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De sueños y exasperación

Diálogo País / Top News / 01/07/2019

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 1 de julio de 2019

 

“Un viajero sin capacidad de observación es como un pájaro sin alas”

– Moslih Eddin Saadi

 

Bueno… ¿Y qué queda de los viajes?

Cansancio, sí, que las horas pasadas en trenes, autobuses, aviones y carros se acumulan sobre los hombros casi todas y luego tantito en la parte baja de la espalda, la que se durmió por frecuentar tantos asientos.

Alegría, cuando superas el cansancio: Fuiste y regresaste con bien, conociste, discutiste y admiraste. Te enojaste, criticaste y entendiste. O por lo menos crees que entendiste.

Melancolía, cuando la alegría deja pasar esas ideas que siempre has traído dentro de ti. Melancolía porque terminó lo que fuera que estuvieras haciendo.

Asombro mezclado de hartazgo, porque regresas a lo mismo que dejaste tiempo atrás, no entiendes porque tú cambiaste y las cosas siguen estancadas. Y luego no entiendes los cambios ocurridos en los demás, en las personas. Y más luego no sabes si hubo cambio o sólo desmadre.

Y poco a poco, terminas de regresar, de llegar.

Porque llegar no es poner el pie en casa, la cabeza en almohada propia o besar a quien tengas ganas de besar.

Llegar es volver a ocupar tu lugar. Y mira que si te fuiste mucho tiempo, el hueco que abandonaste desapareció, extrañamente, porque si lo demás no lo hizo, ¿cómo por qué sería diferente con tu lugar?

Y ya. Pasan las horas, los días, y sueñas que soñaste tu viaje. Sueñas que el aire que respiraste siempre ha sido el mismo y que los pájaros que pensabas silbaban en tu oído, trinaban en realidad, porque no… nunca te fuiste.

Hasta que oyes las noticias.

Y te entran ganas de regresarte allá dónde andabas, porque no es posible lo que se dice en ellas.

No, no te hablo de muertos, desaparecidos, atentados, balaceras, desfalcos, fraudes.

Te hablo de la otra cotidianidad.

Y entonces empiezas a comparar lo que viste y aprendiste con lo que ves y aprendes. Dejas de soñar tu sueño, el que te mantenía finalmente fuera de la realidad y se te sube la mostaza a la nariz, si estás en Europa, o buscas la dirección del rancho del presidente de la República Mexicana para mandar a todos para allá si es que andas en México.

Y luego, muy más luego, respiras lento y buscas canalizar de manera intelectual,-ajá-, tus sentimientos, esos que te revuelven las tripas.

Y escoges dos que tres ejemplos.

Y ya mejor te hablo de mí, que finalmente, la que se fue de viaje y no se halla, soy yo.

 

El agua.

Fue un deleite incomparable tener agua todo el tiempo en Francia. Es decir, sobre todo, tomar un vaso, llenarlo directamente de la llave del agua y beber. Sin sabores extraños, sin consecuencias diarreicas. Una exquisitez, una llegada al Edén.

Cuando hay sequía, se raciona, no se deben regar jardines o lavar coches. Pero hay agua para lavar platos, cocinar, bañar hijos y bañarse, y beber… beber de la llave.

En Ciudad Victoria, México, no ha habido agua en semanas. De repente caen hilitos del preciado líquido y corren todos con sus cubetas y palanganas, pero nada más. No te hablo de Ecatepec, o de Iztapalapa, que eso sería ya como masticar el mismo chicle una y otra vez, ya sabemos pues. Es Ciudad Victoria, andan a 40 o más grados diario. Y no hay agua.

 

La ecología.

No te imaginas mi desconcierto ayer al terminarme una tableta de chocolate y al tirar juntos papelito aluminio y cajita de cartón cuando llevo meses repartiendo todos mis desechos caseros en tambos especiales. Aquí en mi barrio, he visto recolección de PET, pero separación de los deshechos nada más en la CDMx. Y no encontré en línea qué pasa después con esos desechos, los de la CDMx, si tú lo sabes, ilústrame porfitas.

Sí, hay una discusión muy fuerte en Francia sobre la energía eólica. Las personas que tiene cerca de su casa un campo de hélices,-aerogeneradores-, se quejan del ruido, el zumbido constante les hace daño, dicen. Y, según los que saben, esas cosas tienen una vida útil de nada más 25 años, y todavía no se define qué se va a hacer con esos modernos dinosaurios una vez que expiren.

Acá, estamos muy preocupados por aquello de que “las gigantescas aspas […] giran para atrapar el aire de los indígenas…”, como bien nos advierte Víctor Toledo, secretario de la SEMARNAT.

Tiene razón, no vaya a ser que todo ese aire atrapado de repente alborote los sargazos y hagan quedar mal a Andrés López Obrador cuando afirma que “el sargazo no es un gran problema”. Imagino que no ha consulado con los de la SEMARNAT para saber de la falta de luz solar en las aguas cubiertas de algas – lo cual se entiende visto las cosas que dice Toledo-, pero podría acercarse a la secretaría de pesca, o a  la de turismo, que dudo que los paseantes tengan ganas de ayudar a cargar los 12 barcos que van a traer para recoger las algas… Seguro se nos van para otras playas.

 

La policía, o servicios del orden

En Francia, hay buenos y malos elementos,-recuerda lo de las habas-, pero en general se confía en los gendarmes, se les pide ayuda, y… la dan, sin cobrar, sin extorsionar. Claro, tienen estudios, sueldo digno, y sobre todo, se les reconoce que ponen su vida en riesgo todos los días al trabajar.

