Breaking

De normas y carteros

Diálogo País / Top News / 11/02/2019

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 11 de febrero de 2019

 

Pues aquí es invierno.

Dicen los autóctonos que no tanto, que los días bonitos están cerca.

Me gusta lo que veo, lo que descubro.

Ya sé, es mi tierra, pero en mi vida sólo pasé un invierno en ella, y fue hace 40 años. Tons has de cuenta que soy como turista recién llegada.

Obvio que hace frío, pero ya nos estamos acostumbrando, mi hija y yo. A veces se nos congela la nariz o nos duelen dedos y orejas pero nada más.

Lo que sí llama la atención es el cielo. La luz de día.

Amanece tarde, anochece temprano.

Empieza a clarear por ahí de las siete y media y amanece ya francamente a las ocho y media. En la tarde, sabes que son las cinco y cachito porque ya no ves bien en la calle. Y a las seis, ya, a buscar estrellas si el cielo lo permite. Llueve mucho aquí, pero eso es independiente de la estación. ¡Hay chistes en Francia sobre la lluvia en Bretaña, dicen que llueve unos días sí y los otros también! Entonces cuando el cielo no está cubierto, pues ves estrellas, claras, nítidas, extremadamente brillantes.

Foto: Anaïck Lenz.

Y los pájaros saben antes que nosotros que ya va a ser de día, es impactante. Empiezan a cantar desde muy tempranito, en medio de lo que parece noche pero ya es día. Será que los han educado a seguir relojes, no cielos, normas, no instintos. Imagino que a los gallos también les enseñaron a cantar a tiempo para despertar a todos en las granjas, no fuera a ser que quisieran ser originales y esperar a que saliera el sol.

Hay también animalejos que yo no conocía. Ya sea porque en verano no hay, ya sea porque no me había detenido a platicar con la vecina.

Son orugas procesionarias. Tienen sus nidos en los pinos, imagina un algodón de los de feria, blancuzco, gigante. Ahí se van criando y cuando nacen, bajan una detrás de la otra, en procesión justamente, lo cual justifica el nombrecito, y se siguen así por la vida, procesionando. Aquí les tienen, además de respeto, trampas muy ingeniosas. Rodean los troncos de los pinos con una abrazadera enorme y en uno de los frentes, cuelgan una bolsita, que dice muy claro, – recuerda el papelito del cajero-, que es una trampa para orugas, que no te lo pongas en la cabeza ni lo uses para guardar tus calcetines.

Esas manías de etiquetarlo todo, protegerse de todo y cubrirlo todo de normas me traen de cabeza.

Deja te doy ejemplitos:

Viene el cartero, muy uniformado, con su camionetita amarilla. Yo lo veo por la ventana y bajo a preguntar qué desea, porque veo que empieza a escribir en su bloc de notitas carteriles. Me pregunta, tosco, por qué no salí antes. Explico que no hay timbre,- el inquilino cortó los cables, ¡hazme el favor!-, y claro que en la urgencia de arreglar otras cosas, el timbre no está listo. Me contesta el hombre: “Primer error”. Luego, explica que quiso entrar, así se usa en mi pueblito, y que la puerta estaba cerrada. Yo, explico que la puerta es vieja, dura de empujar y jalar y que además hay que darle vuelta a la manija al revés. Me mira, más tosco, y dice: “Segundo error”. Sigue con sus notas, las del bloc, y, más más tosco, dice: “Y veo que no tiene buzón. Tercer error”. Explico que el inquilino, que el buzón, nuevo, que el alambre y todo los demás, y me corta la palabra: “Son tres errores.”

Me sentí en juego de beisbol. Tres estraiks.

O viviendo con Sheldon Cooper.

Ya que captó que soy turista, pero de buena voluntad, guardó su bloc y sonrió.

Caray…

 

Otra cosita:

Vamos a cambiar ventanas en nuestra casa. No a construir. No a modificar. Van a ser igualitas pero nuevas.

Pues se necesita avisar a la alcaldía. No pedir permiso, avisar. Y esperar un mes a que te digan: “Oh sí, ya avisó, adelante.”

