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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 6 de noviembre de 2023
Se me hace bolas el estómago cada vez que abro Tiktok,
pero veo que el tema de la masacre de niños da igual.
Nadie quiere discusiones.
Peor aún, una parte de mí está seducida por lo inmediato,
porque sabe que la ignorancia es bendición.
Cierro la aplicación y me hago uno más.
– Rafa Morfín.
Me rehusaba a escribir sobre lo que pasa allá muy lejos de nosotros, “entre Israel y Palestina”; sí, comillas, porque Palestina y Hamás son entes distintos el uno del otro, aunque compartan tierra para pisar, porque Israel queda como “los judíos” y es más que eso, y menos que eso, y porque mi mente toma partido como si fuera veleta en plena tempestad.[1]
Me escudaba tras el pretexto fácil y cobarde de que no soy ni periodista ni politóloga, y motivada chance porque igual pierdo amigos al escribir lo que pienso y me da tristeza anticipada.
Pero mi verborrea natural ganó y me enfrasqué en una serie de mensajes con un amigo, Rafa Morfín, y salió lo que tenía que salir.
Desde niña supe de la guerra de 1870, de la Primera Guerra Mundial, de la Segunda, de sus miedos, de la guerra en trincheras, de cómo los soldados franceses se dejaron crecer el vello facial y se ganaron el sobrenombre de Poilus (Peludos), de cómo los que regresaron en 1918 no pudieron respirar por los gases que les inundaron los pulmones y agonizaron durante años, supe de lo espeluznante que fue para aquellos hombres el matar enemigos sin verlos, supe de la muerte que de manera inaudita caía del cielo por primera vez. Desde niña supe del hambre y sufrimiento de los civiles y en particular del de los niños durante las guerras. Desde niña sentí el miedo que sintieron, y sienten todavía, mis padres y sus contemporáneos. Desde niña el poema de Boris Vian es parte de mí, Señor Presidente si quiere guerra, vaya y luche usted, con un carajo. El carajo es mío, Vian no lo escribió, pero al cantar su poema hecho canción, eso, exactamente eso sentimos todos.
Pero de niña no sabía del holocausto.[2] Me enteré a los nueve años, mi prima me regaló el Diario de Ana Franck, mi primo La guerra a los nueve años.[3] Y entendí. Y me sentí culpable, responsable del holocausto. ¿Por qué? Habría que preguntárselo a mi retorcida mente o a mi alma que sí sabe de qué fui culpable en otras vidas.
Ya en la prepa supe del reparto arbitrario de la Comunidad Internacional: a ver, ¿dónde metemos a los judíos sobrevivientes? No, psss mira, allá hay desierto y la gente que habita sobre esa arena no va a discutir, educación no tiene, armas tampoco y voz, menos.
Desde el primer momento, hubo en mi razón una división profunda de opiniones. Siempre he pensado que esa instalación “allá lejos” era un movimiento político de la época, disculpa forzada de la Comunidad Internacional, avergonzada por lo que permitió. Siempre he pensado que qué poca para los palestinos, nomás distribuyeron su tierra, sin preguntar. Y re-reitero el “Siempre he pensado” porque es lo que sigo pensando.
¿Qué fácil no?
La Comunidad Internacional, ésa misma que no voltea a ver a los narcos asesinos, igual suspiró de satisfacción egoísta al ver que «los causantes de problemas», porque así ha sido considerado el pueblo judío desde que existe, y no sé por qué, y me encabrona mucho, pero suspiró satisfecha pensando que ya los tenían en un ghetto moderno y lejano. ¿Se habrán dado cuenta los judíos sobrevivientes de que otra vez los separaban? ¿O habrán también suspirado aliviados al pensar que podrían encerrarse en una casa suya de ellos y desentenderse del mundo que los había perseguido, odiado, humillado y asesinado a través de los siglos? Porque, seamos honestos, el holocausto sólo perfeccionó métodos y logró una cadena de producción de cadáveres que no habían logrado los pogromos de antes, no inventaron nada nuevo, el judío debe desaparecer ha sido una de las melodías repetitivas de los pueblos europeos[4] desde que tenemos memoria.
La comunidad internacional no volteó a ver a los palestinos, desposeídos de su tierra, los árabes, africanos, latinos no contaban ni cuentan para la Comunidad Internacional… “Comunidad Internacional, Comunidad Internacional”, murmura el eco.
Imagina que te pidieran albergar a alguien perseguido, alguien bueno, que ha sufrido. ¿Dirías que sí? No es seguro, por lo menos yo preguntaría para cuánto tiempo sería el asunto y quién pagaría el agua y la luz que se use. Ahora imagina que para albergar a la misma persona buena, que ha sufrido, y es perseguida, te saquen de tu recámara, que no tengas acceso a la cocina, pero que te den chance usar el patio. ¿Te vas a dejar?
Eso les pasó a los palestinos.
Siempre he pensado así. Y hoy también.
Me encabrona la Puta Comunidad Internacional. Los ves ir de junta en junta, elaborando puentes de ayuda para unos y para otros, caray, todo muy parecido a lo que lleva años entre Rusia y Ucrania, o sea, te paso el balón, pero si te lo quitan, no es mi bronca, ¡eso hacen! La actitud internacional sigue siendo una vergüenza, un asco completo.
