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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 14 de marzo de 2022
Ayer por la tarde, presa de la nostalgia, en un impulso, escribí tres palabras en un pedazo de papel…: “Caen los pájaros”
En un rato volví a leer los poemas de antes, de cuando tenía diez y seis años…
Con una sonrisa de ternura, reconocí la cadencia que me gustaba, algo entre Ronsard y Glenmor, los sueños que tenía y la tristeza que me acompañaba.
“Siempre amar sin ser amada” eran palabras que volvían a menudo sobre las hojas de mis cuadernos. La nada, la muerte, la soledad… También el mar y Bretaña….
Rescaté, no por casualidad, sino por gusto, algunas líneas… Las demás… Esas las dejé que siguieran durmiendo.
Aquí se las dejo… Tal vez algunos se acuerden de ellas…
“El cielo negro me invade
Color de lluvia
Color de sangre”
Seguramente era una oda a Baudelaire y a su cielo bajo y pesado. Unas ganas de caminar por la playa, frente al viento, y de sentir mi cabello volar… Pasando de él a Chateaubriand, soñando, soñando…
“Siempre amar sin ser amada
Y ver la felicidad de otros
Sentirse sola
Y comprenderse solitaria”
Esas palabras eran como una resaca: regresaban sin fin… Aquel sentimiento tan cruel de querer siempre al que no me miraba. El objeto de mis amores cambiaba a menudo, al son de mis sueños y de mis fantasías… Pero siempre o nunca, sin quererme…
“No quiero estar de rodillas
Cuando te veo de pie
Y sin ser como tú
No quiero ser como ellos”
En ese entonces ya, o todavía, rebelde, diferente, orgullosa de serlo aunque tuviera miedo, tanto miedo de no ser como los demás. En ese entonces ya, muy dentro, de mí, la rebelión, el “no”. Sencillamente el “no”.
Escribía también:
“¿Por qué será que siempre miro a las estrellas
Sin detenerme a observar a mi alrededor?
¿Y por qué siempre, la cabeza en alto
Tropezones y caídas
Han sido toda mi riqueza?
¿Y por qué prevalece en mí el orgullo?
¿Por qué no acepto los defectos de mí mundo?
¿Por qué soy como soy y no como los demás?”
Me gustaba buscar efectos de luz, de disolución, de evaporación… Me soñaba humo desaparecido… Recuerdo y añoranza. Me deseaba ligera, yo, que no era más que torpeza. Me deseaba aérea, yo, que no era más que carne pesada…
“La luz azul se inscribe en mi alma
Y en mi corazón
Se evapora en tristeza infinita
Y suavemente se tiñe de obscuro morado
Melancolías esbozadas en un cielo translucido
Mis amores aletargados
Mis amigos olvidados
La añoranza que me invade se desvanece en el pasado”
Hablaba de muerte, mucho, a menudo. Me parecía cercana, inevitable y me soñaba dormida, lejos, muerta, muerta, muerta… De aquella muerte que parece tan dulce, de la que no hace sufrir y que no es más que un paso en adelante. Me veía muerta en los ojos de los demás, aquellos de quienes me había enamorado y que no me querían… Me deseaba añorada, reconocida al fin… Pero también, y sobre todo, por fin tranquila, dormida.
“Malva
Estoy muerta
Sudario gris sobre cielo de nieve
Muerta
Llora, tierno despojo
Tu descanso atravesó el cielo de la esperanza
Tu deseo solitario brilla en medio de la noche
Y la rosa de los vientos silba tu derrota”
Y otro día, escribiendo también:
“Es mi muerte la que cuento
Mi suicidio el que escribo
Palabras fútiles que no retienen a nadie
Que no despiertan angustia
Porque no cuentan más que una muerte ficticia
Sí, amo la vida
Y tengo la intención de vivirla
Plenamente
Absolutamente”
Recuerdo mis humores, mis tristezas y mis alegrías, pasando siempre de la luz más deslumbrante a la angustia la más terrible. Qué duro era vivir a los diez y seis, qué duro era entender… Alrededor mío, los demás me parecían tan hermosos, tan seguros de ellos mismos. Y yo, me quedaba sin aire al tratar de seguirlos, de adelantarlos, nunca como ellos, siempre otra. No veía, en aquel tiempo, que los mismos tormentos los agitaban, que no hacían más, finalmente, que correr también…
Al hojear mi cuaderno viejo, en el cual copié todas mis palabras, mis deseos, mis ganas, en donde pegué mis fotos y alguna que otra flor seca, buscaba este poema… Es la historia de unos pájaros, de esos que no pueden volar más, y que caen, que caen… Es la historia de mis sueños, de mis amores, de los que nunca llegaron a la luz, o que fueron pisoteados… Caen, caen, caen… Es tan difícil tener diez y seis años…
« Caen los pájaros
Heridos de sol
Deslumbrados por la mar
Caen eternamente
Caen los pájaros
Al romperse su ala extendida
Caen y gritan
Miedo y obscuridad
Caen los pájaros
Y se llena el aire, la vida y la mar
De sus llantos solitarios
Caen y mueren
Y al caer esos pájaros
Mis sueños y mis amores,
Heridos de vida,
Caen eternamente”

* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imagen: AnaBihan.
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