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De razonar mi voto

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 31 de mayo de 2021

 

Y que se nos vienen encima las elecciones. Y que esta vez decidí no votar ni por filias o ni por fobias, sino usando mi intelecto. Me dirás que ya es tiempo y te contestaré que tengo varias explicaciones, que no pretextos, para justificarme, siendo las más importantes que me es muy difícil entender qué hacen los políticos y que cuándo más se habla de ellos es cuando los acusan de fraude, robo y otras nimiedades.

Veo seguido a diputados y senadores desgarrarse las vestiduras en las sesiones de sus respectivas cámaras, subir a la tribuna para impedir tal o cual discurso o  de plano, tomarla exhibiendo lonas y cartulinas acusándose entre sí de mil y un horrores. Pero realmente escucharse unos a otros no lo hacen, a menos que haya alguna dadiva por debajo de la mesa para apoyar una iniciativa, espulgar alguna ley o sencillamente abstenerse de votar a la hora crucial de tomar decisiones. Mira un poco el canal oficial de la cámara de diputados y observa a los que no están discurriendo: dormidos, jugando en su cel o platicando. Y analiza luego las decisiones tomadas y desenmaraña el ovillo de conveniencias o perjuicios que resulta de sus largos debates. Fíjate cuántas veces por mandato hay sesiones extraordinarias o  de plano posposición de decisiones cruciales, según ellos. Imagino que trabajan porque cobran, pero trabajar lo suficiente y bien, no creo.

Yo sólo veo que, a grandes rasgos, el país funciona igual, estén ellos en sesión o no. 

Veo también a presidentes municipales muy amables inaugurando exposiciones o muy trajeados a la hora de las fotos, pero por lo menos en mi municipio, yo no veo diferencia entre los dueños del cargo a través de los años, es más, a veces no supe ni cómo se llamaban ni de qué partido eran.

No es indiferencia de mi parte, es algo así como desánimo ante la tarea colosal de saber quién es quién en la política. 

A menos claro que te sumerjas en ese mundo, y no, no es mi actividad preferida.

 

Pero bueno, el caso es que esta vez, quise estar lo más informada posible. El hecho de que haya salido sorteada para ser funcionaria de casilla tiene que ver, claro. Me da un poco de flojera, no lo voy a negar, pero en mismo tiempo me emociona mucho ser parte del proceso. Vino a la casa una mujer del INE, muy simpática e inteligente, a explicarme qué voy a tener que hacer, y tuvimos, yo y otros sorteados, un simulacro de día de elecciones, montamos las urnas, nos pusieron en diferentes situaciones complicadas  para que practicáramos qué hacer y qué decir, y vamos, que está lindo el asunto. Ya sé cómo pedirle a alguien que llegue en estado inconveniente que mejor regrese luego- no, no le puedo decir que está borracho-, sé cómo hacer pasar a una persona trans aunque definitivamente su la foto de su INE o tenga nada que ver con la cara que veo,- con tapabocas además-, puedo, amablemente, pedirle a cualquiera que se retire la cachucha con nombre de partido,-¿o la camisa?-, sé dónde y cómo guardar las boletas, contarlas y sé quién tiene que escribir el total de votos para unos y para otros. Estoy lista. 

 

Que todo este preámbulo sirva de precampaña para explicarte qué dificultades encontré a la hora de intentar decidir mi voto.

Empecé por descartar ciertos partidos. Curiosamente ya he votado por personas nada más porque les pertenecen, pero esta vez no. No quiero, por una vez, darle a las mismas partes todo el poder, votaré, está decidido, de manera a que nadie pueda robarse leyes, las cuales de todas maneras ni se aplican ni se respetan, pero éste no es el tema hoy.

Después analicé las ideologías de los partidos que quedaron en mi lista. Para eso me metí, bien prudente yo, a Wikipedia, que como tú sabes, saca su contenido de lo que las personas le sugieren, y las personas son el pueblo, y el pueblo no puede estar equivocado. No hay manera entonces de meter mano negra en la definición de los partidos ¿no?  A menos que los bots de tuiter anden en Wikipedia y ahí sí, no habría ni para dónde jalar. A raíz de mi lectura, borré varios partidos, que de manera relativamente encubierta, responden a los que yo ya había eliminado de mi lista.

Luego, entré a la página del INE, apartado “Lista de candidatos a las elecciones bla bla bla”[1], y leí.

