conservadores, que en 1836 trataron de desvirtuar la Constitución de 1824 con las llamadas 7 Leyes y el Supremo Poder Conservador. Por otro lado, se formó la corriente heredera de esos 14 años de revolución: los liberales. Entre unos y otros se darían los principales conflictos jurídicos y luchas sociales por definir el nuevo Estado federal, sus derechos y metas. Con nuevos traidores como Comonfort.


Para construir el país con el que sueñan los liberales –herederos de José María Luis Mora y Valentín Gómez Farías y alumnos de los institutos estatales que fundó la Constitución de 1824- es necesario arrasar el pasado, destruir la herencia de la colonia. A esa tarea dedican todas sus fuerzas los políticos de la generación de 1857, la mejor generación que ha nacido en México. 

            José Emilio Pacheco. Poesía Mexicana 1810-1914. Ed. 1979.


El 5 de febrero de 1857 se pactó la Constitución Liberal que actualizaba los derechos y libertades de la nación y ciudadanos. Con el Plan de Ayutla (1854) inicia la revolución contra los conservadores y contra la dictadura de Santa Anna, hasta el triunfo de los liberales en 1860. Al promulgarse la Constitución de 1857 los conservadores, la iglesia y el viejo ejército se levantaron a defender a la iglesia y sus taras, con el Plan de Tacubaya, asesinando a liberales y excomulgando a los que apoyaran la Constitución, con la traición de Comonfort. 

Al ser derrotados, los conservadores acuden al extranjero a pedir a Francia que domine el país y ponga al emperador Maximiliano. Por lo que la guerra continuaría de 1862 a 1867 -debido a la intervención militar de Francia, con Maximiliano como emperador del país- hasta la derrota de los militares invasores y su expulsión de México, y la derrota de los traidores conservadores.

El siglo XIX tuvo dos invasiones militares extranjeras, la norteamericana, de 1846 a 48, y la francesa, de 1862 a 67. Ambas deben estudiarse y compararse: porque en el primer caso, al tener al frente del país a los conservadores y traidores que lo dividían -y como jefe a Santa Anna-, fue derrotada toda la nación. En cambio, los liberales, con Juárez a la cabeza, unificaron al pueblo, en contra de los enemigos extranjeros y nacionales. Nos recuerda José Emilio Pacheco:

Juárez y su grupo emprenden la reforma social con el objeto de lograr la democracia y el desarrollo económico. Gran parte de lo confiscado a la Iglesia para financiar el progreso tiene que gastarse en la guerra, primero contra los conservadores, luego contra el ejército de Luis Bonaparte y las tropas del archiduque Maximiliano. Nada tan diferente al país de Santa Anna, derrotado en 1847, como el México de Juárez, victorioso en 1862 y en 1867. La tarea a que se enfrentaron los liberales no es reconstruir lo que nunca ha existido: es inventar una nación sobre las ruinas dejadas por sesenta años de guerra. 

            José Emilio Pacheco. Poesía Mexicana 1810-1914. Ed. 1979.


Tres grandes triunfos del pueblo encabezó Juárez: la derrota de los conservadores (1860), en Calpulalpan; la derrota de los franceses y conservadores (1862), en la batalla de Puebla; y la derrota de los conservadores y la expulsión del ejército francés (1867), rematados todos épicamente en el Cerro de las Campanas, los traidores conservadores y los invasores europeos.

Las otras Constituciones, la de 1857 y de 1917, ambas también fueron precedidas por sus respectivas revoluciones: la de 1854 hasta 1867, de 13 años para el pueblo, sobre quien se articuló la lucha y resistencia heroicas de la guerra de guerrillas. En efecto, Juárez promovió la unidad de los mexicanos contra los invasores, junto con la guerra de guerrillas, aunque éstas hoy sean poco estudiadas y conocidas, fueron una gran experiencia y la base del triunfo sobre un ejército mucho más poderoso.  

