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Alfonso Díaz Rey*

Viernes 15 de septiembre de 2017

«La lucha ideológica contra las diversas corrientes

burguesas no es una opción; sin el triunfo sobre estas

ideologías en el movimiento obrero no hay revolución».

V.I. Lenin

Recientemente y a raíz de la conformación del llamado Frente Ciudadano por México, integrado por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), la senadora y presidenta nacional del PRD, Alejandra Barrales Magdaleno, expresó: «La gente no come ideología, lo que le preocupa es tener empleo y salario digno, acceso a la salud, que haya más seguridad, poder circular sin temor por las carreteras o que sus hijos puedan ir a la escuela, entre otras cosas».

Cuando, casi desde su aparición, la realidad mandó a la basura las tesis acerca del fin de la historia, de la lucha de clases y de las ideologías, la señora Barrales rescata a Fukuyama y con una declaración en la que intenta justificar la unión de su partido (que se dice de izquierda) con uno de la derecha (que desde su fundación representa los intereses de los sectores burgueses antinacionales más reaccionarios) y otro de creación más reciente (que navega a dos aguas, en espera de encontrar aliados u oportunidades que le permitan sobrevivir), reafirma la inexistencia de la lucha de clases y el triunfo irreversible de la ideología burguesa.

Quizá no entienda que la preocupación ─y ocupación─ de la gente por empleo y salario dignos, salud, seguridad, educación y también por comer, es una de las causas que originan la lucha de clases, lucha que tiene un sustento teórico e ideológico diferente y opuesto al de los que viven del trabajo de otros y disfrutan de altísimos ingresos con los que compran salud, seguridad, educación y mucha comida.

El planteamiento de la dirigente del PRD representa una posición ideológica que pretende inmovilizar a una parte considerable de la ciudadanía que está inconforme con el actual estado de cosas y reclama cambios profundos en este país. Su argumento central es «sacar al PRI de Los Pinos», como si el PRD y el PAN no fueran lo mismo (firmaron el Pacto por México con el PRI y el Verde Ecologista).

Intentan, entre otras cosas, presentar al PRI como el enemigo a vencer para que se solucionen los problemas del país; con ello ocultan al verdadero enemigo: el capital monopolista financiero e industrial y a su representante en carne y hueso: la oligarquía local e internacional.

Como el actual estado de cosas permite a las cúpulas de esos partidos disponer de jugosos ingresos por su acceso a cargos públicos y participación en actos de corrupción, que en no pocos casos son fuente de riqueza mal habida, tratan a toda costa de mantener las condiciones que les aseguren ese estilo de vida.

Históricamente, en las sociedades divididas en clases, la clase dominante impone su ideología a las dominadas, condición esencial para mantener y reproducir las condiciones que le dan el poder. Cuando los de abajo, los dominados, se despojan de la influencia de la ideología dominante y adquieren una propia que explica la realidad en que viven, empiezan las dificultades para la clase en el poder y surge la posibilidad de un cambio.

Esa posibilidad de cambio, que ya es un reclamo generalizado en el pueblo mexicano, alimentada por la incapacidad, la corrupción y la impunidad en todos los niveles del gobierno y del Estado y el descrédito del sistema político y económico en general, es lo que tratan de evitar con las alianzas entre los defensores del sistema y la imposición de su ideología.

Para ello, por todos los medios posibles intentan presentarse como la única opción para hacer funcionar un sistema que la realidad se encarga cotidianamente de demostrar que es el mayor obstáculo para el desarrollo de los pueblos. Y, a priori, descalifican y atacan cualquier opción que atente contra sus intereses y los de la clase que representan.

Una muestra clara y reciente es la propaganda de los «logros» del gobierno de Peña Nieto y el llamado a continuar por el camino trazado por los neoliberales. Esa propaganda y la que impulsa al consumismo o exalta estilos de vida que se sustentan en valores altamente cuestionables, son parte del arsenal ideológico con el que la clase dominante constantemente bombardea la mente de la población. Y quienes creen o adoptan esas ideas son presas fáciles de dominar.

De ahí la importancia de la lucha ideológica. En la medida que seamos capaces de explicarnos una realidad que nos es adversa, de descubrir las causas que la originan y enfrentar esa explicación a la ideología dominante, iremos avanzando hacia la solución de nuestros problemas y hacia la construcción de una patria unida, libre y soberana.


* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía de Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: De izquierda a derecha, Ricardo Anaya (PAN), Alejandra Barrales (PRD) y Dante Delgado (MC). | Foto: Saúl López / Cuartoscuro.






Luis López




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