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De tamales y nopalitos

Diálogo País / Top News / 04/06/2018

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 4 de junio de 2018

 

Yo soy de las que compran todo en el súper: jabón, pan, ropa, y sí, carne, frutas y verduras.

Cada quien sus ondas, ya me sé lo de la frescura y lo de los pequeños comerciantes.

Y no es que no me importe, es que así lo hago.

Digo, para explicarte porque te voy a hablar del señor de los nopales… del súper.

 

A ese señor, le ponen algo como un puestito entre la papaya y la cebolla morada. Trae delantal, muy propio, y ahí se está las horas, quitándoles las espinas a los nopales. Y claro que se antoja. El nopal. No el señor. Procuro ir bien desayunada.

Siempre lo saludo, me contesta, me sirvo, doy las gracias y me voy.

Y siempre contesta, dice que a mis órdenes, y sigue meneando su cuchillo.

Esta vez, bromeé, que no es buena idea ponerse a mis órdenes, que cuidadito con lo que pueda yo pedir, y eso. Y cuándo me fui, me deseó buen día el señor, y contesté que igualmente.

Nada del otro mundo.

 

Pues a los dos corredores de ahí, un hombre me tocó el brazo, y se plantó frente a mí, con algo raro en la mano, alargado, amarillento y sudado, en una bolsita de plástico.

Me sobresalté. Y di un paso atrás, pegadita al aceite de cártamo y de girasol.

Él no se inmutó. Habló.

Me dijo que por favor no me ofendiera, que me quería dar las gracias, – ahí fue cuando reconocí al señor de los nopales-, y que si le aceptaba un regalito. Que yo había sido muy amable, y que probara el tamal, -deduje que lo de la bolsita era un tamal de hoja de maíz-, y que le dijera luego de qué era, y si me había gustado.

Protesté, di las gracias, pero no señor, cómo cree, ¿los hace usted?, y eso.  Y lo acepté. Claro.

Porque me volvió a dar las gracias por mi amabilidad.

El tamal estuvo exquisito. No sé bien si era de zarzamora, o de maíz morado. Sabía a maíz fresco, a nixtamal molido en metate, a hervor y a gestos rudos.

Pero venía, sobre todo, acompañada de tristeza, de pesadumbre.

¿Cómo será la vida en el puesto de los nopales, en el súper, en esta ciudad enloquecida, en este país, y en este mundo, -no, no hablaré del universo, espero que esté vacío-, cómo estará esa vida que sólo por un saludo, te nazca dar las gracias y regalar lo que probablemente sea tu almuerzo…?

Claro que me lo zampé con alegría, tampoco me ahogó la tristeza. Pero, caray…

Y les pongo unas líneas escritas por una persona a la que quiero. Las quise usar, vilmente, desde que las leí. Sólo me faltaba que un señor de los nopales me diera pretexto.

Porque creo que así andamos todos, medio solos, medio acalorados, medio tristes, medio hasta la madre, medio, miedo, medio, miedo…

 

Trueque [1]

                                   Cambio líneas rectas o quebradas por mosaicos policromos

                                   Cambio horas de trabajo por segundos de disfrute

                                  Cambio malestares físicos por poemas

                                  Cambio daltonismo por dislexia

                                  Cambio luto por vida


[1] Texto de María Guadalupe Martínez Bernal,  en su libro Lupario-Síntomas de Ciudad

* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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2 Comentarios

el 04/06/2018

!Excelente Gween!. Hiciste que se me antojara un tamalito. Y sí… es verdad, que a veces un sólo gesto de amabilidad es suficiente para cambiar el oscuro semblante de la tristeza. !Abrazos!

el 05/06/2018

Verdad que sí Jack?, sólo con una mirada cambiamos el mundo por un ratito.



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