Ya que fracasó el intento de invasión al país, por tres naciones –Inglaterra, Francia y España, con el pretexto de que México debía préstamos no pagados- porque Juárez logró negociar esas reclamaciones en el Tratado de La Soledad en febrero de 1862. Pero los franceses, con el pretexto de la solicitud de los traidores conservadores, deciden invadir México con un ejército más poderoso que el yanqui de 1846 a 1848, cuando perdió el país la mitad del territorio. E iniciaron la guerra en mayo de 1862 con la estruendosa derrota del 5 de mayo en Puebla. Pero redoblaron sus tropas y avanzaron mucho.

Después de la caída de Puebla, en 1863, Juárez cambió la táctica de los republicanos. Dice A.B. Belenki: 

“Ahora rehuían las grandes batallas, se evitaba quedar cercados en las ciudades y, por el contrario, se obligaba al enemigo a extender sus fuerzas para poder para poder caer así sobre pequeñas guarniciones francesas aisladas”. [1]

“La fuerza de las guerrillas consistía en que contaba con el apoyo de la mayoría absoluta en todo el país y en primer término de las clases trabajadoras. (…) Los guerrilleros por lo general, conocían de antemano los movimientos de los franceses, pues éstos estaban completamente rodeados de gentes del pueblo que colaboraban con las guerrillas”. [2]

“Haciendo frente a un enemigo muy superior militarmente, retrocediendo de ciudad en ciudad (durante los años que duró la intervención, la República tuvo seis capitales), estando a veces a un paso de la muerte. El presidente Juárez no depuso jamás las armas, no accedió nunca a un compromiso con el enemigo. Rechazó con energía y desprecio todas las proposiciones de paz de Maximiliano.” [3]


En la Revolución de 1910 surgen las demandas laborales y agrarias, y en la Constitución de 1917 se vuelven derechos, pero será en la lucha de las y los trabajadores del campo y ciudades cuando ambas se vuelvan realidad.

La nación se consolidó como Estado independiente y de libertades con Juárez pero los años siguientes fueron turbulentos, sobre todo por los gobiernos de Porfirio Díaz que a partir de 1880 serían como dictador. Su primer paso fue prohibir la prensa libre y prohibir la libre organización de la oposición política; es decir, sus primeras acciones fueron en contra de la Constitución de 1857, apoyándose en la fuerza del ejército y convirtiendo a éste en la “columna vertebral” de la dictadura. La prohibición de las libertades ciudadanas, y el ejército, son las dos bases de una dictadura, como la que ejerció Porfirio Díaz hasta 1911. 

Cuando surgen los sindicatos y las huelgas modernas en 1905, pero sobre todo la de Cananea en 1906 y Río Blanco en 1907, Díaz emite un Laudo laboral el 4 de enero de 1907. Prohíbe las huelgas y los sindicatos y se muestra a favor de la patronal textil –y en general de toda la patronal-, pidiéndole los patrones textiles que reanuden labores a partir del 7 de enero de 1907, el mismo día de la huelga de Río Blanco y de la brutal represión (similar a la de Cananea) anti-obrera. Se calcula que cerca de 200 obreros muertos fueron transportados hasta llevarlos y tirarlos al mar. 

Todos estos antecedentes –y muchos más- crean el descontento social en casi todo el país, que generará en la Revolución de 1910. Desde 1902 surge la organización radical de los liberales anarquistas de los Flores Magón (a los que no hay que confundir con los anarco-sindicalistas de la Casa del Obrero Mundial y otros, porque los Flores Magón fueron anarco-revolucionarios y formaron la organización más coherente e influyente en esos años de la lucha revolucionaria). Bajo el régimen porfirista se consolidó el naciente sistema capitalista, la oligarquía nacional y extranjera y el creciente germen de la Revolución. Un capitalismo, sí, pero subdesarrollado y dependiente del capital extranjero, más de Estados Unidos.  

