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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 26 de abril de 2021
L’espoir a les yeux brillants
(La esperanza tiene los ojos brillantes)
– Michel Bouthot
Las vacunas.
Las del covid.
Del corona 19.
Ésas.
Hasta hace unos días no eran para mí más que números, (a nivel mundial), acumulación de datos contradictorios, (a nivel mundial), pruebas de que los humanos no somos solidarios, (a nivel mundial).
Videos, memes, listas, miedos, esperanzas, marcas.
Y de repente, a mi mamá le dieron cita para la segunda dosis.
La acompañé yo, por azares del destino. La primera vez fue uno de mis hermanos, llevado por el mismo destino azaroso y no me supo igual la verdad.
Porque una cosa es una cosa y otra es estar y ver y sentir y oír.
Una cosa es que te manden fotos y otra checar que la jeringa sí venga cargada. Y tampoco es lo mismo que te platiquen que hubo bailes a ver a una señora flaquita y chaparrita levantarse a acompañar a la animadora oficial, escuchar a la cantante de ópera (89.9% segura de que no fue playback) y checar que mi mamá no se sienta ni mal ni rara ni nada de eso.

¿Mis sorpresas?
Éramos un mundo de gente, Sábado Distrito Federal, y no hubo cola, nos iban dirigiendo, medio manu militari, pero todos muy amables, mamita por acá, madrecita cuidado por allá, qué guapas viene las dos (mi mamá y yo, obvio) y no hubo embotellamiento en ningún lado.
El solazo no se sintió, carpas por todos lados, agüita para quien quisiera, distribuyeron una manzana roja y una barra de amaranto a todos, hasta para los acompañantes.

Sillas: al empezar, en medio, frente a las vacunas, después. Un montón de sillas. Parecía Instituto de Nutrición en CdMx.
Ejercicios para manos y piernas mientras esperábamos, onda avión de lujo, sonrisas, una persona vestida de verde cada dos metros, te lo juro, cada dos metros, para señalarnos el camino, la silla, el papel, tomar datos, escuchar, sonreír, sonreír y sonreír. Tan amables, no obsequiosos, realmente amables, conscientes de la importancia de su labor, todos.
Sí, la siguiente sorpresa me caló, y me tardé en sacudir las imágenes, televisivas, de mi mente: ya de salida, esperamos en una inmensa cancha de peloteo, (¿Squash? ¿Tenis?), enrejada y sentí a la Migra encima de nosotros.

Saqué fotos, muchas. Pensando en ti, en enseñarte lo que estábamos viviendo.
Me sentí parte de la Historia, así, con mayúscula.
Ya sé, siempre lo somos, desde el momento en el que opinamos, o queremos, odiamos o deseamos. Desde el momento en el que hacemos grandes cosas, pero más cuando hacemos las pequeñas. Desde el momento en el que nos desaparecen, o nos encuentran.

Pero eso sentí, en ese preciso momento. ¿Para qué te digo que no si sí?
Tuve ganas de llorar. No lo hice, porque se me cebó, algo me interrumpió.
Tuve ganas de cantar. Tampoco lo hice, no me sabía el aria de la ópera que nos tocó.
Tuve ganas de bailar. Y sí, me di mi voltereta, a mi vestido le voló la parte de abajo, y me detuve porque mi mamá no bailaba.
Sentí esperanza, creo.
De que esto no es para siempre.
O se acaba o me muero antes, pero para siempre no es.

* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imágenes de portada e interiores: Marc y Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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