Es para respetar las normas que imperan en el pueblo y rigen la apariencia de las casas. Y luego hay zonas, los de la zona A no tienen las mismas normas que las de la zona B balneario o B calle principal.

Aprecio infinitamente que mi pueblo no cambie, que no tengamos un café gringo en cada esquina, pero se pasan tantito digo yo. Sobre todo en la espera del permiso, que no es permiso es aviso, pero hay que esperar…

Otra norma.

Sobre las playas, hay casitas de madera o de PVC para que las personas que lo deseen guarden allí su ropita, sillas plegables y se puedan cambiar discretamente. Todas blancas, de techito de dos aguas.

Y esta vez, cuál no fue mi sorpresa al ver que las de la primera playa, -son siete, ¿recuerdas?-, son azules, planitas por todos los lados, e, impactantemente, de azules diferentes. Se ve muy bonito, pero no quiero pensar cuántas juntas fueron necesarias para poder tomar esa decisión.

Han de haber soñado todos los del consejo municipal con tablitas azules transformándose en techos de una sola agua.

 

Ejemplos, tengo para repartir, se agolpan en mi cabeza y mi pecho:

El día que nevó, mi hija fue de las pocas en salir a la playa. Por las calles, se le quedaban viendo los de los coches, porque… Eso no se hace.

Error uno.

 

Cuando fuimos a la tienda de muebles de segunda mano, nos trajeron nuestro sofá “nuevo” a casa. Menos mal, porque todo lo hacemos caminando, la tienda nos queda a más de una hora, y cargar el sofá entre mi hija y yo iba a ser un poco difícil. Acabé platicando con la chava que hizo la entrega, dueña del lugar, joven, ojos azules saltones, antojables, daban ganas de tocarlos, afuerita de su camión. En el fuego del intercambio, de repente la tuteé. Y… Eso no se hace.

Error dos.

 

Y claro, ya viste que vamos por el error tres.

Un albañil está ya trabajando en la parte de atrás de la casa, la que no necesita visto bueno más que nuestro, porque no se ve desde la calle. A las doce y media, se fue a comer, a su casa. Vive cerca, en una casa chance más nueva que la nuestra, pero parecida, -¿Zona C?-, se va en su mega camión de trabajo, blanco, con nombre y razón social pintados en grande, me ha platicado de las carpas japonesas que tenía, de sus hijos, todo. No es discriminación, es constatación, nada que ver con un Maestro albañil en México, hasta tiene su propia revolvedora. De hecho aquí se llaman Artesanos, los pintores, plomeros y más. Y ser obrero es igual que ser enfermero o maestro o abogado. Mismas casas, mismos derechos res-pe-ta-dos, misma apariencia. Es un descanso profundo. Claro que hay desigualdades, pero no son tan terribles como en México, no es tan abismal el precipicio en el que se pierde la vista al examinar diferencias de oportunidades.

Total que me dice al irse: “Bon appétit”. Y yo, dâ…, digo: “Ah gracias pero nosotras comemos como a las tres.”

Y aquí… ¡Eso no se hace nunca, jamás!

No fue Error tres, ja, te engañé. Porque es un cuate muy abierto y más bien quiere saber más.

Pero mi hija y yo nos la vivimos juntando errorcitos, entre las normas y ese código no escrito que toda nación, pueblo, familia lleva por dentro.

 

Y por eso nos sorprendimos al ver de repente una casa rosa, en un lugar de casas grisáceas, marronescas, de piedra estilo Stonehenge. Supimos luego que es una casa de lujo, construida en un parque para casas de lujo y habitada por personas que tienen más lana que el artesano albañil que platica conmigo.

Igual por acá la diferencia entre clases se nota en el color de las casas…

Bretaña Francesa. Febrero 2019.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Foto de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




Entrada Anterior

Juan Soriano, a 13 años de su partida

Siguiente Entrada

Con el arribo de López Obrador, aparecen miles de trabajadores





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Juan Soriano, a 13 años de su partida

SOMOSMASS99   Redacción / SomosMass99 Ciudad de México / Domingo 10 de febrero de 2019   El pintor y escultor...

11/02/2019