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De una sociedad disciplinaria a una sociedad autoexplotada

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SOMOSMASS99

 

José Antonio Bueno Saucillo*

Miércoles 20 de enero de 2021

 

Brillante sociología.

Los elementos que aquí se retoman no son aislados, tampoco son la conclusión de los estudios de Michel Foucault y Byung Chul Han. Los resultados que se ofrecen en cuanto a la evolución de la sociedad humana no son cuestiones de partículas que coinciden o se separan, no son conclusiones, son pasos que hacen camino junto con la sociedad, ente vivo.

Indudablemente, la observación, prospección e interpretación que han realizado y registrado estos notables personajes nos son útiles para comprender las conductas sociales que reincidentemente son para muchos de nosotros incomprensibles.

Michael Foucault llega a la conclusión de que la sociedad mundial del siglo veinte, fundamentalmente, puede considerarse como una sociedad disciplinaria, emblematizada por imágenes tangibles de edificaciones de instituciones coercitivas basadas en una ideología de negación, de no puedes, no debes, no te resultará, no tienes presente, cuidado no… la primera instancia para obligar, persuadir a alguien para alcanzar ciertas metas, es el aspecto directo de ejercer presión sobre la voluntad, física, presencialmente.

Las instituciones referidas por Michael Foucault usando la arquitectura como ejemplo, guardan en su estructura interna y operación social toda la estrategia del sistema económico predominante y de la dinámica internacional de expansión económica/política.

Por eso nos es algo común la coerción bajo ese sistema; aunque en la actualidad, a pesar de las estrategias de suavidad y la anestesia electrónica, la embriaguez de la transparencia, la sociedad común, el grueso, comienza a percatarse que suavemente le han venido poniendo grilletes psicológicos mimetizados de libertad.

Bien, eso es lo que expone el maestro Foucault, esa es parte de la dinámica social y prácticamente el eje principal de la vida humana en el siglo veinte.

La disciplina para seguir adelante.

Ese panorama de edificios amenazantes, imponentes cárceles, monumentales centros de estudios, torres financieras de corporativos, fábricas enormes, cuarteles, uniformes, grandes gimnasios, monumentos colosales que empequeñecen al hombre, es un vestigio que aún  funciona como coerción y nos pone en camino al estadio que nos ofrece Byung Chul Han a través de su análisis en la Sociedad del Cansancio.

No desaparece del todo el modelo descrito por Foucault, es una vereda que sirve en la preparación del nuevo sujeto, el sujeto del rendimiento, del autoexplotado, del autoformado para producir hasta el cansancio, hasta la inmolación.

Foucault, así pues, nos brinda el eslabón anterior a nuestro presente, el poder político y el modo de producción que condicionan la conducta social bajo una disciplina bio-política y económica.

Byung Chul Han, en sus importantes ensayos sociológicos (La Sociedad del rendimiento, La Sociedad de la transparencia, La Sociedad del cansancio, La Agonía del Eros, En el enjambre y otros), advierte que el rostro de la nueva modalidad de capitalismo ha creado caminando a «su nuevo hombre», el hombre que se autoexplota creyendo que ejerce su libertad, convencido de que es libre para elegir ser mejor, para tener más, para ser más que los demás e iniciar una carrera desaforada hacia la «prosperidad».

Este nuevo hombre ocupado por excelencia en la meta que se ha creado bajo el impulso del proyecto capitalista, que le ha convencido de que aparentemente es más que todo, libre, que puede todo.

Mientras que el maestro Foucault sostiene que en esa sociedad disciplinaria, la vigilancia restrictiva hacia la población es emblematizada por un faro panóptico desde donde todo se ve como en un reclusorio, donde la vigilancia es física, Byung Chul sostiene que esa vigilancia ha dejado de ser biopolítica (bio) para ser psicopolítica (psico) mediante las redes sociales; además, la primera tiene límites, mientras que la segunda no.

Chul Han manifiesta, además, que compañías como Facebook y Google representan ahora al panóptico digital en donde se diseñan las nuevas estrategias de control social atendiendo a la correspondencia que los mismos usuarios proporcionan creyendo que es un ejercicio de libertad.  De esta manera el capitalismo como sistema económico tiene en cada habitante del mundo una fuente de información para que las grandes empresas del mercado diseñen sus estrategias de producción, distribución y consumo.

Bajo el lema de «sí se puede, si tú quieres», los seres humanos actualmente se autoexplotan al máximo, cubren objetivos hasta el agotamiento, de esta manera creen que se realizan exitosamente como personas.

Ahí uno de los grandes detalles: «como personas» dejan de manejar el concepto de colectividad, enajenados en sus propósitos inducidos, olvidan paulatinamente que son elementos sociales y omiten sus deberes para con los demás, de esta manera son más vulnerables solos que en comunidad.

En su afán prefabricado de éxito concebido falsamente como ejercicio de la libertad, predisponen a su cuerpo con drogas mimetizadas como medicamentos para rendir más y en infinidad de casos para fugarse hacia su paraíso de éxito.

Bien, antes tenías al vigilante físico, el que te obligaba estaba ahí para asegurarse de que rindieras, cumplieras con tu obligación… ahora tú te obligas.

El vigilante sigue ahí, pero ya no en una torreta, en un escritorio enorme, con un látigo en la mano… ahora está  en tu bolsillo, en tu recámara,  en tu muñeca, en tu sala, en tu caminadora, en el auto, en la zona donde te cobran en las tiendas… y tú lo alimentas.

El vigía es omnipresente, sin importar la clase social y latitud mundial.

Facebook es un confidente público en aras de la transparencia, tú mismo le ofreces toda tu intimidad «porque eres muy libre y dueño de ti».

Habremos de reconocer la valía de estos filósofos por su contribución para que podamos comprender de qué maneras somos, hemos sido, explotados a través del tiempo y que las sociedades llevan el sello de sus miembros.

Si nos permitimos en algunos momentos de lucidez, cordura temporal, y si nos dejan un poco de tiempo Facebook y Google, debemos considerar que es necesario aprender, atrevernos a poner límites, incluso a nosotros mismos, y ojalá esto no nos haga caer en la angustia de que nos estamos autotraicionando.

Valdría la pena, casualmente, que revisemos las nuevas condiciones que WhatsApp está imponiendo a sus usuarios para que sigan usando esa aplicación, debido a las acciones que está poniendo en práctica para la integración total de la información con Facebook.

Es sólo una muestra del poder que esas empresas tienen sobre nosotros.

Somos sus cautivos.

Partamos por ahora con una reflexión simple pero muy profunda, colmada de sentido común y verdad, del congruente y ejemplar expresidente uruguayo José Mujica Cordano:

«No compras con plata. Compras con el tiempo de tu vida que gastas para conseguirla».


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

[email protected]

Foto de portada: Bruce Mars (@brucemars) / Unsplash.






Luis López




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