Ya no fue tan claro ni tan fácil el asunto, porque siempre es más obvio decidir qué no se quiere que escoger lo que sí. Recordé primero lo de la mayoría relativa y mayoría proporcional, y me perdí un buen rato en internet para tratar de entender la diferencia. Hay un rollo de matemáticas, lo cual explica mi perplejidad. Entiendo, a groso modo, que lo que cambia es la relación con los otros candidatos, no el sencillo hecho de tener más votos. Tal vez por eso diputados y senadores duermen tanto en sus curules, siguen cansados de haber tratado de definir la diferencia con certeza y no saben bien qué tiene que hacer o a quién le responden, yo diría que la famoso pueblo, pero no soy política, igual ando muy errada. Dejé el asunto casi por la paz, anoté en mi cuaderno las frasecitas que encontré como definición para las diferentes mayorías, -insisto, o eres mayoría o no lo eres, eso de que sea relativo no me cuadra-, y me dediqué a espulgar la lista de candidatos para mi municipio y mi estado.

Entré, por no dejar,  a la página de una organización o gubernamental que propone su evaluación de los candidatos, de manera discreta. Tan discreta que finalmente, sólo les puedes hacer caso si desde endenantes estás en su línea de pensamiento. No me sirve que me digan que por tal candidato no es buena idea votar si no me dicen por qué. La frase que ponen de  introducción,-“es una brújula ciudadana del voto sabio”-, me demostró sin embargo que tenemos multitud de votos aquí: el sabio pues, el útil, el de compadrazgo, el de amenazado estoy, el de tacho todo para que vean que estoy inconforme, etcétera.

Me quedaron en mi lista unos 6 personajes.

Busqué entonces cuáles eran sus propuestas. Y nanais, ni maíz paloma, ni nada de nada… No encontré nada. Entré a Facebook, 4 de ellos tienen allí una página oficial y mandé mensaje para preguntar: sólo uno me contestó,-su animador de página imagino-, diciendo que a la brevedad posible me contestaba.  Y qué te digo, ha sido una brevedad larga larga porque no he tenido más noticias.

Salí al peri a leer pancartas: aparte de que cada candidato trae una playera o camisa del color de su partido, y de que una de ellas trae nombre de pájaro de caricaturas, muy acorde con la mascota de su equipo, partido perdón, pues no vi más. Hay una que otra propuesta pero muy poco definida… “Más comedores para empleados”, ¿empleados de qué? sabe…, “Agua para todos”, ¿cómo?, ¿van a convocar a la lluvia?

Leí el volante de un chavo muy joven, que de hecho me había llamado la atención porque, qué tanto sabrá de política a su edad, no lo vayan a matar demasiado rápido, y se limita a decir que es de aquí  del municipio y que… es joven.

Hay una mujer en mi lista pero no voy a votar por ella sólo porque sea mujer, si con el pene no se piensa, pues con la vulva tampoco, seamos claros, ¿no?

Tons, para el 6 de junio no sé todavía por quién voy a votar, no sé siquiera si voy a estar en la casilla porque sólo soy suplente.

Llené tres páginas de mi cuaderno Escribe con espiral tamaño profesional y sigo, no en las mismas, bueno fuera, pero aún más confundida. Eso me pasa por tratar de entender algo en política.

 

Lo que sé es lo siguiente, datos duros y contundentes:

Hasta el 5 de mayo, 38% de los candidatos no ha proporcionado datos de contacto al INE  ni teléfono, ni redes sociales, ni correo y 25% no ha emitido ninguna propuesta, nin-gu-na[2].

Y lo que aterra a cualquiera, es que si no nos apuramos, no va a haber por quién votar, ya van 88 políticos asesinados desde el principio de las campañas en septiembre del 2020, 34 de ellos candidatos.

No es guasa, no es juego.

 Es la cruda realidad de la política en México, los balazos son nuestras huellas digitales a la hora de cruzar una boleta electoral. Por más que seamos nosotros los ciudadanos los que vigilemos las jornadas electorales…


Referencias:

[1https://candidaturas.ine.mx/

[2] Fuente: Organización Nosotrxs; sociedad civil, La campaña que falta.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Fotos de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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2 Comentarios

el 31/05/2021

Con todo y lo que dices, con razón y con datos, la “democracia “, con todos sus asegures, es el sistema que tenemos y “qué bueno”, con dudas y con poca información, tengo una opinión formada y en ella me basaré. Voy a votar.

el 31/05/2021

Estamos definitivamente mejor que cuando era joven
Ya no votan los muertos



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