Y nosotros, que por lo visto no sabemos ya lo que es una comunidad, sólo peleamos y denigramos un lado u otro, o el tercero que luego ni siquiera sabemos bien quién está en guerra, con esto de que Hamás y Palestina no es igual, con esto de que Israelí e Israelita tampoco lo son. Me saca de quicio. Hamás no es Palestina, los rusos no son Putin, los judíos no son Netanyahu, los ucranianos han de ser gente normal, unos feos y otros guapos, aunque sí me inclino a tomar partido por los ucranianos que total, ni estaban molestando a nadie y porque el famoso Putin me da miedo, mucho. Y sí, sé que otra vez re-reitero, pero es que re-revomito tanto odio entre tantos que no nos conocemos. Y, porque me truje, digo fuerte que en México, no somos ni todos narcos ni todos flojos. Y sí, sí viene al caso, es el mismo proceso en nuestro pensamiento, globalicemos, globalicemos.
Entonces lo que está pasando me revuelve el estómago, por eso el vómito coercitivo y repetitivo. Porque no nada más mueren de manera espantosa de todos los lados de este mega-puto-polígono, pero además los espectadores sacamos[5] provecho de cualquier violencia para deleitarnos frente a imágenes atroces y para, sobre todo en redes sociales, sacar furia contra cualquiera que no piense igual, cuando justamente el pensar algo de bordes lisos es tan complicado que se vuelve imposible en esta situación.
Sí, deleitarnos: somos morbosos. Miramos para poder sentir algo, lo que sea, igual que cuando el Peri se detiene por una ambulancia o que en la Pera de Cuernavaca se acumulan las motos destrozadas. Somos mirones.
Luego, como adenda libre, estas guerras modernas sencillamente no las capto: ¿no se trata de conquistar territorio? Rusia quiere salida al mar, de manera más directa que pasando por Crimea,[6] los del golpe de estado en Níger no están buscando el bien de ningún pueblo que no sean ellos mismos, los políticos que se presentan a tanta elección “democrática”, o ya son corruptos, o luego se pierden, buscan territorio. Igual acá-allá, Hamás dice que la tierra ocupada por Israel es de Palestina, Israel dice que ni madres, que fue regalo de la Comunidad Internacional, y los palestinos opinan a veces a favor de unos, otras a favor de otros, y piden, piden toda la noche y todo el día que el próximo tiro de misiles no les caiga cerca, sin que caiga tampoco encima de otras personas que lo mismo piden y piden y pedimos.
Y el dios de todos se hace unas bolas, que para que te cuento.
Y yo pienso que, antes, en las guerras, se mataban a todos, se conquistaba un terreno y luego, en la guerra siguiente claro, se volvía a pelear por la misma tierra ensangrentada y que ahora parece que les da miedo estar realmente en guerra, chance por el qué dirán los de la Comunidad Internacional. Y pienso que esto de jugar gallo-gallina es un asco igual que lo fueron las guerras de antes, y que siguen pagando los mismos: Monsieur le président, s’il faut donner du sang, aller donner le vôtre.[7] Y no es que quiera que ya de una vez se maten todos y se den cita dentro de 32 años y medio para volver a empezar. NO. Es sencillamente que no entiendo estas guerras que parecen guerrillas, igual que no entiendo por qué Rusia nomás no termina lo que vil y espantosamente empezó contra Ucrania, no entiendo por qué algunos países platican con Israel para lo de venderle armas pero mandan ayuda humanitaria a Palestina, no entiendo, no entiendo, no entiendo. Y me pudre que la Comunidad Internacional, que son, ¿qué?, mil personas, dos mil, permita acuerdos y decisiones que afectan al punto de llegar a asesinar a los millones que somos en esta tierra.
Y me dan ganas de salir a la calle y hacer no sé qué…
A veces discuto en redes sociales porque soy busca-pleitos, diva y argüendera. Lo hago después de leer algún comentario en un sentido o en otro, como el loco del Peri que piensa que todos van en sentido contrario menos él, o después de haber abierto un video cuando sé pertinentemente cómo voy a reaccionar.
Luego, satisfecha de haber contribuido al desastre, como hoy con lo que escribo, sufro, egoístamente, porque ya tengo permiso de pensar en mí en lugar de pensar en lo que he visto o leído, tan atroz, tan atroz…
Y entonces como cuesta tanto llorar y no llorar, maldecir sin sonido y no salir a estrangular a uno que otro, pues sí, cierro los ojos porque todo esto está lejos, porque no podemos hacer nada… igual que lo hizo el mundo durante el holocausto.
Nos hemos vuelto Comunidad Internacional, honte à nous.[8]
Y te dejo la canción de Boris Vian, Le déserteur, versión subtitulada en español: https://www.youtube.com/watch?v=Ha_juj5Mz4I
Notas:
[1] No son reflexiones brutas, sólo te las paso “en bruto”, ya verás que guardas y qué tiras.
[2] No, ya no era una niña.
[3] La guerre à neuf ans, Pascal Jardin.
[4] Esos son los que me constan, igual también en otros continentes, recuerda que sólo soy especialista de mí. Aunque podría agregar a los habitantes gentiles de Polanco, CdMx, que también odian a los judíos, pero ¿por qué carajos?
[5] Me incluyo, inclusión ante todo, consciencia tranquila, puedo seguir despotricando a gusto.
[6] Que ya se anexó a la mala, memoria, memoria, recuerden que nadie dijo lo que se debía de decir cuando Alemania invadió a Polonia, ¡me-mo-ria!
[7] Señor presidente, si hay que dar sangre, vaya usted y dé la suya.
[8] No me sabe igual en español, es una onda de “que la vergüenza recaiga en nosotros”, muy bíblico, viene al caso, pero sí, la vergüenza nos aplasta.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Dibujo: Detrás de la pared. | Autora: Gwenn-Aëlle Folange Téry.

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