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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 4 de octubre de 2021
Te he platicado ya de nuestras mascotas, lo sé, pero es que el tema es inagotable.
Para empezar parece que son más cada día, cuando las añadiduras suceden sólo es de vez en cuando, pero en lo que se acomodan recién llegados y habitantes originarios, pues todos toman mucho lugar y hacen mucho ruido. Las jerarquías no se establecen así como así, cada uno va tomando su lugar, a menudo menospreciado por las miradas glaciales de alguno de los jefes previos de la manada.
Y luego necesitan de sus humanos,-ves, somos de ellas como lo son ellas de nosotros-, y sí es un gasto lo de la comida, bañitos, vacunas y esterilizadas. Te confieso que hay días en los que me abruman ladridos y maullidos, olor a croquetas y juguetitos regados por la casa. Pero con una mirada de cualquiera de ellos me siento mejor.
El caso es que hoy viven con nosotros cinco gatos y una perra: Misha Camisheta, casi toda blanca de mirada verde, Hannah Banana Split, atigrada, un poco torpe, un poco llenita, Maya Mayita Marinetita, bebita negra de pelo corto y brillante, de corbatita blanca, Coca Colita su hermana, negra también, pero de pelo desordenado y de mechones plateados, Venus Venusina Potosina Capuchina, cachorrita de 5 meses,-única perra del grupo-, que no se da cuenta de su tamaño y atropella seguido a Maya y a Coca y… Y de vez en cuando Scar, macho negro, fuerte y macizo.
Misha come croquetas para gato adulto con problemas en el hígado, Hannah croquetas para gato adulto que debe de vigilar la línea, Maya y Coca comen de las croquetas de Hannah, y Venus croquetas para perro grande cachorro. Y está Scar, él come lo que encuentra en su camino. Todos toman agua de la llave. Hay croquetas en la repisa de la cocina, dónde sólo alcanza Misha, sobre nuestra cama, (¡ya sé!), para que venus no se coma ni las croquetas de las chiquitas ni a las chiquitas en sí, en el patio para Scar si es que venus no las encuentra antes, y en el piso de la cocina para venus, quien se las come aunque ya haya probado todas las otras. Parece esto El baile de las croquetas.
Cuando Misha tiene hambre o sed, se sienta al lado de su plato o dentro del lavabo y espera a que un humano la atienda. Hannah me mira insistentemente, siguiéndome a todos lados. Maya maúlla en un tono especial, porque has de saber que platica todo el tiempo, y Coca De repente ve que hay comida y come. Venus empuja su plato con las patas y cuando ya atrajo nuestra atención, lo toma en su hocico y lo lleva a la cocina. Scar no dice nada, se sienta, espera.
Misha llegó aquí rescatada por una conocida de Facebook, ya vacunada y esterilizada.[1] Al principio se escondía de todos y le es difícil a veces aceptar largas caricias. Duerme entre el mareado y yo, en el huequito que le dejamos entre almohada y almohada. A Hannah la encontró la novia de uno de mis hijos, golpeada y muy lastimada, cachorrita de un mes. La cuidó varias semanas, la llevó al veterinario y nosotros aceptamos tenerla aquí. Ya está vacunada, esterilizada y hay que esconder cualquier pastilla o medicina de ella, le gustan. Sólo le podemos acariciar la cabeza y cuando está harta, lo cual sucede muy rápido, lanza un mordisco al aire. Las hermanitas llegaron bebitas, una de esas adopciones del amigo de la prima de un tío que las vio en face. Las esterilizaron esta semana y hay que cuidar nuestros platos de ellas, todavía están aprendiendo a esperar que les convidemos de nuestra manzana, nuestro pan o nuestros frijoles. A Venus la trajo la misma novia del mismo hijo que nos trajo a Hannah, le gusta masticar zapatos, da la pata y aprendió muy rápido qué tiene permiso hacer y qué no. Sólo le sigue costando trabajo no jugar rudo con las gatitas, que a comparación de ella, son diminutas. Un día de estos, será esterilizada también, aunque sea uno de esos perros de raza, -como si los demás no lo fueran-[2], y que eso esté mal visto entre quienes los reproducen por negocio. Y está Scar, él llegó solo y le desconcierta mucho que lo acariciemos, ha soltado mordidas fuertes y tiene todavía semejante par de tanates que no dejan duda en cuanto a su no-frecuentación de un veterinario. Cuando se deje, ira a desparasitación, vacunas y esterilización.