En México… Tal vez si se respetara el trabajo de las fuerzas del orden, habría menos historias de terror que contar. Tal vez si no se les insultara cuando piden camas, agua, cobijas, comida y ¡baños! al trabajar en la frontera con Guatemala, la situación sería diferente. Tal vez si personas como el comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño, respetara a sus compañeros, podríamos nosotros dar el salto y apreciarlos.

Y mira que a los que llamó Fifís son Federales, y mira que la Policía Federal en México no es de tanto cuento de horror como las demás, caray.

Y mira, claro, que eso de que la palabra “fifí” se haya vuelto un insulto, se lo podemos atribuir a Andrés López Obrador.

Y que muchos hicieran(¿-mos?) lo mismo con “chairos” pues nos lo podemos atribuir como saco que nos quede rebonito a todos los que hemos hecho coro en esa nueva iglesia que nos quiere cobijar.

Pero esto ya no es ecología.

Ah, se me pasaba: ¿Supiste que el diputado José Trinidad y Tobago Poot amenazó al mar? Una onda de “Si el mar nos sigue echando su sargazo, ¡nosotros le vamos a echar más plástico! Si es cierto que la naturaleza es sabia, entonces va a entender el mensaje y ¡tan tan, se acabó el problema!” ¿Lo oíste entonces?

¡Cuidado, no es cierto! Es, como dice el presidente de uno de nuestros países vecinos, una fake news, es decir no es cierto, no es cierto, no es cierto… ¡Checa siempre lo que ves en redes sociales! No te me atarantes que te necesito al pie del cañón.

Verificarlo to-do es ecología intelectual, mental y emocional.

Como el día en que te dijeron que los vieron juntos… ¿Checaste o moriste de tristeza?

¡Ah verdad…!

 

Debería de poner un apartado de “Las cosas tontas que dicen algunos”. Porque mira que en Francia, no se quedan cortos y no se vale decir que todo es México para lo de las sandeces expresadas en público.

Dijo Alain Finkielkraut, intelectual francés: “… no me apasiona [el futbol femenino], no es así como quiero ver a las mujeres”. Tons, ¿cómo las quiere ver?

¿Sabes quién dijo que “Una estación de trenes es un lugar en el que se encuentra uno con personas que tienen éxito, y con personas que no son nada…”? Pues el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Qué bonito se siente ¿no? Aunque sí me mueve mi tapetito interno, ya no sé si soy fifí o si no soy nada… Tendré que ver mis pasaportes para  averiguarlo. O dejar de tomar trenes.

Mira que el hombre ni siquiera dijo “Nadie”. Somos Nada. Nada.

 

El miedo

Hay miedo en los dos países que conozco. Pero la tesitura del sentimiento, o será emoción, tú dime, no es la misma.

En Francia, vas paseando por la calle y hay de repente bloques de cemento atravesados. Están para que no haya atentados con coches o camionetas.

O luego oyes a una nena de diez años, muy desenvuelta, decir que para regresar de la escuela,-sola-, prefiere hacerlo en autobús porque en el metro puede haber un atentado.

Y yo… cuando se quemó Notre Dame, tenía a mi hija en un tren por allá, y sólo pensé: ¡atentado, mi hijaaa!!

Es un miedo como el de acá, visceral. Pero ha de tocar otras vísceras.

En México, oyes la balacera y te alejas de las ventanas. O lloras porque un chiquito de 8 años no llegó a pasar al patio de la escuela y porque una maldita bala perdida lo encontró. O por el pequeño de dos años, baleado con su padre…

O ves imágenes aterradoras de fosas comunes, ropa desgarrada, zapatos y huesos…

O miras al presidente salir a la calle como si todavía fuera candidato nada más, y temes que algún loco lo agarre de blanco. ¿En qué piensa, caray…?

Visceral, te digo.

Tal vez uno de esos miedos sea una garra de uñas verdes y piel carcomida que te desgarra intestinos.

Y el otro una garra sin uñas, que ya se le acabaron, amarilla de pus escurriendo entre sus dedos, y que te estruje el hígado.

Miedo. Tan igual y tan diferente.

Conocí a mucha gente en Europa. Incluso me encontré a mí mismo.

– James Baldwin

 

Y así… Porque por más que intento pasar por intelectual con mis análisis, argumentos y burradas, soy puro sentimiento y por eso me confundo.

Terminó el viaje, pero vengo llena de dudas, de exasperación y perplejidad.

Porque hablé, escuché, investigué, regurgité y re-expliqué.

Comenté la vida diaria, los estudios, la comida, el racismo, el nacionalismo, la pobreza, México Francia, Francia México, México México México Francia  Francia… y Bretaña, la mía.

Crecí, cambié.

Desenterré lo que profundamente había escondido y solté amarras.

Trabajé como enajenada, me enajené de hecho, me perdí múltiples veces y creí que me había encontrado.

Pensé, que crecer significaba alejarme de quién soy, dejar cierto empaque, o ciertos ingredientes fuera del guiso y disfrutar-me.

Y resulta que después de tanto ajetreo, sigo viviendo como el sargazo: Me lleva la marea pa’delante y para atrás y no sé cuándo lleguen los doce  barcos pesqueros a aniquilarme.

¿El error? Me fui conmigo y se me olvidó dejarme atrás.

 

Es un círculo el camino

Y sólo el que va muy lejos

Puede encontrar su destino

Es decir lo que está cerca

O el lugar dónde ha partido

– Facundo Cabral, Con una flor en la mano


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Foto de interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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