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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 8 de junio de 2020
«Para participar en el torneo negro del humor es indispensable haber salido victorioso de numerosas eliminatorias. El humor negro tiene demasiadas fronteras: la tontería, la ironía escéptica, la broma sin gravedad… (la enumeración sería larga), pero, sobre todo, es el enemigo mortal del sentimentalismo con aire perpetuamente acorralado –el eterno sentimentalismo sobre fondo azul– y de una cierta fantasía de corto vuelo, que se toma demasiado a menudo por poesía, persiste vanamente en querer someter el espíritu a sus caducos artificios, y que no dispone ya de mucho tiempo para alzar sobre el sol, entre las demás semillas de adormidera, su cabeza de grulla coronada».
– André Breton, Antología del humor negro.
Su lema de vida siempre fue “Estar a la vanguardia”.
Trátese de ropa, maquillajes, comidas, lugares preferidos o ideas políticas. Hasta en lo de tener esposo o pareja o concubinato o lo que fuera.
Entonces, cuando lo del confinamiento, en los años 20, aprendió a usar Zoom de volada, Facebook Life no tenía secretos para ella y las videollamadas eran su hit.
Publicó fotos de la comida que preparaba, hasta que todos lo hicieron y abandonó la idea. Publicó frases transcendentales hasta que todos lo hicieron y dejó de hacerlo. Chistes negros, imágenes de la virgen, de todo.
Y fue de las primeras en transmitir un velorio en vivo.
Avisó de la hora, pidió que todos los asistentes virtuales tuvieran cafecito a la mano, pañuelos y zapatos cómodos. Precisó que estar vestido de negro no era opción, vamos ni de blanco, eso ya era una idea antigua, es más que cada quién se vistiera sólo si quería.
No habría lloronas de oficio, ni misa, porque el muerto no era creyente de ninguna religión. Tampoco ataúd, que los velorios de cuerpo presente se habían prohibido. Y por primera vez en su vida se veía forzada a obedecer.
Habría retransmisión en vivo, pese a lo irónico del nombre. El mole, los cigarritos y el tequila serían para otro día.
Eso sí, a todos abrazó, si a Toño le dio taquicardia nomás por el apretón contra el escote pronunciado que ella escogió mostrar ese día.
El momento esperado llegó, se prepararon todos para entrar al crematorio con ella y con su celular.
Las espesas paredes de cemento cortaron la señal.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imagen de portada: Pixabay.
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