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De pensamientos inútiles

Diálogo País / Top News / 18/02/2020

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Martes 18 de febrero de 2020

 

Me senté hoy a escribir el final de mis cuentos. Pero no me logré concentrar en princesas y hadas. Se llenaba el estanque de risas perdidas.

Luego pensé en elaborar un texto ingenioso sobre la significación de la palabra feminicidio. Compararla con la de varonicidio, que todavía no anda por las academias reales.

Pensando que el no entender la diferencia entre los asesinatos –homicidio- y los feminicidios es muestra palpable de lo torcido que está el asunto.

Pero esta vez me rebasa la violencia.

Luego quise hablar de lo que nos dijo el presidente, eso de que “Yo tengo la conciencia limpia, porque trabajo todos los días para garantizar la paz y la tranquilidad en el país”, de que “No se mide el grado de descomposición social que produjo la política neoliberal, hay una crisis profunda de pérdida de valores, en el país”,  de que “Son crímenes -los feminicidios- que tienen que ver con odio, crímenes que tienen que ver con problemas sociales, problemas familiares, es una enfermedad social” y de que “Tenemos que seguir moralizando purificando la vida pública, esto no sólo se resuelve con policías, ni con cárceles.”

Lo de “Le pido a las feministas con todo respeto que no nos pinten las puertas, las paredes, que estamos trabajando para que no haya feminicidios, que no somos simuladores y que no esperen que nosotros actuemos como represores, que no nos confundan, sabemos porque llevamos años luchando cómo sacarle la vuelta a la provocación”

Y “… que sólo siendo buenos podemos ser felices”.[1]

Pero eso de investigar a fondo qué es la política neoliberal y tratar de atar cabos me dio algo peor que flojera, fue como un amasijo de sentimientos en los que se distinguían la ira,  la desesperanza, el hartazgo. Porque tenga razón o no, es pretexto. Los pretextos sirven para alentar, perder al contrincante y hacer como que uno está realmente en lo que debe. Sea cierto o no, yo lo vi sonreír cuándo dijo todo eso. A menos que tenga un tic facial el señor.[2]

Y lo del moralismo que ya no es subyacente, que sólo los buenos entrarán al paraíso -de la felicidad- me pudre. He de ser muy mala.

Pensé no escribir. Ver tele, tejer o bordar. Total, ¿qué puedo hacer?

Explicar que el feminismo surge de la violencia hacia las mujeres. Ya no.

Explicar que una feminista no es forzosamente la que sale a la calle, que algunas están en casa, luchando a como puedan. Ya no.

Explicar que las pintas llaman la atención, porque la sangre no. Ya no.

Explicar que las familias de las mujeres violadas, descuartizadas, evisceradas, no son malas. No.

 

Pensé que pensaba cuando en realidad rompía paredes en mi mente.

Pensé que pensaba cuando en realidad lloraba.

Fátima tenía siete años. Nada más siete años.


[1] Escuché la mañanera y escribí bajo dictado del presidente. No es “me dijeron” o “por ahí leí”. Bueno que habla lento, es fácil escribir a su ritmo.

[2] No, no estoy en su contra siempre y nomás porque sí. Le doy chance. Y lleva sólo un año. Con calma, chance amanezca igual que nosotros. O nosotros como él, sabe…


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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