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ÚLTIMO PISO
Gwenn-AËlle Folange Téry*
Lunes 15 de octubre de 2018
Tal vez lo que te diga resuma lo que he dicho otros días.
Tal vez, al contrario, lo desmiembre, lo explote y denuncie mi fraude.
Emigrar, inmigrar, huir, establecerse, conquistar, anular, integrarse, gruñir, sonreír.
Todas facetas de lo que como seres Humanos hemos hecho: trashumar.
Y nuestra sobrevivencia se debe, claro, a nuestra capacidad de adaptación, pero también a la fuerza de nuestras raíces, de nuestra raza.
Desde la primera comida en casa de los posibles suegros: vigilas cómo te sientas, dónde, observas si se sirve uno o si sirve el ama de casa. Trajiste flores o postre, o nada si sigues siendo adolescente. Aceptas lo que te digan, lo que te hagan, los nervios no te permiten enderezarte. Luego creces, y si sigues con la misma familia política y es necesario, empiezas a poner límites, resurges, regresa quien eres.
Quien eres, no quien eras. Todo cambia, todo pasa, se transforma, trasmuta, se desliza hacia ti y tú, te deslizas hacia ese nuevo ser que empiezas a amar.
Tus raíces te portan, te llevan, te alimentan. Tú pones hojas y frutos, a veces.
Igual en los países nuevos, o en la colonia de al lado. Intentas por todos los medios ser aceptado, conservando tu identidad. A veces se logra, otras no.
Y por eso el día de la Raza se llama como se llama.
Porque Galia, Iberia y otros no se transformaron en Roma: cada pueblo conservó y desarrolló su identidad.
Porque Túnez dejó atrás a Francia.
Porque India no es Inglaterra, aunque Gandhi tuviera que hablar inglés a veces.
Y por eso aquí, en México, se puede celebrar.
América Latina no se convirtió ni en España ni en Portugal.
Se transformó, sí, trasmutó y se deslizó, sin perder jamás sus raíces. Se habla español y portugués, pero también maya, quechua, otomí, totonacú.
Es día de la Raza Profunda que lleva cada Humano en su ser, no recuerdo de conquistas y descubrimientos.
Es día de “Yo soy quien soy por mi pasado, por mis raíces, por mi decisión eterna de seguir vivo”.
Es día de “Yo soy uno conmigo mismo”, sin etiquetas, sólo con historia, polvo de la tierra de mis padres pegado a mis pies, tierra de mis ancestros lejanos nutriendo el maíz que me llevo a la boca, nutriendo también la vid que produce el vino que tanto aprecio. Soy resultado de miles de batallas, de sangre vertida y de soles resplandecientes. Soy resultado de mis batallas, de mi sangre, de mis soles.
Soy.
Y te pongo este escrito. No es de hoy ni de ayer, es eterno. Es orgullo por mi compadre, quién siendo español, llegó a México, se adaptó, creció, trasmutó y se deslizó.
Nunca perdió su esencia profunda, sólo la enriqueció.
Mi Compadre Toño
Va caminando, sin esfuerzo
Tras él, apoyo mi bastón, luego mis pies
Empedrado, escalones anchos, tierrita y pasto renuente a morir
El camino sigue la cuesta del cerro
Subimos, interminablemente
Sigo a mi compadre, Antonio Rodríguez Cardizalez
Va hablando, discurriendo, enseñando
Se detiene un poco, me espera
Arena, toros, torre, historia, historia, historia
El hombre emana saber, transpira hechos y chascarrillos
Hijo de españoles, de los que huyeron de Franco
Mexicano hasta la médula
Aunque su tonadita al hablar denote su origen
Me enseña Tlaxcala, en todo su esplendor, desde lo alto
Me la regala, cada detalle es verídico
Cada palabra pincelada impresionista
Llegamos a la pila de bautismo, la de los Señores de antaño
Mirada triste, palabras escogidas, pausadas
“Aquí fue donde perdimos ante los conquistadores
Aquí empezó el resquebrajamiento de la defensa”
Salimos, el sol deslumbra, la tristeza parece desvanecerse
Y lo miro
Hombre de ancha espalda, de mirada franca, penetrante
Alto y decidido
El orgullo de ser mexicano lo eleva muy por encima de mí
Toño, mi compadre, irradia entendimiento y amor por México
Su país
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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