Misha no maúlla, sólo mira, ella es la jefa de mirada glacial. Hannah llama a quien pase cerca, sobre todo a uno de mis hijos que no es el de la novia que la encontró, lo ama, lo venera. Maya, ya te dije, platica todo el tiempo y su hermana Coca se queda en silencio, ha de estar mareada por los monólogos de su compañera. Venus ladra si pasa algo inusual en la calle, bosteza cuando la despertamos y medio aúlla cuando quiere atención para jugar. Y Scar maúlla afuera, onda gato arrabalero que ya llegó a conquistar a todas las gatas del barrio.
Misha y Hannah llegaron con nombre, sólo las apodé tantito. Maya y Coca tuvieron nombre a los dos días y Venus justo cuando llegó, en honor a Venus Williams, que porque al mareado le gusta el tenis. De Scar no sabemos si tiene nombre fuera de aquí, el que le pusimos es por Scarface,[3] el pobre está cubierto de cicatrices.
Todos llegaron de lugares conocidos, en general al norte u oeste de la casa, puritita casualidad menos Scar, que cuando llega, lo hace desde el sur-sur-este.
Scar ya vivió con nosotros unas semanas pero cuando se puso violento escogimos echarlo. Mi hija lloró. Yo también. Me sentí como autoridad debiendo tomar decisiones duras y en contra de sus sentimientos, pero obedeciendo a la ley: aquí ni nos mordemos ni nos agarramos de la greña. Mi hija le siguió poniendo comida afuera, yo seguí checando que el plato estuviera lleno y el mareado siguió suspirando.
Acabamos de decidir darle otro chance a Scar. Ha estado viniendo, se deja acariciar y la única que no capta que ya es bienvenido es Venus, le ladra con voz de perro grande muy adulto, GUAU, GUAU. He hablado con ella, ya vendrá el día en el que no se hablen tan feo.
¿Por qué otro chance? Francamente, no necesitamos más mascotas, ni temer más peleas o escaramuzas, sobre todo a las dos de la madrugada. No nos sobran ni las croquetas ni los platos para mascotas y no sé si Scar use los areneros, me consta que se orina en todos lados, es macho. La jerarquía entre las féminas no está suficientemente bien establecida todavía como para meter otro peón al juego. Las vacunas y esterilización son caras, bastante si los empiezas a multiplicar. No tenemos corazón de pollo,[4] aunque chance sí de gallo maduro. No estamos buscando ningún reconocimiento entre casas vecinas o premio nobel de los mascoteros.
Sólo creemos en ayudar, en compartir y en dar segundas chances.
Scar no ha llegado en unos días. Sabemos que está lastimado, mi hija lo curó y no le gustó el picor de la medicina. Salió corriendo.
Sólo espero que no esté debajo de algún puente como los haitianos en Ciudad Acuña, ahogado en algún charco gigante como los que dejan África para llegar a Europa, golpeado como tantos en Villahermosa, Tabasco o muerto, sólo muerto en algún lugar soleado como tanto latino en su intento por pasar “del otro lado”. Apartado, golpeado, menospreciado como todos los que intentan atravesar fronteras sin pasaporte.
Porque en mi mente simplista, veo a Scar como un migrante venido del sur-sur-este buscando asilo en algún lugar que pinte mejor que su hogar.
Y claro Misha, la actual jefa de la manada, es blanca y el Scar es bien, pero bien negro.
Notas:
[1] La gata, la conocida de Face no sé.
[2] ¿Será esto racismo capitalista?
[3] El de Brian de Palma.
[4] Mi hija sí y le hago la segunda bastante bien, pero somos razonables.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de portada: Anaïck Lentz.
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