Más popular y de alcance nacional se hizo la revolución tras el asesinato de Madero, y con Huerta, el traidor y asesino de 1913, lo que radicaliza la revolución e involucra a la mayoría del país. Con las tropas de Obregón, Villa y Zapata se levanta México. De los tres el más impactante fue Villa, que baja en 1914 desde Juárez, Torreón y Zacatecas infligiendo las derrotas más severas al ejército de la dictadura de Díaz, en esos años en manos de Huerta. Será en Zacatecas la gran derrota del ejército y la gran victoria del pueblo, justo donde Huerta pensaba triunfar porque esperaba a Villa desde lo alto de los cerros de Zacatecas con cañones y ametralladoras, para acabar con las tropas villistas. Pero ¡oh, sorpresa!, con la fuerza y disciplina de las tropas de Villa y la estrategia de Felipe Ángeles, triunfa Villa. Y Huerta sale del país.

La derrota del ejército de la dictadura, en 1914, abre las puertas a la Constitución de 1917, a la primera Constitución social del mundo, la que funda en ese rango el derecho del trabajo en el artículo 123 y, bien visto, al cardenismo de 1834 a 1940. En el Constituyente de Querétaro juega un papel más influyente Francisco Mújica que Carranza, el promotor inicial de la Constitución de 1917. Como lo dijo Cárdenas en la tumba de su amigo Mújica el 13 de abril de 1954:

“En la forja de nuestra Constitución, Múgica no abandonó la proa en las horas de máxima responsabilidades, y con profundo concepto de la dignidad humana, respaldó la legislación protectora de los trabajadores y el reconocimiento de los derechos de la mujer. […] Los constituyentes de 1917 elevaron a la categoría de Ley Suprema los postulados fundamentales de la Revolución Mexicana: el nacionalismo en nuestra economía, la reforma agraria y los derechos de la clase obrera; y se empeñaron en liberar la conciencia de nuestra niñez y de la juventud de las cadenas de la intolerancia y de los fanatismos, abriendo la inteligencia a todos los horizontes de la verdad científica, para crear una positiva conciencia nacional” (LC. 13-IV-1954). 

Y en torno al trabajo y la protección a los trabajadores, Mario de la Cueva, apunta:     

“De ahí que pueda afirmarse que el derecho del trabajo es en México, en sus orígenes, son obra del Estado; más tarde, sin embargo, según veremos, el papel principal corresponde a las organizaciones obreras.”    Mario de la Cueva, Derecho Mexicano del Trabajo. Tomo I, p.117. Orígenes del art. 123 de la Constitución de 1917. (3)  

En efecto, no bastó la promulgación de la Constitución de 1917 para que los derechos plasmados en ella se cumplieran ni que aparecieran en letra de molde para que los patrones la cumplieran. Un año después, en 1918 y aun en 1919 la mayoría de los nuevos derechos no los cumplían los patrones y gobiernos, pese a la existencia de la CROM desde 1918. Tuvieron que ser los obreros de Monterrey los primeros que hicieran huelgas generales para exigir la aplicación de los salarios mínimos y la jornada máxima de 8 horas diarias. Lo mismo ocurrió en 1931 cuando se reglamentó el artículo 123 de la Constitución y surgió la Ley Federal de Trabajo, en la que aparece que el 7º día será de descanso pagado. Los patrones se negaron a hacerlo, los trabajadores tuvieron que hacer protestas, paros y manifestaciones para que los patrones cumplieran.

El cardenismo, de 1934 a 1940, fue la segunda etapa de la lucha de clases más vigorosa del país, después de la Revolución de 1910, pero en la anterior fueron los campesinos y jornaleros los actores centrales, y en el cardenismo serían los obreros. En ambas etapas, estarían las dos clases laborantes del campo y la ciudad, y muchos creemos que la Revolución de 1910 continuó hasta 1940.

 

¡Celebremos este 4 de octubre de 2024 la primera Revolución de 1810 y la Constitución de 1824!


Notas:

[1] Belenki, A. B. La intervención extranjera en México. Ediciones de Cultura Popular. México 1975, p. 117.

[2] Ibid. pp. 125 y 126.

[3] Ibid. p. 136.


* Abogado del Sindicato Minero y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas (ALAL), y la Asociación Internacional de Juristas Democráticos (AIJD).

Imagen de portada: Mujeres de la Revolución Mexicana. | Foto: Universidad Autónoma de Nuevo León.






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