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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 11 de marzo de 2019
Fíjate que aquí en Francia se hace seguido lo que en México se conoce como venta de garaje, sólo que a nivel ciudad. Al evento se le llama Vide-greniers, Vacía-desvanes. La gente, como tú y yo, mira qué no usa, ropa, zapatos, collares, cacerolas, libros, etc., y pone su puestito. Todo es así como regalado. El punto es sacar cosas de las casas. Igual que en México, pero son un montón de puestitos por las calles.
Acabo de ir a uno. Medio decepcionante porque, como es invierno y hace frío, lo hicieron en un lugar cerrado en el que no había tantos puestos como los que he visto en verano, cuando cubren varias calles. Y medio más decepcionante porque no hubo nada que me gustara y quedara. Sólo unos aretes en forma de pescado abultado, pero de clip, y esas cosas me lastiman.
El lugar en el que se llevó a cabo, el salón de eventos del pueblo, está retiradito, casi una hora caminando. Y para mí tantito más porque voy pajareando y sacando fotos. De las casas sí, pero sobre todo de la vegetación. Hay muchas flores que no conocía, son las que viven de febrero a mayo vamos a decir, hermosas, de formas y colores llamativos.
Pasé cerca de una, morada, color profundo, y centro peludito. La miré de cerca, me gustó. Pero decidí no sacarle foto porque el viento le movía los pétalos, no se le iba a ver el corazón.
A los tres pasos, pensando en “la flor despeinada”, me paré en seco.
Ya tenía yo en la cabeza qué escribir para el día de la mujer. Y justamente, no sacarle foto a la flor, por su apariencia no-tan-estética, iba en contra de lo que quiero decir, y repetir ad vitam aeternam, o séase hasta que me canse yo primero.

Te dije, hace dos semanas, que ando experimentando. Que no es un experimento que vaya a cambiar al mundo, pero que sí tiene su chistecito.
En el tiempo que llevo fuera de México, no me he depilado ni las piernas ni las axilas.
Uno, porque el mareado no vino, y sí, cuando lo hago es para que sus manos se deslicen sobre mí de cierta manera. La que a él le gusta y a mí, también.
Dos, porque ando entre vientos, nubarrones y hasta tormentas, olvídate de la faldita y de los tops estilo Acapulco o CDMx ahorita.
Tres, porque me purga depilarme, -duele-, rasurarme, -me llevo la piel dos de tres veces-, y ver que al día siguiente, los pelos, vellos, raíces de vida primitiva, vuelven a asomar su cabecita.
Y cuatro, porque me pudren los prejuicios velludos hacia las mujeres en general y luego, hacia las francesas en particular.
Abro paréntesis: (Quería poner vellico en lugar de velludo, y resulta que es el nombre de una tribu de origen celta y claro, no me sirvió. Pero las raíces nunca andan muy lejos, ¿sí o sí?)
Sí, en Francia hay mujeres que no se arrancan los vellos de la axila. Y no, no son todas. Y sí, se ve raro desde México. Y no, acá no hay bronca.
Y por otro lado, hay hombres en Francia que llevan bigote, como los hay en México. Y pocas bigotonas, sólo recuerdo a una de mis abuelas, rasurándose una vez a la semana. Qué triste es no poder jugar con barba y bigote propio, ¿verdad?
¿Yo por qué acostumbro desaparecer el vello de mis chamorritos con tanto empeño?
Porque me gustan más mi piernas sin pelambre. ¿Pero por qué me gustan más así? ¿Emana ese gusto de mi cerebro de manera innata o exuda, al contrario, del mismo cerebro porque la sociedad en la que vivo ahí lo labró?
Tuve una amiga. Francesa. Vivía en México. Dos culturas entonces, chocando entre sí. Entonces se rasuraba las axilas tantito. Para que no fuera mucho pelo, México, y para que se viera natural, Francia.
Otra, mexicana, que se decoloraba los pelillos de las piernas, que porque a la pareja le gustaba tocarlos pero a ella no le gustaba verlos. Se divorció, mucho tiempo después y no he tenido la ocasión de preguntarle por sus costumbres depilatorias.
Sociedad, sociedad, sociedad. Ideas concebidas por otros, marcadas a fuego en nuestras mentes.
Y más si eres mujer.
Porque los hombres no necesitan depilarse. Lo hacen unos, creo mucho más en estos últimos años, por moda, porque lo escogen así, espero. Digo espero, porque igual esa onda se les va a grabar en el cerebro y les va a pasar lo que a nosotras, van a usar zapatos incómodos, blusas transparentes y llevar mil espejos en la cartera. La cual será especialmente cosida a mano en los talleres de China para poder llevarlos sin que se rompan, que son 7 años de mala suerte.
¿Se trata de reducir la parte animal en nosotras/nosotros?
¿De cultivar lo liso y terso contra lo áspero y apergaminado?
¿Las mujeres deben ser lisitas por todos lados, incluyendo orificios, para ser más bonitas?
¿Y deben ser bonitas para gustar y entonces claro ser queridas y protegidas?
Mi experimento no es dejar crecer mi pelaje y ya.
Es medir su crecimiento.
La medición se lleva a cabo con un metro de costurera, delgadito y flexible. De manera manual y completamente personal.
Segunda semana: 6 mm
Cuarta semana: 9 mm
Sexta, o séase hoy: 1 cm
Claro que es un promedio, no todos crecieron igual. Unos están comprimido por calcetines y calentadores, -frío, viento y eso-, y otros son libres como el mismo viento y frío y eso.
No he terminado, me faltan varias semanas acá.
Pero se empieza a vislumbrar que el crecimiento no es lineal, sino exponencial, y el exponente va, gradualmente, disminuyendo.
¡Ja! ¡Logré explicarlo!
Tal vez un día logre encontrar cuáles exponentes son, pero soy sólo una mujer, y además, con una mente de pelos…
Bretaña Francesa. Marzo de 2019.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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